‘Emilia Pérez’: La fantasía liberal extranjera de México
Una película sobre México no hecha para mexicanos.
Reseña | Emilia Pérez
En la última década o más hemos visto como el cine ha intentado ampliar la diversidad entre los miembros de la industria, detrás y delante de la cámara, además de películas que retratan las experiencias de estos grupos marginados en todo el mundo. Una tarea noble que ha ayudado a muchas personas a salir adelante, sin embargo sabemos que esta tendencia ha llevado a algunos estudios, empresas y personas a realizar proyectos con la pura intención de hacerle creer al público general que les importan estas causas. Con temor a sonar como esos treintañeros que gritan woke cada vez que ven una mujer o persona en pantalla, no se puede negar que existen películas que solo sirven para colgarse una medalla de diversidad y consciencia social sin practicarla realmente, incluso han llegado a ganar el Oscar (Green Book). ¿Esto significa que estas películas están hecha con puras malas intenciones? No necesariamente, pues en muchos casos son echas por gente que de verdad cree en estas causas. Gente cuya alineación política se encuentra en el centro, liberales, tibios les dicen también, pero no por eso deshonestos, solo algo ignorantes. Uno de los ejemplos más obvios de este tipo de películas es la polémica Emilia Pérez que de ser galardonada en el pasado Festival de Cannes ha pasado a ser el objeto de burlas en México y Latinoamérica. ¿Por qué? ¿Se lo merece?
Rita es una habilidosa abogada que es menospreciada dentro de su firma que un día recibe una llamada que le hace una propuesta que podría cambiar su vida, Rita acepta y así es como cae en el poder de El Manitas, el narcotraficante más poderoso en México. Lo que El Manitas necesita de Rita es su ayuda para encontrar donde realizar una serie de cirugías de reafirmación de género y así completar su transición a ser una mujer. Rita completa su trabajo y sigue con su vida y su carrera en mejor forma que nunca. Años después se encuentra con Emilia Pérez, la mujer que alguna vez fue El Manitas, quien vuelve a pedir su ayuda ahora para reunirse con su esposa Jessi y sus hijos en la Ciudad de México. Así empieza Emilia su camino para encontrar una nueva vida.
Emilia Pérez es una película audaz, no porque sea una película que quiebra convenciones del cine, que se arriesga para crear algo nuevo, no, lo es porque se requiere audacia para crear una película desde el orgullo de la ignorancia de Jaques Audiard. Bien sabemos que esta es la película más polémica del año, desde su estreno en Cannes fue vanagloriada por la gran mayoría de los asistentes, europeos y americanos, sin embargo los pocos mexicanos presentes nos advertían de lo nefasto de su contenido ¿Creerles o no? Había que ver la película por cuenta propia y hacer nuestra propia opinión, incluso entre todo el ruido en redes sociales que ya condenaba la cinta habiéndola visto o no. Habiéndola visto hay mucho que decir y poco es bueno, pero al menos hay que intentarlo. ¿Qué se puede defender de Emilia Pérez? Zoe Saldaña, una actriz que lleva décadas dominando silenciosamente Hollywood por fin tiene un papel que la pone al frente y le permite explotar todo el rango de sus habilidades, además de demostrar talento también para el baila y sí, el canto. Karla Sofía Gascón hace muy bien su trabajo en especial cuando se trata de transformarse en El Manitas, aunque sus mejores momentos son junto a Saldaña. Adriana Paz siendo la única mexicana del elenco principal no tiene mucho tiempo en pantalla, si lo tuviera quizá tendría la mejor actuación entre todas. Y con eso ya podemos dar por terminado el lado positivo de Emilia Pérez, porque en el resto de sus aspectos, la calidad va de decente a lo plenamente ofensivo, para ciertos grupos y hasta para el cine en general.
¿Qué es lo que está mal con Emilia Pérez? Ya mucho se ha hablado de su representación de México y la manera tan banal en la que trata el tema de los desaparecidos y el narcotráfico. Pero ¿Exactamente que está mal con ello? ¿Es realmente ofensivo que se haya tratado en forma de musical? No, la verdad es que esa es una decisión que poco tiene que ver con la forma en la que Audiard ve a nuestro país. El cineasta acepta su condición como extranjero a la hora de formar la perspectiva de la cinta, observa a sus personajes y México desde el exterior, incluso los constantes quiebres de la cuarta pared no los indican, así que la película adquiere un carácter de exposición, como si alguien nos estuviera hablando de lo que alguna vez vio en México. Es así que en lugar de que la audiencia sienta que está viviendo en México mientras ve la película, como lo haría una película inmersiva, más bien le observa desde las gradas, haciendo que Emilia Pérez se acerque más que nada a los zoológicos humanos que hace tanto fueron prohibidos. Una vez que Audiard empieza a hablar de la cuestión de los desaparecidos se denota aún más su falta de conocimiento del tema, ya que las soluciones que sus personajes proponen para la situación son tan ingenuas que hasta parecen hechas con cierta condescendencia, como mostrarnos que si lo hubiéramos pensado un poquito más, ya habríamos salido de la violencia. Aquí podríamos hablar del terrible español de Selena Gómez y en general de lo mal traducido que está el guión, pero ya se ha atacado ese aspecto hasta el cansancio.
Audiard también quiere hablar de la transición de género, uno de los temas más complicados en estos días ya que las personas trans se han vuelto uno de los grupos más atacados por la ultra derecha en su realce al poder. Es importante hablar al respecto, el problema es que Audiard de la misma forma en la que habla de México, con muy poca información verídica y usando solo su idea de lo que estas personas viven. Audiard usa al personaje de Emilia como un tótem para englobar la experiencia de las mujeres trans, sin embargo al crear su arco cae en los estereotipos más dañinos para ellas, como hacer una co-relación entre masculinidad y violencia, feminidad y bondad, cuando es hombre es malo y cuando es mujer es buena. O lo que es peor aún, que en su arco de redención se declara que El Manitas sigue estando dentro de Emilia Pérez, podría entender que Audiard nos quiere decir que el alma de las personas no cambia solo por cambiar su exterior, sin embargo con este contexto de violencia en la historia parece que más bien nos dice que Emilia nunca ha dejado de ser hombre porque por dentro sigue siendo una persona violenta, no importa cuantas operaciones se haga. Tampoco hay que dejar pasar el hecho de que de su transición de hombre a mujer también transiciona de moreno a blanca, las implicaciones racistas de esta descuidada decisión son enormes, obviamente nadie involucrado lo pensó un segundo antes de ponerlo en pantalla. Todo esto y la desinformación que esparce sobre el proceso médico de la transición de género tendrá graves consecuencias para la comunidad trans.
Muchas películas, incluso varias este año, ya han tratado todo estos temas y lo han hecho obviamente con mucho más cuidado. No hay nada malo con que una persona ajena y extranjera a estas experiencias quiera hacer una película al respecto, por eso no creo que Audiard sea una persona racista ni transfóbica, de hecho veo en Emilia Pérez que hay un deseo de comprender a estos grupos. El problema es que su empatía solo llega hasta donde su privilegio se lo permite, no sale de su burbuja y no le parece un error; es empatía con un alto de condescendencia. Y hay que decir que una película no es solo los temas que toca o la representación que quiere llevar a la pantalla, entonces ¿En que destaca Emilia Pérez como película? Si los temas que Audiard trata lo hace desde su pedestal caucásico europeo, la ejecución de la cinta también.
Emilia Pérez es de esas películas que se resguardan bajo la excusa de ser camp, así es, el tono tele novelesco, unos cuantos detalles ridículos de la trama y las imágenes y las canciones que no siguen las reglas básicas de la composición no son exactamente errores, sino un intento de crear un tono exagerado, absurdo y divertido. Camp. A buena parte de la crítica extranjera le ha parecido que Emilia Pérez es una película que sí se sale de las convenciones del cine y que seguro será una cosa innovadora, sin embargo si uno le da tan solo un pequeño vistazo al cine de bajo presupuesto que realizan cineastas que sí pertenecen a la comunidad LGBTIQ+ se dará cuenta que todo lo que vemos en Emilia Pérez es tan camp como un taco de Taco Bell. Es una imitación normalizada porque es lo que su público objetivo conoce y es que una característica importante del camp es su relación con las clases bajas y marginadas, que de nuevo, no es que una persona que no pertenezca ahí no pueda realizar una cinta de este tipo, es que si no se permite ni visitarles entonces solo puede trabajar desde sus prejuicios e imaginación. Y si su imaginación es tan limitada y los prejuicios tan solidificados, entonces salen películas como Emilia Pérez.
Tanto en sus temas como su ejecución, Emilia Pérez es una película que nace del privilegio y que se recibe con mucho gusto en los mismos círculos pues es la idea del extranjero de lo que es México, es la idea del hombre cisgénero de lo que viven las mujeres trans, de cineastas formalistas de lo que es poco convencional. Para todos ellos lo que hay en esta película es nuevo, transgresor, alucinante y muchos más adjetivos que describirían una película que pasaría a la historia como una de las mejores, pero resulta que el desconecte entre ellos y el público general es tan grande que Emilia Pérez probablemente se convertirá en uno de los objetos de burla y vergüenza en el cine por el resto de nuestros días. Tal vez no habría que hacer tanto escándalo por una película así, podríamos dejar que desaparezca entre el flujo de tantos estrenos, sin embargo cuando se ha llevado tantas nominaciones y hasta es una de las más nominadas al Oscar, entonces sí tenemos que señalar la pobreza de su contenido. Emilia Pérez es una película para que gente de cierto estrato económico y social en la industria se den una palmada en la espalda y se digan: «Hicimos algo bien por los desprotegidos». No, no lo hicieron.
Dirección: Jacques Audiard
Guión: Jacques Audiard
Elenco: Zoe Saldaña, Karla Sofía Gascón, Selena Gómez, Adriana Paz y Edgar Ramírez
Cinéfilo, crítico, swiftie y procrastinador profesional.




