‘La Guerra de los Últimos’ es una historia que se pierde en el fin del mundo
Aunque posee algunos grandes aciertos, La Guerra de los Últimos es un producto torpemente construido.
El cine apocalíptico es uno que ha estado presente desde hace años, y en la actualidad ha visto su regreso con propuestas como las nuevas entregas de 28 Years Later o incluso en la televisión con la adaptación de The Last of Us. En ambos casos retratan la caída de la humanidad desde historias de escala pequeña y un sentido más íntimo.
Y es bajo este escenario, que Ridley Scott llega con La Guerra de los Últimos (o The Dog Stars por su título en inglés), adaptación de la novela de Peter Heller, la cual sigue a cuatro sobrevivientes de una pandemia que arrasó con el mundo, y a su paso abordar temas como la pérdida, el amor y la familia. A pesar de que Scott parece estar ligado a proyectos de una escala épica, también se ha sumado a proyectos en donde explora más la mente de su protagonista como en The Martian.
Con el historial que el director ha tenido en el cine de ciencia ficción, podríamos pensar que este proyecto promete convertirse en algo memorable, ¿cierto? Por desgracia, aunque el potencial existe, y en realidad, La Guerra de los Últimos es entretenida, también dista de ser una de sus mejores producciones.

El mayor problema recae en su engorrosa estructura narrativa; es una cinta que de alguna manera sabe lo que quiere expresar, pero, por desgracia no sabe la manera de retratarlo. El resultado es una película de la cual no sabes exactamente el rumbo que tomará: una historia de supervivencia, una historia de aventuras, un western. La Guerra de los Últimos es todo eso, y de por medio ofrece actuaciones sólidas y una fotografía bien lograda, pero todo bajo un rompecabezas cuyas piezas nunca logran cohesionarse.
La historia principal sigue a Hig (Jacob Elordi), un piloto de una avioneta que ha perdido a su esposa y para hacerle frente al duelo, vaga con su perro Jasper por el mundo, recogiendo objetos de un Denver en ruinas y regresando a un complejo de montañas en donde comparten refugio con un exmarine llamado Bangley (Josh Brolin).
Un día, en un viaje rumbo a un punto llamado Grand Junction, la avioneta de Hig se ve averiada, y al aterrizar para arreglarla, se encuentra con más sobrevivientes: una chica llamada Cima (Margaret Qualley) y su padre Pops (Guy Pearce), los cuales viven en una granja y poco a poco abren el paso para el misterioso forastero.

Aunque los elementos están presentes para construir una historia memorable y llena de momentos emocionantes, el problema recae en el guion de Mark L. Smith (Twisters), el cual sólo se enfoca en tocar la superficie de los temas que la película quiere explorar, pero nunca se atreve a ir más allá. Hay distintas facciones antagónicas, pero nunca conocemos sus motivaciones, sólo están para dificultar el camino de Hig y sus historias son un misterio para el espectador; sabemos que Hig está lidiando con el dolor de perder a su esposa, pero la película no hace algo más por explorar diferentes ángulos de su forma de vivir la vida y los personajes de Cima y Pops, aunque tienen matices interesantes, son víctimas de un desarrollo apresurado.
Por desgracia, Jacob Elordi tampoco cuenta con el mejor material para explotar sus habilidades histriónicas; previamente ha demostrado su capacidad como actor en diferentes proyectos como Frankenstein, Euphoria o Priscilla, pero, en La Guerra de los Últimos se nota incómodo en su papel. Se ve natural realizando ciertas acciones, pero la exploración interna nunca termina por encajar dentro de la naturaleza de la película.
El reparto secundario también queda un tanto desigual. Margaret Qualley ha demostrado su talento en historias complejas, ya sean de mayor o menor escala, y en este filme, aunque se nos habla de que también ha sufrido, no termina por ser aprovechada del todo y su relación con Hig es algo más apresurada. Josh Brolin lo hace bien, aunque no es que su personaje le requiera una mayor exploración en comparación a Qualley y Elordi, pero he de admitir que su presencia trae entretenimiento a la película. Guy Pearce también hace lo mejor que puede con el material y ofrece algunos matices interesantes.

La fotografía de Erik Messerschmidt es posiblemente lo mejor de la película, lejos de estar poblada con escenarios desérticos y lúgubres La Guerra de los Últimos deleita al espectador con montañas verdes e imponentes, desoladas. De alguna forma, la narrativa visual de la película consigue transmitir mejor la sensación de libertad y soledad que la historia falla en representar. Todo nos recuerda que el mundo estaba aquí antes que nosotros, y seguirá existiendo después de nosotros.
Aunque su primera mitad tiene un pacing que puede resultar un tanto abrumador para el espectador, a partir de la segunda mitad, la película tiene un ritmo que, aunque tropezado, te mantendrá atento a lo que sucede en la pantalla y al llegar al tercer acto encontrarás un acertado mensaje acerca de dejar la obsesión por el pasado a un lado para poder avanzar hacia el futuro.
Por desgracia, aunque posee algunos grandes aciertos, La Guerra de los Últimos es un producto que se siente torpemente construido; no es una mala película, perse, pero cuando te encuentras con piezas inconexas que te dejan preguntando ¿hacía dónde va la historia? Solo para que esta se resuelva de manera brusca en sus últimos minutos, termina por dejar una sensación de decepción; busca complacer a distintos públicos, pero no termina por ser lo suficientemente buena para complacer a alguno. Aún así, como una opción palomera, puede ser una buena opción.

