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7 de diciembre de 2021

La familia de Phobe está en quiebra y justo en el día en que ella, su hermano Trevor y su madre Callie son desalojados de su departamento, son notificados de la muerte de su abuelo a quien nunca conocieron. Obligados a vivir en una lúgubre casa a las afueras de un pueblo, Phoebe descubre que su abuelo ocultó las razones de su aislamiento y que alguna vez perteneció a los Cazafantasmas.

¿Qué sería del cine comercial hoy si no fuera por las franquicias del siglo pasado? Desde Star Wars hasta la más reciente entrega de Halloween, todo depende del pasado. Los Cazafantasmas o Ghostbusters, no podían escaparse de esta tendencia y en el 2016 se estrenó un reboot protagonizado por Kristen Wigg y Melissa McCarthy, todos sabemos como terminó eso independientemente de la calidad de la película.

Sin embargo el intento de revivir a los Cazafantasmas no se quedó ahí, tomó unos cuantos años para que Jason Reitman, hijo de Ivan Reitman el director de la duología original, tomara las riendas de un nuevo proyecto. Suena a algo de nepostismo, pero también una decisión muy natural que así como dice la traducción del título, es parte del legado de esta franquicia.

Claramente hay una conexión profundamente personal para Reitman con estas películas y es por eso que Ghostbusters: El Legado no puede dejar de depender, para bien y para mal, del elemento más sobre-explotado en nuestros tiempos: La nostalgia. Cuando se utiliza bien, las imágenes pueden remitirnos a memorias placenteras de las películas anteriores, cuando no, se vuelve una marea de referencias que cierran la oportunidad de enseñar algo nuevo. Esta entrega se acerca a ese punto en su clímax.

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La premisa de Ghostbusters: El Legado permite que entremos de nuevo a este universo con una historia nueva que se separa de los hechos de las originales y poco a poco se van conectando. Aquí es cuando la nostalgia funciona muy bien porque cuando aparecen objetos o personajes de entregas pasadas, al espectador le da una sensación de que está frente a algo que no había observado o escuchado hace mucho tiempo, incluso si has visto las películas recientemente, el peso de esos cuarenta años se hace presente.

Es también en estos momentos en los que conocemos a los nuevos personajes. El equipo principal que está liderado por la siempre encantadora Mckenna Grace junto a  Finn Wolfhard, Logan Kim y Celeste O’Connor, tienen buena química y aunque en esta entrega no pasan mucho tiempo juntos, seguro en las próximas (si es que hay) lo estarán. Paul Rudd y Carrie Coon no harán mucho, pero su presencia se agradece en cada escena. Es también a través de los personajes que se dan los momentos más emocionales de la película, que también aprovechan a la nostalgia como un recurso poderoso.

Sin embargo cuando se acerca al final, la necesidad de hacernos sentir que estamos viendo un producto del pasado se vuelve más grande y después de tanta innovación con la historia y personajes, terminamos con un clímax al que se le desgasta la creatividad con tal de complacer las demandas nostálgicas de los fans. ¿Arruina la película? Para nada, pero si se nota el tropiezo.

Ghostbusters: El Legado es una película que todo el público, tanto fans y no podrán disfrutar y que tiene el potencial para ser únicamente el inicio de una nueva saga de esta franquicia, que ojalá en el futuro se olvide un poco de lo que ya se hizo.

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Título original: Ghostbusters: Afterlife
Dirección: Jason Reitman
Guión: Gil Kenan & Jason Reitman
Elenco: Mckenna Grace, Finn Wolfhard, Logan Kim, Celeste O’Connor, Annie Potts, Carrie Coon, Paul Rudd, Ernie Hudson, Dan Aykroyd & Bill Murray

 

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