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Reseña | Straight: ¿Cuál es tu Secreto?

Estamos a finales del 2024 y a pesar de los grandes avances, aún queda mucho que hacer por la comunidad LGBTQ+. Por eso es bueno que a la lucha se siga sumando el cine, presentando películas que buscan seguir abogando por el respeto a la diversidad. Es una causa noble, bien intencionada, pero eso no impide que se cometan errores sobre la representación o se expongan ideas anticuadas que no aporten algo positivo a la causa. Lamentablemente Straight, que llega a cines a fin de semana, está cerca de ser una de esas películas.

Basada en la obra homónima de Scott Elmegreen y Drew Fornarola, sigue a Roberto, un hombre con una vida aparentemente perfecta, bien posicionado, trabajo estable, vive en un pent-house y tiene una brillante novia llamada Elia. Sin embargo esconde un secreto, tiene una aventura con Cris, un universitario que conoció en una app de citas. Pronto se le hará difícil a Roberto seguir manteniendo sus vidas separadas y tendrá que elegir entre Elia y Cris, aunque con este último signifique revelar una parte de su identidad que también ha mantenido en secreto.

Desde el inicio es obvio que Straight es una adaptación teatral, la forma en que los personajes interactúan entre ellos y con el espacio que habitan, el estilo de los diálogos, todo remite a ese formato. Si bien el director Marcelo Tobar pudo haber dejado atrás todo rasgo de teatralidad, habría desaprovechado la oportunidad de utilizar estos elementos para construir la historia, para informarnos de la personalidad de sus personajes con sus movimientos y además establecer las dinámicas entre ellos. Tobar se las arregla para que la cámara siempre se encuentre en el lugar preciso donde toda acción esencial sea perceptible al público. Esto le da un carácter semi voyerista a la imagen, pues siempre está cerca de los actores, sin embargo mantiene una distancia que impide que haya una conexión más íntima entre audiencia y personajes.

La propuesta técnica de Tobar funciona para adentrar al público en la historia, pero quienes la hacen real es su pequeño elenco de tan solo tres actores. Alejandro Speitzer sigue pensando en que se encuentra en el escenario y su actuación puede parecer sobre expresiva en voz y lenguaje corporal, sin embargo esto resulta en hacer que su personaje resalte, que se sienta fuera de lugar, algo muy adecuado para un personaje que siempre está a la defensiva y ocultando algo. Barbara López es sencilla y no necesita nada más para reflejar la seguridad de su personaje. Quien termina por robarse la atención es Franco Masini, quien se balancea entre ser carismático, sensual y en ocasiones vulnerable, y lo hace con muy poco esfuerzo como si fuera algo meramente natural.

Si bien Straight no siempre llega hacia a donde apunta, sigue siendo una propuesta exitosa en casi todo sentido. Pero en el que más falla es justamente el mencionado al inicio, su discurso. La obra Straight fue lanzada por primera vez en 2016 y al ver esta adaptación es notable que Tobar pensó muy poco en actualizar ciertos elementos de la historia y sus ideas que en ocho años han quedado totalmente anticuados dentro de la comunidad. Hay momentos en Straight donde parece que se adentrará en hablar de la fluidez de la sexualidad y lo que conlleva tener una orientación sexual que no sigue el binario hetero/homo, pero ni siquiera se atreve a mencionar la palabra bisexualidad.

¿Era obligatorio que Straight se adecuara a la modernidad? No necesariamente, el cineasta puede hablar de lo que quiera en específico, sin embargo la omisión o ignorancia de ciertos elementos de este tema termina por ser contraproducente para su discurso. Tobar nos quiere hablar de lo difícil que aún es para muchas personas vivir ocultando parte de su identidad ya que la sociedad busca encasillarlos si se salen de la norma, pero al no tratar la sexualidad como un espectro, Tobar termina por reforzar el sistema binario que se supone está criticando. 

Straight es una de muchas películas que por más que son bien intencionadas, o al menos queremos creer que lo son, no significa que detrás de esas intenciones haya la suficiente investigación detrás para aterrizar ideas y emociones que sí van a conectar con la audiencia objetivo. Esta falla en su discurso no minimiza que en otros aspectos la película es bien lograda y quizá tan solo por eso merece ser vista, pero es inevitable sentir que de haber sido mejor pensada, tendríamos una cinta mucho más interesante y potente. 

Dirección y guión: Marcelo Tobar
Elenco: Alejandro Speitzer, Franco Masini y Barbara López

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