‘Un Dolor Real’, los límites de la empatía
Jesse Eisenberg medita sobre la imposibilidad de entender a otra persona por completo.
Reseña | Un Dolor Real
Todos alguna vez en la vida hemos conocido a una persona que consideramos podría ser una mejor versión de nosotros, su presencia nos causa una combinación de admiración y envidia pues ellos pueden hacer y decir las cosas que no nos atrevemos o que no nos permitimos. La vida de esta persona suele parecer radicalmente mucho mejor que la nuestra, sin embargo es posible que llegue el punto en el que te des cuenta que la realidad no es así y que esa persona, igual que tú, carga con sus propios pesares. Eso es parte de lo que Jesse Eisenberg explora en su segunda película como director, Un Dolor Real, que está nominada a dos premios Oscar (Mejor Guión Original y Mejor Actor de Reparto) y acaba de llegar a cines este fin de semana.
Los primos David y Benji toman un viaje a Polonia para formar parte de un tour de remembranza del Holocausto, para honrar la memoria de su abuela que falleció hace unos meses y que era originaria de este país y sobreviviente de los campos de concentración. Desde el momento que aterrizan, David se siente abrumado por la energía y falta de límites de Benji, pero hace todo por seguirle el paso. Mientras más avanza el viaje, el comportamiento de Benji se vuelve aún más errático y viejas tensiones reaparecen cuando David trata de controlarlo. Por esto David comienza a preguntarse si este viaje de verdad servirá de algo positivo para ellos.
Un Dolor Real es una película sencilla, es un tipo de drama-comedia que recuerda mucho a la trilogía Before de Richard Linklater pues tan solo requiere de tener a dos personajes en pantalla intercambiando diálogos, Eisenberg no necesita de más para lograr su objetivo. Tanto para Eisenberg como para su co-protagonista Kieran Culkin la comedia es una habilidad natural y logran aterrizar los chistes que Eisenberg como guionista plantea porque ambos se encuentran en los arquetipos que han interpretado varias veces en sus carreras. Eisenberg vuelve a ser el hombre ansioso y tímido que resulta ser gracioso por su incomodidad, mientras que Culkin vuelve a ser el sujeto energético que causa risas con su imprudencia, en ese sentido no los vemos hacer nada fuera de lo común, donde hacen eso es en el drama. Así como sus personajes usan una fachada amigable o serena para esconder lo que verdaderamente sienten, lo mismo hace Eisenberg con la propia película, pues en buena parte de esta te encontrarás riendo a carcajadas por las situaciones que se presentan o los diálogos que se dicen, pero siempre hay un momento que aunque sea por un segundo cambia el tono y te deja con un nudo en la garganta. Rápidamente Eisenberg sabe como regresar al tono anterior y como sus personajes seguir como si nada serio hubiera pasado, sin embargo mientras más avanza la cinta cada vez es más difícil evitar darse cuenta que hay algo muy grave sucediendo entre estos personajes.
Para que el sentimiento sea más efectivo, Eisenberg nos posiciona en la perspectiva de David siempre observando a Benji, así sus acciones nos parecen en momentos graciosas y a veces molestas, en general su comportamiento se vuelve indescifrable para nosotros como lo es para David. Poco a poco nos damos cuenta de que no conocemos mucho de estos personajes, por más que David quiera acercarse a Benji este nunca se lo permite por completo y como la audiencia se encuentra dentro de la perspectiva presente de David, su pasado también es casi un misterio para nosotros. Eisenberg nos deja empatizar con los personajes, pero ¿De qué nos sirve la empatía si no podemos adentrarnos por completo en estas personas? Para escribir el guión y dirigir esta película, Eisenberg se inspiró en su propia experiencia como un descendiente de sobrevivientes del Holocausto, hecho que permea por encima de toda la película pues se pregunta como los nietos de personas tan resilientes ahora se desmoronan ante los problemas más mundanos. ¿Cómo empatizar con personas que ya nos han dejado? ¿Cuál es la forma correcta de honrar ese pasado?
Este punto es un tanto específico de la experiencia judía, sin embargo Eisenberg logra transformarlo en algo universal porque al final todos en todo el mundo venimos de gente que ha luchado para llevarnos al punto en el que estamos. Y aunque esa parte del discurso es fascinante, lo que termina por realmente afectar a la audiencia es que a través del viaje de estos personajes se nos dice que por más que conozcas a una persona, que sepas por lo que ha pasado, que sepas como es, no hay forma de que puedas entender por completo lo que siente. La empatía llega hasta donde los ojos nos lo permiten, pero los ojos pueden engañarnos, por eso Eisenberg hace esta invitación a no asumir nada de la vida de los demás y mucho menos minimizar su dolor, en especial si cuesta tanto expresarlo.
Un Dolor Real es una película pequeña en muchos sentidos, pero su impacto emocional es enorme y seguramente tendrá el poder de hacer que varias personas empiecen a cuestionar la manera en que observan a sus seres queridos. Puede ser o no, lo que importa es que esta película puede hacerte reír, romperte el corazón y volver a hacerte reír para repararlo una y otra vez en muy poco tiempo.
Título original: A Real Pain
Dirección y guión: Jesse Eisenberg
Elenco: Jesse Eisenberg, Kieran Culkin, Will Sharpe, Daniel Oreskes, Liza Sadovy, Kurt Egyiawan y Jennifer Grey
Cinéfilo, crítico, swiftie y procrastinador profesional.


