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Reseña | Cónclave

Cada cierto tiempo la Iglesia Católica recibe un nuevo Papa. De entre cientos de cardinales del mundo, se debe escoger a uno que no solo será la cabeza de la institución a nivel mundial, sino que es la conexión entre Dios y sus seguidores. ¿Cuál es el proceso para escoger a este hombre? Y aún más importante ¿Qué valores debe representar este hombre ante el mundo? ¿Se puede ser el líder religioso más importante del mundo si se han cometido pecados? Eso es lo que Cónclave de Edward Berger que es una de las favoritas en esta temporada de premios y que llega a cines este fin de semana.

El Papa ha fallecido repentinamente y queda en manos del Cardinal Decano Lawrence llevar el liderazgo del cónclave para encontrar a su sucesor. El colegio cardenalicio se encuentra dividido entre los seguidores de los cardenales que se postulan para el puesto, Belini, Adeyemi, Tremblay y Tedesco; cada uno con ideas diferentes para el futuro de la Iglesia. Contra su voluntad y ante su falta de fe, Lawrence tendrá que asegurarse de llevar a cabo el proceso de elección serenamente, sin embargo pronto se dará cuenta que los candidatos están cegados por su ambición y que están jugando suciamente con tal de deshacerse de sus contrincantes y convertirse en el sumo pontífice. Lawrence tendrá que decidir entre exponer a los candidatos, lo cual abriría paso a tener un Papa de ideales extremistas, o callar sobre lo que sucede, lo que llevaría a que haya un Papa de moral corrupta.

Si crees que una película sobre el proceso de elección del Papa no suena a algo muy emocionante desde este momento te pido que dejes atrás ese prejuicio porque te perderías de una gran experiencia. En un inicio, Cónclave lleva una atmósfera fría al mostrarnos como Lawrence y el resto de los personajes tienen que lidiar con la pérdida de su mentor, amigo y líder mientras que tienen que poner en marcha la búsqueda de su sucesor. El tiempo de luto se acaba rápidamente, aunque su peso permanece el resto de la cinta, y el cineasta nos mete de lleno en el cónclave. Nos presenta como funciona el proceso paso por paso y la tensión comienza a incrementarse cuando ya podemos entenderlo, sin embargo los verdaderos riesgos en la trama no aparecen hasta que empezamos a conocer de cerca a los principales candidatos.  

Es ahí donde Cónclave ya no se trata de una examinación metódica de la elección, ni de los presagios políticos que propone, sino en explorar a estos personajes que si bien se supone que están mucho más cerca de Dios, no dejan de ser humanos como cualquiera de nosotros. La película empieza a tomar el vuelo porque Berger no trata la situación principal en la trama como un suceso de gran relevancia social, política y religiosa, sino como un evento mundano en el que las personas involucradas sacan su lado más mezquino, sus verdaderas caras y relucen su carencia de ciertos valores. Así la audiencia también deja de ver la situación como algo más grande de lo que es y la emoción que obtiene es más parecida a la de cuando se está escuchando un chisme bastante entrañable. Cada revelación en Cónclave nos hace pensar menos en las implicaciones políticas si alguno de estos hombres se convirtiera en el Papa y más en lo patéticos que se vuelven al ser confrontados con las consecuencias de sus decisiones, del pasado y presente. 

Y es que si bien Cónclave toca temas de gran relevancia en este clima sociopolítico (fue escrita hace casi una década y la situación no ha cambiado mucho), estos no son el punto al que Berger quiere llegar con esta cinta. Cada día la situación mundial parece más complicada y es difícil no caer en el pesimismo, parece que las personas buenas nunca han existido y por eso es más difícil encontrar héroes en quien confiar, en pocas palabras estamos perdiendo la fe. ¿Cómo la recuperamos? Independientemente de la religión, Cónclave nos muestra que la búsqueda por figuras moralmente puras es fútil, nadie lo es, lo ha sido, ni lo será; no por nada Jesús nos dijo que el que esté libre de pecado, que lance la primera piedra. Tal vez una vez que lo aceptemos encontraremos el camino de nuevo a la fe.

El trabajo de Berger en la dirección es fuerte por la forma en que arma tensión a través de imágenes serenas y por el despliegue de humor entre el estoicismo. Sin embargo lo que verdaderamente sostiene a la película es su impresionante elenco. Ralph Fiennes pone en uso todo su rango al interpretar al Decano Lawrence, ya que debe de mantener una compostura formal a la vez que dejar mostrar la frustración, ansiedad y angustia que persigue a su personaje. A él lo acompañan Stanley Tucci, encantador como siempre, John Lithgow, Lucian Msmati y Sergio Castellito siendo despreciables cada uno a su propia manera. Aunque es Isabella Rossellini quien tiene un momento en el que se vuelve la gran sensación de la cinta, después de estar merodeando en el fondo. Carlos Diehz también tiene su momento, pero es mejor no decir mucho al respecto porque este es crucial para la película. 

Cónclave no es la película que uno se es esperaría al escuchar de que se trata y por es quizá una de las mejores sorpresas en el cine del año pasado. Tampoco es una película hecha con la intención de atraer premios hacia ella, sin embargo es probable que en su camino en esta temporada se consiga unas cuantas nominaciones y las tendría bien merecidas, y si no, sería una verdadera lástima. Haciendo eso a un lado, Cónclave es una experiencia tensa y curiosamente divertida que, repito, no hay que dejar pasar porque necesitamos más de este tipo de películas de mediano presupuesto que pueden entretener a cualquiera que le de la oportunidad. Y de paso llevarse una pequeña lección sobre no perder la esperanza en estos tiempos tan difíciles. 

Título original: Conclave
Dirección: Edward Berger
Guión: Peter Straughan
Elenco: Ralph Fiennes, Stanley Tucci, John Lithgow, Sergio Castellito, Lucian Msmati, Carlos Diezh e Isabella Rossellini

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