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El último episodio de Falcon y el Soldado del Invierno reforzó los mejores elementos de la serie, pero también se sigue tropezando con los mismos problemas desde el inicio.

Empecemos con lo positivo, porque sin duda es el lado que sale ganando. Desde el primer capítulo quedó claro que el enfoque de la serie iba a estar en sus personajes, cosa que anteriormente ya se había propuesto en el UCM, pero que al final se hacia a un lado para las batallas espectaculares, efectos especiales y anuncios de lo que viene. Falcon y el Soldado del Invierno estuvo a punto de hacerlo en su último capitulo, sin embargo la gran carga de acción no deshecha en su totalidad el camino de sus héroes, pues todo lo que sucede favorece de alguna manera a su desarrollo.

Ver a Sam transformarse en el Capitán América, mejor dicho, verlo portar el traje (porque ya lo era desde que Steve le entregó el escudo), es sumamente satisfactorio. Algo merecido no solo por el personaje, sino el actor, pues Anthony Mackie es un digno sucesor al interpretar a este personaje con tanta convicción, es incluso difícil separarlos. El desarrollo de Bucky ha sido un tanto más quieto y en realidad cerró en el capítulo anterior, aún así Sebastian Stan le ha dado mayor profundidad con su actuación.

La exploración de temas como el racismo institucional en los Estados Unidos, que dentro del UCM no se había realizado (ahora que Luke Cage no es canon), aquí lo que hay que aplaudir no es el mero hecho de que el tema exista dentro de la serie, sino que es parte de su núcleo y por lo tanto, si su exploración fuera mínima o tibia, entonces la serie fallaría. Su tratamiento tal vez no sea tan radical como para ser digno de una película de Spike Lee, pero si es lo suficiente para salirse de los estándares del género.

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Eso sí, suficiente no es sinónimo de completo. Aquí es donde se abre paso a hablar de los problemas de la serie, que arrastró desde el inicio y no todos los arregló. Uno de ellos es su innecesario apego a la exposición, para ser una serie que muchas veces usó con éxito una simbologia visual que sus espectadores entendieron a la perfección, es frustrante que recurra a largos diálogos para explicar muchas cosas, sería mucho mejor si siguiera confiando en que somos capaces de comprender sus mensajes y críticas a través de imágenes.

Uno de los problemas que Falcon y el Soldado del Invierno arrastra del UCM en general son los villanos, en reseñas de capítulos anteriores ya había mencionado que los Flag Smashers me parecían antagonistas planos con los que era muy difícil empatizar, aún cuando sus razones e intenciones sonaban sensatas, sin embargo nunca fueron exploradas, extraño ya que se relaciona fácilmente con los temas de la historia de Sam. Esto le pesa mucho al cierre de la serie pues al no ser capaces de comprender lo que tratan de hacer los villanos, no podemos sentir que hay riesgo o peligro.

También teníamos a John Walker, el falso Capitán América yendo por un camino oscuro ¿Para qué? Para que tuviera una pequeña redención al final. Y no es que a fuerza tuviera que ser un villano, pero esta transformación es apresurada, sucede en cuestión de segundos, así que no es para nada interesante la verdad.

En conclusión, Falcon y el Soldado del Invierno tuvo un final extremadamente apresurado, flojo de una manera que es difícil de describir, como si a un gran rompecabezas le faltaran unas cuantas piezas para que se sienta completo. A pesar de eso, es innegable que tuvo muchísimos momentos emocionantes y conmovedores, bien merecidos y ejecutados con empeño. Por eso creo que este final tuvo mucho de lo mejor y lo peor de la serie como tal, y el producto en general sufre por ello.

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