Por qué una aurora puede ser verde, roja, azul o rosa
El color de una aurora revela qué gas brilló y a qué altura ocurrió la colisión.

Por qué una aurora puede ser verde, roja, azul o rosa
El cielo cambia de color según qué gas recibió energía, a qué altura ocurrió la interacción y cuánta energía llevaron las partículas que llegaron desde el entorno espacial.
Una aurora puede parecer una cortina verde que se mueve sobre el horizonte, una mancha roja visible desde cientos de kilómetros o una franja rosa pegada a la parte baja del resplandor. La diferencia no es decorativa. Cada color contiene información sobre lo que está ocurriendo en la atmósfera.
NASA explica que las auroras aparecen cuando partículas energéticas transfieren energía a átomos y moléculas de la atmósfera superior. Cuando esos gases liberan esa energía, emiten luz. El color depende principalmente del gas involucrado y de la altura en la que ocurre la interacción.
El color empieza mucho antes de que miremos al cielo
El Sol libera de forma continua un flujo de partículas cargadas conocido como viento solar. Al llegar a la Tierra, ese flujo interactúa con la magnetosfera, la región dominada por el campo magnético terrestre. Parte de la energía puede acumularse y liberarse después, enviando partículas hacia las regiones polares y la atmósfera superior.
Allí comienzan las colisiones que terminamos viendo como auroras. NOAA lo describe de forma bastante directa: partículas energéticas interactúan con oxígeno y nitrógeno, excitan esos átomos y moléculas y, cuando vuelven a un estado de menor energía, liberan fotones.
Una tormenta solar intensa puede aumentar el fenómeno y extender la zona donde se observan auroras, pero el mecanismo básico sigue siendo el mismo: partículas, campo magnético, atmósfera y luz.
Verde
Oxígeno · 100–200 km. Es el color auroral más común y suele dominar las cortinas que asociamos con las luces del norte.
Rojo
Oxígeno · por encima de 200 km. Se forma más arriba y puede ser el componente más visible desde latitudes alejadas de las regiones polares.
Azul
Nitrógeno · 100–200 km. Es menos frecuente a simple vista y suele aparecer mezclado con otros tonos.
Rosa
Nitrógeno · por debajo de 100 km. Puede aparecer como un borde rojizo, púrpura o rosa en las zonas inferiores de una aurora.
Por qué el verde domina tantas fotografías de auroras
NASA sitúa la emisión verde del oxígeno aproximadamente entre 100 y 200 kilómetros sobre la superficie terrestre. Es la combinación de gas, densidad atmosférica y energía que produce el tono que más fácilmente reconocemos como aurora.
El mismo oxígeno puede emitir rojo cuando la interacción ocurre a mayor altura. Ahí la atmósfera es mucho menos densa y el proceso de emisión puede completar una transición diferente antes de que otras colisiones interfieran.

El rojo puede viajar más lejos hasta nuestros ojos
Las emisiones rojas aparecen por encima de unos 200 kilómetros. Esa altura importa también para el observador. Un resplandor generado tan arriba puede sobresalir sobre el horizonte y seguir siendo visible a grandes distancias, incluso cuando la parte verde de la aurora permanece fuera de la línea de visión.
Por eso una tormenta geomagnética observada desde una región poco acostumbrada a las auroras puede presentarse como un resplandor rojizo y no como las cortinas verdes que dominan muchas fotografías tomadas cerca del Ártico.

Azul y rosa aparecen cuando la energía llega más abajo
El nitrógeno aporta buena parte de los azules, púrpuras y rosas. NASA ubica el azul aproximadamente entre 100 y 200 kilómetros, mientras que el rosa aparece en regiones inferiores a unos 100 kilómetros.
Estas emisiones suelen mezclarse visualmente con el verde o el rojo del oxígeno. El resultado puede ser una franja magenta en la base de una cortina verde, zonas violetas o incluso regiones que la cámara registra con una saturación que el ojo humano percibe de forma mucho más tenue.
Una aurora funciona como un mapa vertical de la atmósfera
Rojo arriba, verde en una región intermedia y rosa en las capas inferiores. No siempre veremos las cuatro bandas perfectamente separadas, pero la física permite leer el color como una pista sobre composición y altitud.

Una aurora tampoco está obligada a respetar cuatro tonos
La atmósfera no funciona como una paleta con compartimentos separados. Varias emisiones pueden coincidir en la misma línea de visión y mezclarse para producir amarillos, violetas, rosas más intensos o zonas que parecen casi blancas.
La cámara complica todavía más nuestra percepción. Una exposición larga puede acumular luz débil que el ojo humano apenas distingue, por eso algunas fotografías revelan colores mucho más saturados que los que alguien vio a simple vista en el mismo lugar.
La próxima vez que una aurora cambie del verde al rojo o deje una franja rosa en su borde inferior, ese cambio puede leerse como algo bastante concreto: estamos viendo distintos gases liberar energía a distintas alturas sobre la Tierra. El espectáculo parece abstracto, pero su color lleva escrita una pequeña radiografía de la atmósfera.
Fuentes
Formación de auroras, colores, composición atmosférica y rangos de altitud.
Relación entre color, gases atmosféricos y visibilidad de las auroras rojas desde latitudes más bajas.
Interacción entre partículas solares, campo magnético terrestre y gases de la atmósfera.
Explicación del papel del viento solar, la magnetosfera, los electrones y las colisiones en la atmósfera superior.
