27 de agosto de 2026
Astronautas Luca Parmitano y Chris Cassidy durante un experimento de ultrasonido espinal en la Estación Espacial Internacional
CienciaMicrogravedadFisiología espacial

En el espacio, los astronautas pueden crecer hasta 3% de estatura

La microgravedad reduce la compresión habitual sobre la columna vertebral. El cambio puede sumar varios centímetros a la estatura de un astronauta durante una misión.

El cuerpo humano está acostumbrado a pasar cada día bajo la gravedad terrestre. La columna sostiene peso, conserva sus curvaturas naturales y permanece sometida a una compresión constante. Cuando un astronauta entra en microgravedad, parte de esas fuerzas desaparece.

NASA explica que la columna puede enderezarse y alargarse en órbita, provocando un aumento temporal de estatura de hasta 3%. Para una persona de 1.80 metros, el cambio máximo rondaría los cinco centímetros.

La columna deja de cargar el mismo peso

El crecimiento no proviene de huesos que se vuelven más largos. Lo que cambia es la geometría de la columna. Sin la misma carga axial que existe al estar de pie en la Tierra, los discos intervertebrales y las curvaturas vertebrales se comportan de manera distinta.

NASA ha documentado que el aumento puede ocurrir rápidamente durante los primeros días de una misión y después estabilizarse. El fenómeno forma parte de un conjunto de adaptaciones fisiológicas que aparecen cuando el cuerpo deja de trabajar contra la gravedad de manera continua.

Thomas Pesquet durante el experimento GRIP en la Estación Espacial Internacional
Thomas Pesquet trabaja en el experimento GRIP, dedicado a estudiar cómo cambia el control del movimiento humano en microgravedad. Imagen: NASA, dominio público.

Unos centímetros extra también son un problema de ingeniería

Ese cambio temporal importa porque una nave espacial se diseña alrededor de cuerpos con dimensiones concretas. La altura sentado, la posición de hombros y ojos, el alcance de brazos y piernas y el ajuste de los sistemas de sujeción forman parte de la ergonomía de una misión.

NASA ha estudiado la elongación espinal precisamente para entender cómo puede alterar la postura dentro de vehículos y hábitats. En un espacio donde cada centímetro cuenta, un cuerpo ligeramente distinto al medido en tierra obliga a considerar márgenes suficientes para asientos, interfaces, trajes y zonas de trabajo.

Astronauta trabajando dentro de la Estación Espacial Internacional en microgravedad
El trabajo cotidiano en órbita ocurre en espacios diseñados alrededor de la movilidad y dimensiones del cuerpo humano. Imagen: NASA, dominio público.

La estatura vuelve a la normalidad al regresar

El efecto no convierte a los astronautas en personas permanentemente más altas. Cuando regresan a la Tierra y vuelven a estar expuestos a la gravedad, la columna recupera gradualmente su compresión habitual y la estatura se aproxima otra vez a los valores previos al vuelo.

Al mismo tiempo ocurren otros cambios bastante menos simpáticos. NASA estima que, durante misiones de cuatro a seis meses, algunos huesos que normalmente soportan peso pueden perder en promedio entre 1% y 1.5% de densidad mineral por mes si no se aplican contramedidas adecuadas.

La paradoja orbital: un astronauta puede ser temporalmente más alto mientras su sistema musculoesquelético está trabajando menos contra la gravedad. Ganar centímetros no significa ganar estructura.

El cuerpo también forma parte de la nave

La microgravedad cambia fluidos, músculos, huesos y orientación espacial, pero incluso algo tan cotidiano como la estatura obliga a pensar la exploración desde la ingeniería humana. Un asiento, un traje o una estación de trabajo tienen que seguir funcionando cuando el usuario ya no mide exactamente lo mismo que en tierra.

En órbita, hasta crecer unos centímetros puede convertirse en una especificación de diseño.

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