Bluetooth se llama así por un rey vikingo del siglo X
El nombre y el símbolo de Bluetooth esconden las iniciales de un rey vikingo del siglo X.
Bluetooth se llama así por un rey vikingo del siglo X
Una tecnología pensada para conectar aparatos terminó llevando el apodo de Harald “Bluetooth” Gormsson. Hasta el símbolo que vemos todos los días esconde sus iniciales en runas.
El problema era reemplazar cables entre dispositivos
A comienzos de los noventa, conectar aparatos electrónicos significaba convivir con cables, puertos y estándares que no siempre hablaban el mismo idioma. En Ericsson, el ingeniero Jaap Haartsen comenzó a trabajar en una solución de radio de corto alcance.
Haartsen se había incorporado a Ericsson en 1991 y, después de trasladarse a la división de teléfonos móviles de Lund, Suecia, recibió la tarea de encontrar una conexión inalámbrica de corto alcance que pudiera añadir nuevas funciones a los teléfonos. En 1994 empezó a formular el sistema que terminaría convirtiéndose en Bluetooth.
La idea de fondo era sencilla de explicar y complicada de ejecutar: permitir que distintos tipos de dispositivos intercambiaran información sin depender de un cable físico. Aquel problema técnico terminaría necesitando también un estándar compartido entre compañías.

La tecnología apareció antes que el nombre
Bluetooth todavía no se llamaba Bluetooth. El trabajo de ingeniería avanzaba mientras Ericsson buscaba una manera de conectar aparatos de forma inalámbrica a corta distancia. El siguiente reto era conseguir que esa idea pudiera convivir con productos de diferentes fabricantes.
Ahí entraron las conversaciones de estandarización entre empresas. Y, de una manera bastante improbable, también entró un rey vikingo que había muerto casi mil años antes.
Un rey vikingo entra a una reunión de tecnología
En 1996, representantes de Intel, Ericsson y Nokia se reunieron para planear la estandarización de esta tecnología de radio de corto alcance. Durante esas conversaciones, Jim Kardach, de Intel, propuso “Bluetooth” como nombre provisional.
La referencia era Harald “Bluetooth” Gormsson. La comparación le servía a Kardach para explicar la ambición del proyecto: Harald era recordado por haber unido territorios escandinavos; ellos querían unir las industrias de las computadoras y los teléfonos mediante una misma conexión inalámbrica.
El nombre funcionaba como código interno mientras marketing encontraba algo más tecnológico. El detalle curioso es que nunca llegó ese reemplazo.
El símbolo de Bluetooth son las iniciales de Harald
El logotipo combina dos runas del Futhark joven: Hagall y Bjarkan. Juntas forman una bind rune que representa las iniciales H y B de Harald Bluetooth.
La próxima vez que el icono aparezca en el tablero de un automóvil, una computadora o unos audífonos, el pequeño símbolo azul estará cargando una referencia a un monarca danés del siglo X.

Quién fue realmente Harald Bluetooth
La gran piedra rúnica de Jelling fue levantada por Harald alrededor del año 965 en memoria de sus padres, Gorm y Thyra. Su inscripción atribuye al rey haber obtenido Dinamarca y Noruega y haber hecho cristianos a los daneses.
El Museo Nacional de Dinamarca suele describir la piedra como una especie de “acta de nacimiento” del país porque allí aparece el nombre de Dinamarca y porque funciona como evidencia material de la transición religiosa de aquella época.
La historia oficial de la marca Bluetooth añade otra pieza pintoresca: explica que el apodo del rey procedía de un diente muerto de tono azul grisáceo. Es la explicación adoptada por Bluetooth SIG para contar el origen del nombre, aunque conviene distinguirla de los hechos que sí quedaron literalmente tallados en piedra.

Bluetooth iba a desaparecer antes del lanzamiento
Cuando llegó el momento de elegir un nombre definitivo, Bluetooth seguía considerado un placeholder. Las opciones serias eran PAN, por Personal Area Networking, y RadioWire.
PAN llevaba ventaja, hasta que una búsqueda mostró que el término ya aparecía decenas de miles de veces en internet. RadioWire tampoco pudo completar a tiempo el proceso de revisión de marca. Con el lanzamiento acercándose, el nombre provisional era la opción disponible.
Bluetooth sobrevivió por una mezcla de oportunidad, necesidad y falta de tiempo. Después se difundió tan rápido dentro de la industria que cambiarlo dejó de tener sentido.
El estándar necesitaba conectar productos de compañías distintas. El nombre elegido evocaba a un rey asociado con la unión de territorios. Y el logotipo permitió convertir esa referencia histórica en un símbolo compacto que todavía reconocemos sin leer una sola palabra.
La historia tecnológica está llena de siglas impecablemente calculadas. Bluetooth llegó por un camino más humano: una referencia histórica usada durante una reunión, un nombre que debía durar poco y una decisión que terminó acompañando a la tecnología durante décadas.
