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Reseña | Anora

¿Quién no sueña con una vida mejor? Muchos lo negarían, otros lo admitirían sin problema, pero a todos nos ha pasado por la mente la idea de tener una vida de lujos y sin mayores preocupaciones. ¿Cómo llegaríamos a obtenerla? ¿Con arduo trabajo así como se nos ha querido hacer creer? ¿O será posible que un día llegue una persona que nos lleve del piso más bajo al más alto en un instante? Una fantasía que suena salida de un cuento de hadas o de una telenovela, historias que también se nos han inculcado toda la vida, en especial a las mujeres. Sin embargo la vida real no es tan simple, aquí no hay extremos puros de bondad y maldad, por eso si una persona se encontrara en una situación similar a la de estas mujeres que se convierten en princesas de un día a otro ¿Qué tanto puede durar el felices para siempre? Eso es parte de lo que explora Sean Baker en su nueva película, Anora, la ganadora de la Palma de Oro en la más reciente edición del Festival de Cannes que por fin llega a cines de México.

Anora es una stripper que pasa sus noches complaciendo los deseos de los hombres que visitan el club donde trabaja. Una de esas noches aparece Ivan Zakharov, el hijo de un oligarca ruso que se encuentra en EU supuestamente para estudiar, y ya que Anora es de descendencia rusa y puede hablar el idioma, es asignada a entretenerlo. Anora cumple con su trabajo, pero siente algo de gusto por Ivan, por lo que acepta a seguir dándole su servicio fuera del club. Ivan le paga a Anora para ser su ‘novia’ durante una semana y después de unos días de fiesta en Las Vegas, Ivan le pide matrimonio, ella acepta y se casan al instante. Anora e Ivan comienzan a vivir como una pareja feliz, sin embargo la luna de miel se acaba cuando los padres de Ivan amenazan con poner fin a la relación a cualquier costo.

La fantasía es uno de los elementos constantes en la filmografía de Sean Baker, sus personajes suelen soñar con vidas que por las circunstancias en las que viven son prácticamente imposible de alcanzar. Con cada película, Baker acercaba más a sus personajes a la fantasía y por lo tanto es natural que en Anora por fin conozcamos a una personaje que se le permite vivir la vida con la que ha estado soñando. Pero antes de llegar a ese punto, Baker se toma un buen rato para que observemos a Anora de cerca para ver como se comporta en su trabajo, como lidia con los hombres que la contratan, como convive con sus compañeras; con tan solo unas escenas tenemos una imagen clara de como que es el día a día de esta mujer. Así no conocemos realmente a Anora, sino a Ani, quien es prácticamente la personaje que interpreta cuando se encuentra en su trabajo, diseñada para entretener a los hombres asisten al club. Baker nos deja ver muy poco de Anora fuera del club, como si ella marcara una distancia mucho más amplia que en otras escenas. Es poco, pero suficiente para ver sus carencias y entender el por qué hace lo que hace.

Por eso una vez que Ivan llega para romper con su rutina, al igual que a ella nos captura con su carisma, encanto, ligereza y su buen aspecto. La audiencia está junto a Anora cuando su vida empieza a cambiar gracias a Ivan; con él disfruta pasar el rato, se divierte como una mujer de su edad debería, tiene lujos que antes no se podía costear y en general todo se siente mucho más ligero. Baker nos pone tan profundo en los pies de Anora que es difícil no dejarse llevarse por la emoción, cualquiera creería que la película que está viendo es sobre un gran romance improbable, lamentablemente no todo lo bueno tiende a durar demasiado. 

Toma un buen porcentaje del metraje para que Baker entre de lleno a la verdadera trama de Anora, sin embargo no sería posible entender ni sentir la crudeza del derrumbe de una fantasía sin antes haberla vivido. De ahí en adelante el cineasta nos lleva en una travesía en la que Anora tendrá que reconsiderar que tanto poder aún tiene sobre la situación y si podrá aceptar que quizá nunca lo tuvo. Poder es exactamente la palabra clave para esta película, pues lo que sigue es que Baker presenta una serie de escenas en las que se denota una constante: Una o varias personas pisotean, figurativa y literalmente, a alguien para conseguir lo que quieren. Suena drástico, sin embargo Baker aprovecha su característico humor para que este sea el conducto de su mensaje, tanto que se podría decir que lo está haciendo se acerca al sketch y a la vez mantiene una tradición de comedia estadounidense del siglo pasado. 

Anora es una película extremadamente graciosa de principio a fin, en especial gracias al trabajo de miembros de su elenco como Karren Karagulian, un constante colaborador de Baker, Mark Eydelshteyn y Vache Tovmasyan; cuyas interacciones desatan el caos en pantalla. Claro que Mikey Madison como Anora aporta lo suyo a la comedia, con sus expresiones exageradas y su alto volumen de voz tanto ella como su personaje se vuelven una fuerza que es difícil de equiparar, sin embargo lo que hace Madison en su actuación es aún más profundo que eso. Baker confía tanto en Madison que en ella queda la carga de que la película se convierta en el vehículo de empatía que el cineasta pretende, si bien el guión tiene las bases para la construcción de esta personaje, es finalmente la actriz quien la solidifica. Si queremos conocer a Anora, no a Ani, no hay que prestar tanta atención a lo que dice o hace, sino un poco más a lo que se calla y se restringe de hacer; es entender que detrás de su actitud defensiva se encuentra una profunda fragilidad. Madison se esfuerza para que podamos notar el mismo esfuerzo que pone Anora en mantener ese lado suyo escondido, en especial mientras más avanza la trama y mantener esa fachada se vuelve un método de supervivencia, más de lo que ya lo era. 

Sin ser una personaje virtuosa, que no es necesariamente agradable y con la que puede que no compartimos mucho en común, empatizamos con Anora, pues en su búsqueda y pérdida por algo mejor expresa una preocupación que es nata del humano. Para elevar esta sensación de igualdad, Baker se apoya en el personaje de Igor, quien se vuelve de alguna manera un stand in de la audiencia, observando de cerca a Anora con la esperanza de derribar sus barreras. Este personaje es una grata sorpresa, pues pasa de ser incidental a ser esencial para la trama y se gana el cariño de la audiencia por su franqueza y quietud que se expresan con ternura gracias a la interpretación de Yura Borisov. Entre estos dos personajes se va construyendo algo a lo largo de la cinta que es la antítesis de lo que sucede entre todos los personajes, por más que Anora se resista se crea una relación basada en la igualdad. 

Una película de Sean Baker siempre es excelente en toda su duración, pero no se vuelve una obra maestra hasta sus últimos minutos y no solo es ese el caso de Anora, sino que este es quizá el final más contundente y conmovedor en la filmografía del cineasta. Una vez que la fantasía se desmorona, Baker no tiene interés en mostrarnos las consecuencias materiales de lo que ha sucedido, sino las consecuencias en el interior de Anora, en lo que implica para ella como persona. Para expresarlo, Baker nos permite un momento íntimo con Anora en el que las emociones que habían permanecido contenidas por fin explotan. ¿Es la resignación de haber perdido lo que había ganado? ¿El sentirse menos de lo que creía que valía? ¿El dolor de sentirse traicionada? ¿La preocupación por lo que sigue? No hay una respuesta precisa para lo que se expresa en esta última escena, queda en manos de cada quien decidir con que se quedan de la cinta, pero lo que es certero es que nadie sale de la sala con indiferencia. 

Así como en otras de sus cintas, Baker toca en Anora cuestiones sociales como las dinámicas de clases y por supuesto el trabajo sexual, sin embargo estos no son el enfoque principal de la obra, más bien es un ejercicio para probar la empatía de la audiencia ante quienes no conocemos.  En los cuentos de hadas se cuentan historias que advierten a niños y niñas de los peligros que se encuentran en el mundo real, lo mismo hace Baker con Anora, con la gran diferencia de que en los cuentos de hadas se nos invita a creer que los finales felices son posibles, mientras que Baker nos recuerda que en esta vida hay todo un sistema diseñado para impedir que estos sucedan. Y lo peor es que muchos de nosotros participamos en este sin ser conscientes de como afecta a las personas que tenemos a un lado, con tal de complacer y sentirnos en el mismo lugar que los que se encuentran sobre nuestras cabezas. Baker esconde esto y más en el fondo de esta película que en su superficie es tan sencilla y divertida. 

Dirección y guión: Sean Baker
Elenco: Mikey Madison, Yura Borisov, Karren Karagulian, Mark Eydelshteyn, Vache Tovmasyan, Luna Sofia Miranda, Lidnsey Normington, Darya Ekamasova y Aleksey Serebryakov

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