Un doloroso y tierno relato de la paternidad.

Otis (Lucas Hedges), es un actor con una carrera en ascenso que se ve interrumpida por un accidente. Diagnosticado con estrés post-traumático, es internado en una clínica de rehabilitación para tratar su padecimiento, así como su alcoholismo. Entre sesiones de terapia y sueños, recordará los tiempos cuando era niño (Noah Jupe) y empezaba su camino en la actuación, acompañado de su atormentado padre (Shia LaBeouf).

Con una honestidad que raya en lo brutal, Shia LaBeouf plasma en este guion la tumultuosa relación que mantuvo con su padre en la década de los 90, cuando comenzaba su carrera actoral de la mano de su progenitor. Lo difícil de esta relación es que el pasado tan complejo de su padre lo quejaba en todo momento, impidiendo una verdadera conexión con el pequeño. LaBeouf representa en la cinta a este hombre desesperado y prisionero de su propio infierno personal de una manera descarnada, logrando a pesar de todo conectar con el público. Es un personaje con tantas aristas y el talento de LaBeouf queda comprobado una vez más, además de conocer de primera mano las experiencias. Esto le da al personaje una tridimensionalidad increíble que lo mismo llegas a odiarlo por su negligencia e irresponsabilidad, que te enternece su deseo de ser un mejor padre para el pequeño Otis.

Es este niño, interpretado por Noah Jupe a quien ya hemos visto en Extraordinario y Un lugar en silencio, quien se demuestra en dominio de la cinta. Es impresionante la capacidad del joven actor para poder navegar entre tantas emociones tan complicadas y diferentes entre sí. Demostrar la felicidad y el hartazgo de la relación paterno-filial, así como la necesidad de tener un padre que simplemente sea cariñoso y atento, conmueve hasta al más duro de corazón. Tanto, que en muchos momentos llegas a sentir la necesidad de correr a abrazarlo.

Pero además de la infancia, conocemos al Otis adulto en la piel de Lucas Hedges, quien también se luce en la representación de este hombre que carga con los demonios del pasado, tanto suyos como de su padre, y que no puede soltar a pesar de muchos esfuerzos. Es Hedges quien nos llevará al camino del perdón y la aceptación de lo que fue, entre dolor y rencor. Poder ver este trío de poderosas actuaciones es un disfrute a pesar de lo duro de la historia.

Con un gran talento, Alma Har’el traslada a la pantalla lo escrito por Labeouf y con solo miradas, gestos y un par de lágrimas, logra que en muchas ocasiones sus actores digan más que en los diálogos. Su mirada es la del testigo que no juzga ni toma partido, solo se encuentra presente para acompañar a cada personaje en su viaje personal. Todo esto con la cámara de Natasha Braier, con esos colores tan vibrantes y vívidos, nos hace sentir mucho más de lo que quisiéramos.

Honey Boy: Un niño encantador es un relato duro y enternecedor de la infancia, la paternidad y la familia,# que se quedará contigo mucho tiempo después de terminada la película.

Título original: Honey Boy
Dirección: Alma Har’el
Guion: Shia LaBeouf
Elenco: Noah Jupe, Shia LaBeouf, Lucas Hedges, Maika Monroe, Natasha Lyonne, Martin Starr, Clifton Collins Jr., Laura San Giacomo, Dorian Brown, Sandra Rosko, FKA Twigs, Ludwig Manukian, Al Burke, Graham Clarke y Byron Bowers.

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