‘El Bastardo’, el violento camino al poder y la riqueza
Un clásico relato de la búsqueda del poder.
Reseña | El Bastardo
A lo largo de la historia del cine hemos visto historias de personas que traicionan sus valores e ideales cuando su ambición de poder se vuelve incontrolable. Relatos de corrupción que han trascendido por ser siempre relevantes, tan solo hace poco acabamos de ver Duna Parte 2 que nos cuenta el ascenso del tirano Paul Atreides, historia que existe desde hace 60 años con la novela de Frank Herbert. ¿A caso es imposible para el humano conseguir todo lo que quiere sin corromperse? ¿Es esa nuestra naturaleza? El cine nos ha dicho muchas veces que sí, pero ese no es el caso de El Bastardo, la película en la que Nikolaj Arcel propone una idea diferente.
El Bastardo, basada en la novela de Ida Jessen, sigue la historia del Capitán Ludvig Kahlen quien presentan un plan a la Tesorería Real para convertir un brezal en un campo de cultivo, objetivo que si logra podría traerle como recompensa un titulo noble, tierras, riquezas y más. Su plan es aceptado a regañadientes ya que el Rey insiste en que se lleve a cabo este plan que nadie en décadas ha logrado. Aún con recursos escasos y poca ayuda, Kahlen poco a poco logra su cometido, sin embargo no contaba con la presencia del Señor De Schinkel, un juez que quiere reclamar las tierras donde ahora Kahlen está viviendo y trabajando. A pesar de tener cierto respaldo del Rey, Kahlen se ve forzado a lidiar con las tácticas de De Schinkel para sacarlo del brezal. Kahlen recibe ayuda de otras personas afectadas por De Schinkel, sin embargo sus esfuerzos por mantener sus tierras y la paz podrían ser nulos contra la brutalidad del necio terrateniente.
Aunque tiene elementos muy específicos en su trama, la estructura de El Bastardo es bastante común y es que Arcel y su co-guionista Anders Thomas Jensen no necesitan nada más que el clásico ‘cada acción tiene un reacción’ entre un protagonista y antagonista con motivaciones y objetivos muy bien definidos para que la trama se desenvuelva con precisión. Así El Bastardo nos remite a muchas otras películas donde las dinámicas de poder son el núcleo de la historia, en especial de género western, sin embargo por más familiar que nos parezca y con su grado de predictibilidad, es como si esto fuera necesario para que el discurso de Arcel sea contundente al final.
La atmósfera de la película está hecha para asemejarse al Capitán Kahlen, un hombre frío que solo ve por si mismo y sus objetivos, sus necesidades por encima de las de otros, se comporta y busca ser tratado como un hombre de nobleza sin serlo, Arcel acompaña su perspectiva con serenidad, franqueza y unos cuantos destellos de violencia que no lo perfilan como un hombre malo, pero sí capaz de defenderse si es necesario. El ascenso al poder de Kahlen podría ser tranquilo, pero los constantes ataques de De Schinkel hacen que ese proceso se vuelva cada vez mucho más violento y es aquí donde El Bastardo se vuelve una película cruel por su violencia, ya sea implícita o explícita, que abruma al espectador y lo lleva a preguntarse si Kahlen es capaz de caer al mismo nivel que el de su adversario.
Lo maravilloso de El Bastardo es que por más intensa que se convierte por las acciones de su villano, su verdadera esencia se encuentra en seguir el desarrollo de Kahlen que inesperadamente ante la brutalidad, su caracter se ablanda a cada paso que da. El cambio que Kahlen sufre es perfectamente llevado a la pantalla por Mads Mikkelsen, quien es conocido por interpretar villanos de vez en cuando y por lo tanto su mera imagen ya nos hace pensar hacia donde se dirige su personaje, el actor quizá está consciente de esto y busca las formas más sutiles de vendernos una imagen más sencilla y tierna de sí mismo. Sus compañeras de escena, Amanda Collin y Melina Hagberg lo ayudan a aterrizar esta transformación de un hombre egoísta a uno que valora la vida de los demás, mientras que la excelente actuación de Simon Bennebjerg sirve como su total contraparte, un personaje que solo se vuelve más desalmado y patético.
Para poder caer en su discurso esperanzador, Arcel nos lleva primero a su lado totalmente contrario y vaya que funciona, pues al salir del cine el público se va con la idea de que el camino a la riqueza y poder está lleno de obstáculos violentos, sangre y lágrimas, y un total abandono de conceptos como el amor y la amistad. El dejarse absorber por ese mundo es realmente una decisión. El Bastardo es una película que puede llegar a ser difícil de ver, pero que nos deja con un gran alivio al final que dura mucho más que cualquiera de sus imágenes más crueles.
Título original: Bastarden
Dirección: Nikolaj Arcel
Guión: Nikolaj Arcel y Anders Thomas Jensen
Elenco: Mads Mikkelsen, Amanda Collin, Simon Bennebjerg, Melina Hagberg, Kristine Kujath Thorp, Gustav Lindh, Morten Hee Andersen, Olaf Højgaard y Laura Bilgrau
Cinéfilo, crítico, swiftie y procrastinador profesional.



