«Nadie nos va a extrañar», una obra de arte en todos los sentidos
Mucho más que un drama adolescente.
Reseña | Nadie nos va a extrañar
Abordar temas complejos como los sentimientos, el bullying, el racismo, el luto y el descubrimiento de uno mismo, es difícil y aún más en una serie de duración tan corta como “Nadie nos va a extrañar”; pero si a eso le añadimos que está ambientada en una época que no es la actual pero que sigue sintiéndose cercana, es claro que hablamos de un reto que parece imposible, sin embargo, Catalina Aguilar Mastretta y Samuel Kishi lo consiguieron de manera orgánica y completamente significativa.
Transformar una historia que parece común, como traficar tareas con tus compañeros de prepa, a algo que sobrepasa las sensaciones es justo lo que hace “Nadie nos va a extrañar”, una serie de ocho episodios que no sobrepasan los 40 minutos de duración, pero que entrelazan un sinfín de situaciones y emociones que harán sentir a flor de piel lo que vive cada uno de los protagonistas.
Alex, Marifer, Daniela y Tenoch son un grupo de amigos calificados como “nerds” que se dedican a vender tareas y trabajos con sus compañeros de clase, todo parece ir normal hasta la llegada de un nuevo compañero: Memo. A partir de ese día, la vida de los amigos cambiará para siempre y Memo será mucho más que “el nuevo”.

Un drama adolescente escolar es muy cliché, sobre todo en México, como espectador se espera algo sobre actuado y alejado de la realidad, por fortuna, en esta ocasión no es así; “Nadie nos va a extrañar” tiene grandes referencias que la vuelven cercana a su audiencia; comer papas con salsa servidas en una bolsa de plástico con tu novio es lo más cotidiano en la vida adolescente, y adulta ¿por qué no?
¿Qué tal usar el baño de mujeres como refugio de pláticas incómodas, enfrentamientos femeninos y cueva de chismes anónimos? ¿O recordar a Chabelo y la catafixia? Todo eso y más vemos retratado en la serie, que además de contar con estos simbolismos, también cuida a la perfección cada uno de los detalles visuales que le dan sentido a la producción y al contexto social mexicano.

Considero indispensable hablar de cada uno de los personajes, o al menos de nuestros queridos protagonistas; empezando por Tenoch (Virgilio Delgado) un joven becado originario de Oaxaca que en un mundo de ignorancia y racismo es discriminado tanto por sus raíces, que son bastante similares a las de cualquier mexicano, como por su situación económica. Y en un mundo tan cruel como la prepa, no queda de otra más que volverse “autoritario” o dejar que pasen sobre ti, pero eso no significa perderse de tener problemas mucho más importantes, preocupaciones reales y un alma noble.
Daniela (Macarena Oz) la chica gordita que todos señalan buscando quitarle valor a su persona sólo por su peso, tiene un desarrollo de personaje especial, y me da gusto que no haya sido logrado al bajar de peso o transformar su esencia; más bien, dándose cuenta de las cosas importantes que tiene la vida y lo que valemos como seres humanos.

Algo destacable y a mi parecer disfrutable, es la relación que tiene con su mamá y su hermana, crecer en un entorno donde “todos los hombres son una distracción innecesaria” no es fácil para una adolescente, y a pesar de que su mamá pueda parecer el ejemplo de lo que no hay que ser, nos regalan en conjunto una escena digna de lágrimas, sonrisas y música.
Marifer (Camila Calónico) no deja nada a deber, aunque parece que toda su catarsis se detona por sus sentimientos hacia Alex, su historia va mucho más allá; en el camino atravesará la escalofriante etapa de perderse a uno mismo y no saber ni siquiera por donde empezar a buscar. Además, la forma en la que cada una de sus emociones son representadas con acciones sutiles como soportar una caída de patineta es lo que se aplaude del proyecto audiovisual.

Si hay que reconocer personajes bien escritos no podemos evitar mencionar a Alex (Nicolás Haza), desde el inicio nos sitúan en su vida, la pérdida de su mamá, el alejarse de sus “amigos”, la toma de consciencia y responsabilidad, su sexualidad; miles de cosas rodean la vida de Alex, pero hay mucho que aprender de él, en especial, dos temas complicados para cualquiera: el amor y el luto. Es maravilloso el sentimiento que deja “Nadie nos va a extrañar” con su papel, aprender a amar, a comprender, escuchar y empatizar.
El centro de todo se resume en Memo (Axel Madrazo), no hay forma de describir todo lo que significa y transmite un personaje como él; Axel regala una interpretación excelente de un joven introvertido y sin carencia económica, pero con un corazón enorme dispuesto a todo por sus amigos y las personas a las que ama, aunque eso no lo deslinda de no saber lidiar con la tristeza.

A mí me gusta pensar que «nadie» se transforma en el grupo de amigos, y casi siempre, en Memo; una manera sensible y perfecta de ver los títulos utilizados en el proyecto.
Cada uno de los episodios cuentan con una magnífica fotografía, la elección de planos, los cambios de perspectiva, las escenas y secuencias fueron seleccionadas con la sutileza ideal para decir todo sin necesidad de diálogos excesivos; aunque, hay muchas líneas que, si estuvieran en un libro, sin duda serían subrayadas.
Unido a la música, que complementa cada uno de los momentos significativos de la serie, transportando al espectador al contexto en el que se desarrolla la trama: Yuri, Caifanes, Duncan Dhu, Hombres G y más, conforman el soundtrack ¿A quién no le gustaría que la vida sonara así?

Todo esto construye “Nadie nos va a extrañar” y la convierte en una completa obra de arte en todos los aspectos.
Disponible en Amazon Prime.
Título original: Nadie nos va a extrañar.
Dirección: Catalina Aguilar Mastretta y Samuel Kishi.
Guión: Catalina Aguilar Mastretta, Adriana Pelusi y Gibran Portela.
Elenco: Axel Madrazo, Nicolás Haza, Camila Calónico, Macarena Oz, Virgilio Delgado, Alejandro Puente, Ernesto Laguardia.
Egresada de comunicación, especializada en cine, guía de CDMX, eventos culturales, música y moda. Me has leído en Chilango y Reporte Indigo. ¡Arriba el cine con perspectiva de género!
