Los cartuchos de Nintendo Switch saben horrible a propósito
Nintendo recubrió sus pequeños cartuchos con una sustancia tan amarga que funciona como disuasor.

El sabor amargo de las pequeñas tarjetas de juego no es un accidente de fabricación. Nintendo las recubre con benzoato de denatonio, un compuesto pensado para provocar rechazo inmediato.
Durante los primeros días de Nintendo Switch hubo una escena extraña que se repitió entre periodistas y jugadores: alguien descubría que los cartuchos tenían un sabor espantoso y, como suele pasar en internet, otras personas decidían comprobarlo por sí mismas.
La rareza tenía una explicación bastante práctica. Nintendo confirma en su soporte que las tarjetas de juego de Switch están recubiertas con benzoato de denatonio, una sustancia de sabor intensamente amargo. La compañía también señala que el recubrimiento utilizado no es dañino para la salud.
Un cartucho pequeño necesitaba una barrera muy simple
Las tarjetas de Switch son mucho más pequeñas que los viejos cartuchos de sobremesa de Nintendo. Esa reducción facilita transportarlas, pero también convierte al objeto en algo que podría terminar accidentalmente en la boca de un niño.
Cuando la consola llegó al mercado en 2017, Nintendo explicó que el agente amargo había sido aplicado precisamente como medida contra la ingestión accidental. La solución es curiosa porque no depende de electrónica adicional, sensores ni mecanismos físicos: utiliza el gusto como una barrera de seguridad.

Qué es el benzoato de denatonio
El benzoato de denatonio lleva décadas utilizándose como agente aversivo. Su función consiste en volver extremadamente desagradable el sabor de una sustancia o producto, de manera que la persona tienda a rechazarlo antes de seguir ingiriéndolo.
La literatura científica ha estudiado este efecto desde hace años. Una revisión publicada en 1993 describió al denatonio como extremadamente amargo incluso en concentraciones muy pequeñas y analizó su uso como disuasor frente a la ingestión accidental de distintas sustancias.

Diseñar también significa anticipar usos absurdos
Un cartucho tiene que almacenar datos, soportar manipulación, entrar correctamente en su ranura y sobrevivir a años de uso. Pero un producto físico también convive con comportamientos que sus diseñadores preferirían que nunca ocurrieran.
En este caso, la respuesta fue deliberadamente desagradable. El recubrimiento no mejora el rendimiento de la consola ni protege los datos almacenados. Su trabajo empieza cuando alguien utiliza el cartucho de una manera para la que jamás fue diseñado.
Nintendo pasó décadas recordándonos que no debíamos soplar los cartuchos. Con Switch apareció una instrucción bastante menos oficial, pero igual de sensata: tampoco hace falta lamerlos para comprobar que el diseño funciona.
