Reseña | “Wish, el Poder de los Deseos”, el centenario que Disney no merecía

Reseña | “Wish, el Poder de los Deseos”, el centenario que Disney no merecía

Reseña | Wish, el Poder de los Deseos.

Esta reseña es una colaboración con Paola Castillo.

En el centenario de un legado que ha encantado a generaciones enteras, Disney nos invita a un viaje mágico con su más reciente producción: «Wish: el Poder de los Deseos«, filme en el que se explora, literalmente, el poder de los deseos, y da varios guiños a otros proyectos de la compañía a lo largo de los años, conmemorando así su trayectoria.

La película se desarrolla en el reino de «Rosas«, creado por el hechicero Magnífico, quien se entrenó en la magia para proteger a su pueblo en contra del mal del mundo y, al mismo tiempo, los deseos de sus corazones para evitar que éstos se vieran corrompidos por la maldad, bajo la promesa de que se los cumpliría cuando llegara el momento justo.

Así, sus súbditos esperan a cumplir 18 años para entregarle su deseo al rey con la esperanza de que, en algún momento de su existencia, lo puedan ver concedido. En este contexto, una joven de 17 años, de nombre Asha, busca convertirse en aprendiz de Magnífico, esperando así poder servir al reinado que tanto ama.

Sin embargo, las cosas se tornan oscuras en el encuentro entre estos personajes cuando ella es admitida al lugar donde él resguarda los deseos, descubriendo que la gente los olvida una vez que se los entrega al Rey, y tras una discusión, el mago le dice a la joven que no cumplirá el deseo de su abuelo, quien ese mismo día cumplió 100 años, por considerarlo peligroso para la gente.

Tras conocer la verdad del destino de los deseos, y sin ser consciente de cómo lo hizo, Asha pide su propio deseo a las estrellas, haciendo que una de ellas caiga del cielo y le muestre su magia. Magnífico, al sentir el poder emanando de la estrella, pone al pueblo en alerta para buscar al responsable, y busca ayuda en un libro oscuro de hechizos para contrarrestar los encantamientos del ente celeste.

Así, Asha se ve inmersa en una carrera contra el tiempo, en la que buscará la manera de liberar los deseos de la gente y, al mismo tiempo, proteger a la estrella, a su familia y amigos, y a todos los moradores del reino de la maldad y ambición que terminó por consumir a su Rey.

Aunque la historia pueda sonar impactante de buenas a primeras, desafortunadamente su ejecución hizo que se sintiera bastante plana, y no muy diferente a varios de los primeros filmes de Disney, los cuales, de una forma u otra, se terminan resolviendo con el “poder de los deseos” y un deus ex machina que actúa en favor de los protagonistas.

Esta película, en lugar de sentirse como algo innovador, se vuelve un retroceso en comparación con las últimas grandes producciones del estudio, como Moana, cuya protagonista encuentra el valor en sí misma para enfrentarse a una deidad en aras de salvar a su gente; o Encanto, con un argumento que versa sobre los traumas generacionales.

Y el estilo de animación, que si bien es distinto a lo antes presentado por “la casa del ratón”, no termina de ser satisfactorio: cuenta con un background en 2D con personajes modelados en 3D, en una mezcla que recuerda mucho a filmes recientes como Spider-Man: a Través del Spider Verse y Tortugas Ninja: Caos Mutante, el cual no le funcionó a Disney debido a que el estudio lo hizo parecer muy incompleto: una ejecución monocromática entre azules y morados, con unos cuantos toques de color aquí y allá y personajes que se ven planos en lugar de tener esa vibra impactante de cintas predecesoras.

Y luego está la banda sonora. Todos sabemos que un filme animado de Disney casi siempre es musical, y realmente no hay algo malo en ello siempre y cuando las canciones realmente se sientan como un personaje más de la historia o una parte importante de la misma, y no como mero relleno, como en esta ocasión.

Cuando menos, la mitad de las canciones de “Wish” están para rellenar escenas, y no tienen una justificación real para la trama. ¿En serio tenían que poner a cantar al bosque y a las criaturas a las que la estrella les fue dando voz y personalidad simplemente para demostrar su magia? Y lo peor es que estas melodías son tan sosas y poco creativas que ni siquiera se quedan en tu corazón como sí lo hicieron las que formaron parte de filmes actuales como Frozen o Encanto, y clásicos como Mulán, Hércules y La Sirenita.

No todo está mal con el largometraje, también debemos aclarar: tiene momentos bastante divertidos y disfrutables con la familia, y el personaje de la estrella es tan tierno que compite mucho con otros tan queridos de la industria como Baymax, Stitch, o el pequeño Mike Wazowski en las escenas iniciales de “Monsters University”.

Se nota que la cinta está hecha para los niños, pero es una lástima que se haya considerado como “EL EVENTO” cinematográfico que marcó los 100 años de una empresa con la que todos hemos crecido y a la cual le agradecemos muchos recuerdos increíbles. En ese sentido, no sólo decepciona porque se quedó demasiado corta, sino que también causa una enorme tristeza porque parece que a los actuales directivos de Disney no les importa seguir con el legado de su fundador.

Ojalá que la baja taquilla de la cinta ayude a que el estudio replantee sus actuales decisiones, y empiecen a entregarnos productos memorables que su público fiel bien merece.

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