Las mariposas pueden probar una planta simplemente parándose sobre ella
Sus patas detectan señales químicas que ayudan a elegir alimento y plantas para sus huevos.
Sus patas tienen receptores químicos capaces de detectar información de la superficie sobre la que se posan. Para muchas hembras, ese pequeño contacto puede ayudar a decidir dónde dejar la siguiente generación.
Cuando vemos una mariposa detenerse sobre una hoja solemos leer la escena como una pausa. Para el insecto puede estar ocurriendo algo bastante más útil: sus patas están recogiendo señales químicas del lugar donde acaba de aterrizar.
El Smithsonian lo resume con una frase que parece hecha para una trivia y, sin embargo, describe una adaptación muy concreta: las mariposas pueden “probar” con las patas. En sus extremidades tienen estructuras sensoriales que responden a sustancias químicas y les permiten obtener información sin necesidad de llevar la superficie hasta la boca.
Las patas también son órganos sensoriales
En distintos grupos de mariposas existen quimiorreceptores en las patas, especialmente en las secciones que entran en contacto directo con hojas, flores y otras superficies. Estos receptores funcionan como una vía adicional para reconocer compuestos químicos del entorno.
Eso importa durante la alimentación, pero también durante la reproducción. En muchas especies, una hembra no coloca sus huevos en la primera hoja que encuentra. Se posa, inspecciona y puede golpear suavemente la superficie con las patas antes de decidir si esa planta resulta adecuada.

El gesto puede parecer casi mecánico, pero la decisión tiene consecuencias. Una oruga recién nacida no cuenta con el margen de maniobra de un adulto alado: depende de encontrar alimento prácticamente donde comenzó su vida.
Elegir la planta correcta puede ser cuestión de supervivencia
Muchas orugas están adaptadas a plantas huésped específicas. El Museo Nacional de Historia Natural del Smithsonian pone como ejemplo a la monarca y el algodoncillo, y explica que mariposas y polillas dependen de las plantas durante distintas etapas de su ciclo de vida.
Por eso la selección del sitio para poner huevos no es un detalle menor. La hembra necesita reconocer señales asociadas con una planta que sus larvas puedan consumir. El contacto de las patas forma parte de ese proceso de evaluación junto con otros sentidos, como la vista y el olfato.

Una relación química entre plantas e insectos
La historia se vuelve más interesante cuando dejamos de mirar a la mariposa por separado. Plantas e insectos llevan millones de años ejerciendo presión evolutiva unos sobre otros. Las plantas producen defensas físicas y químicas; los insectos desarrollan maneras de reconocerlas, evitarlas o incluso aprovecharlas.
En el caso de Heliconius, investigadores del Smithsonian Tropical Research Institute trabajan con mariposas que depositan sus huevos en Passiflora. Cuando las larvas nacen, se alimentan de esas plantas y procesan compuestos químicos que terminan formando parte de sus propias defensas.
Lo que para nosotros parece una mariposa inmóvil sobre una hoja puede ser, en realidad, una lectura rápida del paisaje químico. Unas cuantas patas sobre una planta bastan para recopilar información que ayudará a decidir dónde comer, qué evitar y, en muchas especies, dónde conviene comenzar la siguiente etapa del ciclo de vida.
