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Duna: Parte Dos | Reseña

Después de que su familia fuera masacrada bajo la orden de el Emperador y la Casa Harkonnen, Paul Atreides y su madre Jessica se encuentran bajo el refugio de los Fremen en la profundidad del desierto de Arrakis. Paul comienza su entrenamiento para convertirse en un Fremen con la ayuda de Stilgar y Chani, de quien pronto se enamora y se convierte en su conexión con esta gente. Mientras más Paul avanza en su entrenamiento y se une a las batallas de los Fremen contra los Harkonnen, estos se convencen más de que él es el Lisan al-Gaib, el elegido para liberar a los Fremen, idea que es esparcida por Jessica ahora convertida en Madre Reverenda. Cuando las fuerzas de los Harkonnen, las Bene Gesserit y el Emperador amenazan con no dejar rastro de los Fremen, Paul deberá decidir si puede crear su propio destino o si tendrá que seguir el camino que marcan sus visiones.

La novela Dune de Frank Herbert se ha declarado como inadaptable, intentos se han hecho con resultados desde lo desastroso a lo poco agradable. Tenía que llegar alguien como Denis Villeneuve para hacernos creer que era posible llevar el universo, los personajes, las ideas y el discurso de la obra de Herbert a la pantalla grande sin comprometer su esencia, con su primera entrega aún con unos cuantos cambios nos hizo creer que sí. Pero eso era la primera parte, la historia no estaba terminada y después de un par de años de espera, ya se estrenó Duna: Parte Dos, con la que Villeneuve concreta el arco de Paul Atreides, ¿Logró hacerlo respetando el material? ¿Es una adaptación lograda? Esa y muchas más preguntas estaban al aire y ya tienen respuesta, para nuestra fortuna, la mayoría de ellas son positivas.

Mucho se ha dicho de la gran escala de Duna: Parte Dos, se le ha comparado con grandes clásicos del cine desde El Imperio Contraataca hasta la trilogía de El Señor de los Anillos de Peter Jackson, comparaciones que no son en lo absoluto exageradas, sin embargo el mejor grupo con el que se le puede emparejar es el del renacimiento del blockbuster autoral y clásico que nos ha traído joyas que hemos elogiado constantemente en este medio como Avatar: El Camino del Agua de James Cameron, Top Gun: Maverick de Joseph Kosinski, Misión Imposible: Sentencia Mortal de Christopher McQuarrie, ambas de Tom Cruise, The Batman de Matt Reeves y por supuesto la más reciente, Oppenheimer de Christopher Nolan quien es una influencia directa para Villeneuve. Legendary y Warner Bros. prácticamente dieron rienda suelta a Villeneuve para llevar a cabo su visión exactamente como él quería y para lograrlo él se rodeó de algunas de las personas más talentosas de la industria que podían comprender lo que por tantos años el director ha deseado llevar a la pantalla grande.

Desde colaboradores del resto de su filmografía como el diseñador de producción de Patrice Vermette y decoradora de sets Zsuzsanna Sipos, la diseñadora de vestuario Jacqueline West, el diseñador de maquillaje y peinado Donald Mowat, quienes fueron ganadores (excepto West) del Oscar por su trabajo en la primera entrega de Duna no mantienen el nivel de su trabajo, sino que elevan todo lo ya hecho para expandir nuestro conocimiento sobre el universo de Dune, lugares de Arrakis que no conocíamos al igual que de otros mundos como Geidi Prime. Su trabajo es lo que causa la inmersión de la audiencia en la película, sin embargo la pieza central de estos aspectos técnicos es que son capturados por la monumental e innovadora fotografía de Greig Fraser que también es acompañada por la ceremoniosa música de Hans Zimmer.

Se podría hablar por horas de la proeza técnica de Duna: Parte Dos y si bien esta película nutre su estilo bastante de estos aspectos eso no significa que es lo único que la sostiene. ¿Es Dune una novela inadaptable entonces? No, pero sí es bastante complicado reducir una obra tan rica en contenido en un par de películas, ni siquiera con la amplia duración en conjunto de casi seis horas ha sido suficiente para abarcar todo lo que Herbert escribió. Desde la primera entrega, Villeneuve y su compañero guionista Jon Spaiths tomaron decisiones arriesgadas sobre que elementos hacer un lado para reducir la historia a sus puntos más importantes con los que aún se pueda mantener la esencia y el discurso de la novela. Para llegar a ese punto, con la segunda parte es evidente que Villeneuve decidió enfocarse en la historia de amor entre sus dos protagonistas, Paul Atreides y Chani, y ahora que ya están juntos en pantalla por mucho más tiempo por fin podemos sentir la conexión que comparten estos personajes y como esta se encuentra en el centro del arco de Paul.

Entre todos los dilemas políticos, sociales, religiosos, militares que se tocan en la transformación de Paul, Villeneuve decide redirigirlo a un punto más accesible para todos en la audiencia, lo resume en un conflicto amoroso que se enfrenta a un contexto hostil, una relación que debe sobrevivir a los intereses personales de quienes rodean a la pareja, que de ella depende el destino de miles de millones de personas. Quienes cargan con la mayor parte del peso de este frente son Timothée Chalamet y Zendaya, él es carismático de una manera sencilla, sin embargo en su desarrollo se convierte poco a poco en una presencia temible, una actuación para Chalamet que depende mucho de la expresión de su cuerpo. Mientras que Zendaya brilla por la forma en que va abriendo la vulnerabilidad de Chani hacia Paul y el público, siendo ella quien se convierte en la perspectiva principal de la historia y con sus expresiones silenciosas pone a la audiencia en su lugar.

La química entre ellos hace de este romance algo palpable, se siente el enamoramiento y nos hace sufrir el quiebre de corazón en el clímax al ver como el desarrollo de Paul toma un rumbo siniestro que se siente como una traición o como algo inevitable según la forma que cada quien haya percibido la historia. Pero no solo en Chalamet y Zendaya podemos ver reflejos de esta transformación, pues los personajes que les acompañan también son de suma importancia por cada uno perseguir sus intereses como había mencionado, de ahí salen grandes actuaciones por parte de Dave Bautista, Josh Brolin, Stellan Skarsgård, Léa Seydoux, Javier Bardem, Charlotte Rampling y Florence Pugh. Cada vez que la cámara está frente a ellos se convierten en el mejor actor de la cinta, sin embargo las actuaciones realmente sobresalientes son Austin Butler como Feyd-Rautha y Rebecca Ferguson como Jessica, de muy diferentes maneras cada uno se impone con su presencia maligna.

Con todos estos cambios y un cambio de enfoque en cuanto a la perspectiva de la trama, Villeneuve mantiene completamente intacto el arco de Paul y los temas que engloba, Duna permanece siendo la misma advertencia de Frank Herbert sobre los líderes carismáticos que se aprovechan de la precariedad y la esperanza de grupos vulnerables para su beneficio personal. Una enseñanza que al día de hoy sigue vigente y si Villeneuve de verdad ha logrado su objetivo, entonces esta será fácil de comprender y tendrá un impacto en la audiencia. El conjunto de los aspectos técnicos y el modo en que Villeneuve ha adaptado la novela de Herbert es lo que crea la magnífica experiencia cinematográfica de la que tanto se ha hablado, cada imagen, cada acción, tiene una fuerte carga emocional y el público es capaz de sentirlo de una forma que le llegará al alma porque Duna: Parte Dos no es un simple espectáculo, es casi una experiencia religiosa.


Título original: Dune: Part Two
Dirección: Denis Villeneuve
Guión: Denis Villeneuve y John Spaiths
Elenco: Timothée Chalamet, Zendaya, Rebecca Ferguson, Josh Brolin, Austin Butler, Florence Pugh, Dave Bautista, Christopher Walken, Léa Seydoux, Stellan Skarsgård, Charlotte Rampling y Javier Bardem

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