¿Y si Mulán protagonizara “La Leyenda de Aang”?, reseña de “Hija de la Diosa de la Luna”

¿Y si Mulán protagonizara “La Leyenda de Aang”?, reseña de “Hija de la Diosa de la Luna”

En la mitología asiática podemos encontrar una riqueza histórica y folclórica como ninguna otra, pero no tan popular como los mitos y leyendas que nos han contado por años pertenecientes a civilizaciones antiguas como los griegos o los romanos.

Y es algo desafortunado porque, en realidad, los relatos de oriente no le piden nada a las epopeyas protagonizadas por las estirpes de Zeus y Júpiter; es más: muchas veces incluso las superan, tanto en belleza y profundidad como en misticismo y complejidad.

Una ventaja de la globalización es que ahora nos es más sencillo adquirir estas historias o reversiones de las mismas hechas por autores contemporáneos, de formas que han llegado no sólo a los corazones de millones sino, también, a otros medios, como el cine y la televisión, para el disfrute de mucha más gente.

Justo este sería el caso de la novela debut de Sue Lynn Tan, “Hija de la Diosa de la Luna”, que retomó la leyenda china de la diosa lunar, Chang’e, y de su marido, el arquero Houyi, para hablarnos de la descendiente de ambos, Xingyin, una protagonista tan fuerte y testaruda que haría sentir orgullosos a personajes de historias épicas como Xena, la Princesa Guerrera, o Mulán.

Pese a que se trata del primer libro publicado de la autora, y de que ella misma haya contado en su espacio de agradecimientos que tenía poca experiencia escribiendo cuando lo hizo, pareciera que el resultado fue trabajado por una mente muy versada y experimentada en letras.

Y no lo digo porque su trama, en sí misma, resulte compleja o muy difícil de seguir, sino por la belleza descriptiva que ofrece: es muy rica en detalles, tanto como lo son los que vemos en la arquitectura y ropajes de la cultura oriental, lo que hace que el libro tenga un brillo propio que no es fácil de igual.

La manera en que su protagonista te cuenta sus vivencias es elocuente pero llena de emoción: no repara en detallar sus sentimientos, pero lo hace de tal manera que éstos no se sientan banales o excesivos conforme avanzas en sus peripecias.

Lo cual, para mí, fue todo un reto, debido a que decidí leer el texto en su idioma original (inglés), y no contaba con todo el vocabulario necesario para comprender al 100 por ciento lo que estaba leyendo (benditos sean los diccionarios en línea).

Y el relato, pese a contener varias escenas de romance y hasta un triángulo amoroso, no se empantana como muchos otros ejemplares del género fantástico y del sub género “young adult”; por el contrario: ésto solo adereza una historia llena de texturas y colores que pueden apreciarse en cada una de las aventuras del personaje.

Pero me estoy adelantando demasiado, y debo retroceder un poco para contar de qué trata esta novela: principalmente, es una reversión de varias leyendas chinas sobre la existencia de Chang’e y Houyi, la cual cambia sus orígenes como seres celestiales por la de dos mortales enamorados.

Houyi, como en las versiones originales, fue un guerrero valeroso a quien el Emperador Celestial le encomendó una tarea: liberar a la humanidad de las bestialidades de nueve criaturas con la fuerza del sol, que amenazaban con acabar con todo a su paso. Y así lo hizo.

Como premio, el Emperador le otorgó una botellita con el elixir de la inmortalidad, la cual el guerrero dejó bajo resguardo en su hogar junto a su esposa y su futuro descendiente.

No obstante, como ésta estaba enferma y cercana a perecer junto a la criatura que llevaba en su vientre, tomó una decisión que la terminó condenando: bebió el elixir para salvar su vida y la de su futura hija sin temer las consecuencias.

Debido a su falta, el Emperador Celestial la castigó por haber ingerido la pócima que no le pertenecía, confinándola en la luna y convirtiéndola en una falsa deidad, siendo obligada a pasar ahí su eternidad sin posibilidad de volver a ver a su amado.

Chang’e quedó destrozada por lo ocurrido, pero nunca se arrepintió de su decisión porque así pudo salvar la vida de su amada hija, Xingyin, a quien mantuvo en secreto durante muchos años, hasta que la magia de ésta, por ser inmortal, empezó a despertar y terminó llamando la atención de los Emperadores Celestiales y de algunos de sus súbditos.

Para evitar la furia de Sus Majestades, Chang’e expulsó a su hija lejos de ella, y ésta, por error, terminó cayendo cerca del Reino Celestial, desde donde emprendió la que sería la aventura de su vida: hallar la forma de ganarse el favor del Emperador Celestial para conseguir la liberación de su madre y de sí misma para poder vivir en calma.

La riqueza de esta historia se encuentra en todas las vicisitudes que Xingyin tuvo que enfrentar para llegar del punto “a” al punto “b”, lo que hace que la trama tenga varios giros de tuerca que nos muestran la belleza de las leyendas orientales: magia elemental (como en “Avatar, la Leyenda de Aang”), reinos maravillosos y peligrosos, romance, traición y hasta la aparición de dragones legendarios.

Este texto es un “must” para todos los que aman la literatura fantástica y las historias épicas, dignas de adaptaciones de gran renombre como “Harry Potter” y “Las Crónicas de Narnia”, aunque también podrán disfrutarla aquellas personas que se hayan cansado de los mitos del viejo continente y busquen algo nuevo y fresco pero que no pierda ese encanto de antaño.

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