‘Queer’, el anhelo es una adicción
Luca Guadagnino se adentra en la mente y corazón de William S. Borroughs.
Reseña | Queer
Este año Luca Guadagnino nos regaló Desafiantes, que se convirtió en una sensación en internet por su derroche de sensualidad y su energía cinematográfica, unos meses más tarde, Guadagnino regresa con Queer, una adaptación de la novela semi-autobiográfica de William S. Burroughs. Las obras de Burroughs son crudas, transgresoras, pasajes de los momentos más oscuros de su vida que incluyen adicciones y hasta asesinatos, además contadas con un estilo peculiar que fue parte de una revolución literaria ¿Cómo puede Guadagnino hacer justicia a tan complicada figura, a su vida, sus ideas y su trabajo?
Lee es un hombre estadounidense que vive en Ciudad de México en los 50’s donde pasa sus días y noches merodeando las calles en búsqueda de un nuevo amante, específicamente hombres jóvenes, en lugar de dedicarse a escribir. Después de una serie de rechazos, Lee se encuentra por casualidad con Eugene, un ex-soldado que acaba de llegar a la ciudad. Rápidamente Lee se siente atraído a él y hace todo por llamar su atención, sin embargo Eugene siempre le da señales mixtas lo que lleva a Lee a transformar su deseo en casi una obsesión.
Puede que en algún punto de la vida te cruces con una persona que al mirarla simplemente lo sepas, esa persona es la indicada. Apenas al hablar por primera vez quieres contarle todos tus secretos, que te conozca de la forma más íntima posible; que la atracción sea tan fuerte que quisieras poder entrar en su piel y abrazarle hasta los huesos. ¿Lo mejor? Que el sentimiento es mutuo. A algunos les pasa una vez, a otros un par o hasta más, para otros la coincidencia nunca sucede. Pero ¿Si encontraras a la persona indicada y esta no sintiera lo mismo? Los romances complicados han sido característicos en la filmografía de Luca Guadagnino, historias de conexiones profundas entre dos o más personajes que por diversas circunstancias no pueden estar juntos, sin embargo ninguno de ellos ha sido tan complicado por su unilateralidad como el que nos muestra en Queer y por ello tal vez el más doloroso e incómodo de ver.
En los primeros minutos de Queer, Guadagnino se dedica a retratar lo que se puede llamar la rutina de Lee, como camina por las calles, visita bares y restaurantes, en búsqueda del siguiente hombre con el que podrá pasar la noche. Sin realmente poner un juicio por encima del personaje, es fácil para el espectador darse cuenta de que se trata de una persona patética, solitaria, que ahoga sus penas en el alcohol y el fugaz contacto físico con desconocidos; tal vez se sienta lástima por él, pero incluso dentro de esta hay un poco de simpatía. Daniel Craig es una elección perfecta porque es la visible tristeza en su rostro y sus movimientos la que nos hace considerar que es posible sentir algo más que disgusto por este personaje; Craig entiende que la máscara de Lee es transparente y que a través de ella que podemos observar a la persona tan frágil que no logra esconder.
Esa mera simpatía por el personaje se convierte en algo más profundo para la audiencia cuando nuestras experiencias se cruzan, esto sucede cuando Lee conoce a Eugene y entonces tanto él como nosotros en la sala nos preguntamos: ¿Quién es este hombre? ¿Qué hace ahí? ¿De qué vive? ¿Qué quiere? ¿Es gay? Entre muchas otras que esperamos tengan respuesta, algunas la tienen y la mayoría son incógnitas que crean un aura misteriosa al rededor de este personaje. Drew Starkey al ser un rostro no tan reconocido en la industria tiene la posibilidad de proyectar esa aura con naturalidad, aprovecha la oportunidad de darse a conocer ya que aunque su personaje se distingue por su rigidez y estoicismo, también destila encanto. La tensión entre Craig y Starkey es poderosa, por eso es exhilarante cuando esta se libera y duele cuando la distancia la interrumpe.
Mientras más Lee quiere acercarse a Eugene, este más se aleja, a veces le da entrada y aún así por cada paso adelante da dos atrás, lo mismo pasa para la audiencia pues la información no es suficiente para formar un juicio sobre el personaje y el enigma de su presencia solo sigue creciendo. El problema de no poder resolver un enigma es que seguir buscando su solución puede convertirse en una obsesión. Es así que nos damos cuenta de que la manera en que observamos el mundo es completamente desde la perspectiva de Lee, la forma en que la ciudad luce, como la gente luce y actúa, todo es a través de su mirada que romantiza lo que se encuentra a su alrededor y Guadagnino lo expresa con el diseño de producción y la cinematografía que añaden rasgos de plasticidad al entorno. Lo que vemos es de alguna manera falso y eso afecta nuestra percepción de la relación central de la cinta ¿Qué tanto de lo que Lee observa de Eugene es cierto y que tanto es parte de su delirio amoroso?
Mientras más tiempo pasa Lee con Eugene y este trata de distanciarse aún cuando están siendo íntimos, su mente se va deteriorando progresivamente a causa de sus adicciones, el alcohol y la heroína, pero ¿No es su compañero una de ellas? Si una droga se rehúsa a ser consumida para alcanzar el éxtasis ¿Qué se puede hacer? Para alcanzar ese placer, Lee no piensa mucho en lo que es capaz de hacer, por eso lo que una vez fue romántico ahora nos causa pena ajena y nos hace reconsiderar aún más nuestros sentimientos sobre el personaje o la persona que era Burroughs. Pero el deterioro de su mente se refleja en la película en sí, mientras más cae Lee en sus adicciones y se adentra en la búsqueda del yagé (o ayahuasca), Guadagnino lleva esos toques de surrealismo que observábamos al inicio a otro nivel, con cada escena el tono es más absurdo y en sus últimos minutos se convierte en un malviaje críptico.
Es como si Guadagnino estuviera replicando ese comportamiento distante que nos impide adentrarnos del todo en lo que nos está mostrando en pantalla, pues nuestra reacción natural es obviamente intentar descifrar las imágenes que estamos viendo. Sin embargo rendirse y dejarse llevar por la experiencia onírica es lo que Guadagnino quiere que hagamos para poder sentir lo que ha plasmado en sus imágenes. Que sin hacer a un lado aquellos aspectos que hacían de Burroughs una persona de moral gris, veamos a un simple hombre que siempre anheló por encontrar una conexión que lo hiciera sentir completo, que lamentablemente no lo consiguió con una persona en particular y eso lo llevo a una profunda soledad. Por lo que hemos visto anteriormente de Guadagnino sabemos que el anhelo es un sentimiento que conoce bastante bien y espera que alguien en la audiencia sea capaz de reconocer que se ha dejado llevar por este, incluso si es observando las consecuencias de tomarlo sin medida.
Queer es el testamento de un hombre que sentía el amor a niveles inexplicables y que plasmó ese dolor en palabras, Luca Guadagnino toma esas palabras para convertirlas en imágenes que llevan las mismas emociones hacia la audiencia. Si este año el cineasta logró ganarse el cariño de la audiencia general, con Queer lo pondrá a prueba pues es una película que esconde una naturaleza dulce debajo de una superficie sórdida, que es mucho más sencilla de lo que su forma nos hace creer. Guadagnino ha logrado no solo hacer un tributo a la obra de Burroughs, sino que de paso también elevó el poder de su cine.
Dirección: Luca Guadagnino
Guión: Justin Kuritzkes
Elenco: Daniel Craig, Drew Starkey, Jason Schwartzman y Lesley Manville
Cinéfilo, crítico, swiftie y procrastinador profesional.



