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Soy muy joven para decir que esta ha sido la peor de las 93 entregas de los Oscares, lo que sí puedo asegurar es que esta ha sido por mucho la peor de los años recientes. Si bien la calidad de los premios de la Academia ya venía en declive desde hace varios años, aún cabían esperanzas para creer que estaban aprendiendo de sus errores y que para futuras ceremonias, realizarían cambios que reavivarían el interés de los espectadores. Posiblemente sería la última entrega de premios de cine durante la pandemia, por lo tanto había una oportunidad de innovar y cerrar la temporada con broche de oro. Tanto potencial y lo único que recibimos es el último clavo en la tumba de los Oscares.

Quizá los productores de la ceremonia de los Oscares, incluyendo el cineasta Steven Soderbergh, sabían que el interés a los Oscares se está desvaneciendo entre el público común, ya sea por que las películas no atrajeron su atención o simplemente no les importa, por lo que recurrieron a organizar una ceremonia que por lo menos se sintiera un poco fresca. ¿Cómo? Reestructurando la entrega de los premios, quitar los clips de las películas y presentaciones especiales con tal de abrir más espacio para los discursos de los ganadores.

En teoría esto no suena mal, pero en la práctica resultó en una ceremonia solemne que más que para los espectadores en casa, parecía hecha únicamente para las personas presentes. Este fue el menor de sus problemas, pues la reorganización tenía un propósito, que la entrega terminara con la categoría de Mejor Actor, pues existía la posibilidad de que Chadwick Boseman se llevara el premio y quien sabe, su familia podía decir un emotivo discurso en su honor.

¿Qué sucedió? Anthony Hopkins se llevó el premio, no le era posible estar presente en la ceremonia, por lo que solicitó que se le permitiera unirse a través de Zoom, petición que fue rechazada por la Academia, así que se anunció su triunfo y sin más ni menos, los créditos corrieron y el evento terminó. Creo que los miembros la Academia no tenían ninguna obligación de premiar a Boseman solo por honrar su memoria, si escogieron a Hopkins es porque, honestamente, se lo merecía.

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La producción de la ceremonia es aparte, así que los votantes no tenían ni idea de la organización, esta cuestión es culpa de los productores que quisieron crear expectativa al rededor del probable triunfo de Boseman, totalmente conscientes de que podía o no suceder. Lucrar con la muerte prematura de una persona es un acto deplorable, y me atrevo a decir que es mucho peor cuando se trata de una persona afroamericana, pues en el clima político de los Estados Unidos, usar una tragedia que impactó a la comunidad afroamericana como el acto estelar de un espectáculo, es casi como retroceder en el tiempo.

¿Qué pensaron que sucedería? ¿Que la gente sintonizaría el evento solo para ver si Chadwick Boseman se llevaría el premio? Quizá no tomaron en cuenta que a la gente no le parece que el Oscar es un símbolo de validación que reforzaría el legado de Boseman, o que simplemente no verían un evento de casi cuatro horas solo para ver el final cuando se podrían enterar en redes sociales. ¿De verdad creyeron que funcionaría? Uno de los productores cuyo nombre ni siquiera me molestaré en mencionar, aseguró que fue un riesgo con buenos resultados. ¿Cuáles resultados? ¿Los Oscares menos vistos de la historia? Esta gente ciertamente vive en otro mundo.

Que esto haya sucedido me dice que la Academia está tan desesperada que haría lo que sea con tal de volver a ser relevante como lo fue hace décadas, cuando el público tal vez sí creía que los Oscares eran una métrica valida para decidir lo mejor del cine. Esos tiempos en los que la gente no conocía los festivales de Cannes, Berlín, Venecia, TorontoSundance, aquí mismo en México, Los Cabos, Morelia, Guadalajara, además de premios como los Independant Spirits, entre otros que se han vuelto la verdadera métrica de lo mejor del cine en cada año. Los Oscares únicamente han existido para darle un último reconocimiento a casi esas mismas películas, pero un reconocimiento que los mismos realizadores han perdido el entusiasmo de recibir, por lo tanto es cada vez más y más inútil.

Por eso los Oscares están agonizando, sus días están contados y es razonable que no soporten la idea de desaparecer, pero después de ver esta ceremonia creo que lo correcto sería que la gente siga haciendo lo que ya viene haciendo desde hace tiempo, ignorarlos. Aún no somos capaces de hacerlo totalmente, pues aquí me tienen hablando de ellos, sin embargo es lo mejor. Los Oscares necesitan, por su propio bien, desaparecer.

 

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