Hou Hsiao-hsien, la inevitabilidad del movimiento del tiempo
Una exploración del cine de este cineasta taiwanés a partir de la retrospectiva llevada a cabo en el FICUNAM 15.
En esta edición del FICUNAM se le dedicó una retrospectiva al cineasta taiwanés Hou Hsiao-hsien titulada Mañana, hace mucho tiempo en la que se proyectaron varias películas de su amplia filmografía como Millenium Mambo, Café Lumiére, Flores de Shanghai, La Asesina y más. Tuvimos la oportunidad de ver varias de estas cintas, algunas en formato digital y otras en 35 mm, y no podíamos dejar pasar la oportunidad de hablar de ellas, pues en ellas encontramos una meditación de lo que implica el paso de la vida. En el cine de Hou, el tiempo es esencial, nadie más captura su paso de una manera tan realista y a la vez tan distante, pues lo que nos muestra parecen memorias y a la vez son nuestro presente. Es por eso que para hablar de estas películas, lo mejor sería hacerlo de forma cronológica, pues si bien entre ellas no hay ninguna conexión como tal, los cambios que nos muestran de la vida a lo largo de tres décadas son palpables en las imágenes.
El Tiempo de Vivir y el Tiempo de Morir (1985)
Película semi-autobiográfica en la que Hou Hsiao-hsien nos cuenta los recuerdos de su infancia cuando él y su familia se mudaron de China a Taiwán con la esperanza de tener una mejor vida y en algún punto regresar a su tierra natal. Hou presenta sus memorias como viñetas que no siguen una trama de una forma tradicional, pues solo nos muestra algunos momentos claves de su infancia o al menos los que han dejado suficiente marca en él para ser puestos en imágenes. Se podría calificar a la película fácilmente de ser un coming of age, sin embargo la obra de Hou está naturalmente alejada del individualismo y asimilación del sistema que es característico del sub-género en la cultura occidental, en cambio Hou no solo se representa a si mismo, sino toda su familia y a la comunidad del pueblo en el que vivía. Lo que Hou retrata es el descubrimiento de lo que implica el flujo de la vida, exactamente lo que nos dice el título, y que entre estos dos puntos la mayoría de los eventos que suceden a nuestro al rededor están fuera de nuestro control. El Tiempo de Vivir y el Tiempo de Morir trasciende de ser el retrato de la infancia de una artista y se vuelve también un retrato de la sociedad taiwanesa con todos los cambios que vinieron luego de la Segunda Guerra Mundial. Es una película desgarradora.
Polvo en el Viento (1986)
Última parte de una trilogía junto a El Tiempo de Vivir y el Tiempo de Morir y A Summer at Grandpa’s, basada en las memorias del guionista Wu Nien-Jen en las que cuenta su paso de la adolescencia a la adultez. De manera similar a la película anterior, Polvo en el Viento no habla tanto de los personajes principales sino que engloba la situación en la que se encontraban los adolescentes a mediados del siglo pasado en Taiwan, teniendo que elegir entre la vida del campo o encontrar mejores oportunidades en la ciudad. La quietud con la que Hou dirige esta cinta hace que la tristeza que reside en su interior no se note quizá hasta los últimos minutos, en donde la audiencia debe permanecer junto al protagonista quien contempla lo que será su futuro en un pueblo y una industria que se dirige a ser desaparecida por la modernidad. Hou nos confronta con este sentimiento y experiencia común de la humanidad, la vida se mueve y no espera a nadie ni nada y la mejor forma para Hou de representarlo es a través de los trenes, pues en incluso en un solo viaje se encuentra la diferencia entre quedarse o seguir adelante.
Adiós Sur, Adiós (1996)
Mientras que en occidente el cine de gánsters incrementaba su popularidad por películas de Martin Scorsese, Quentin Tarantino, entre otros, Hou Hsiao-hsien se integraba al subgénero, solo que muy a su propia manera. Hou sigue la vida de varios adultos jóvenes que buscan ganarse con que vivir de una u otra forma, legal o ilegal, sin poner nada de juicio moral sobre sus acciones y se dedica a simplemente retratarlos desde una perspectiva intima. Si en las cintas pasadas Hou nos presentaba la vida después de la guerra, en Adiós Sur, Adiós nos muestra en su presente lo que ha sido de esa gente y sus descendientes que migraron a la ciudad en busca de oportunidades que parece que después de unas décadas estas se acabaron y ese mismo desplazamiento que los movió del campo a la ciudad ahora los orilla a buscar una vida en el extranjero.
Pero viajar es costoso y la vida criminal no es fácil como se cree, por eso Hou no muestra mucho interés en lo que sus personajes hacen en sí, sino en la desesperación que esconden por escapar o atenerse a las consecuencias de permanecer donde están. Las imágenes de Hou como es usual son largas y de mucho silencio, en este caso más allá de retratar la mundanidad de la vida de sus personajes, también crea una atmósfera de podredumbre, las carencias materiales y emocionales se materializan en las sombras, un constante recordatorio o un aviso de hacia donde se dirige esta historia, más allá incluso de cuando comienzan los créditos.
Millenium Mambo (2001)
En la primera toma de esta cinta, una voz nos presenta a la joven mujer que vemos correr en cámara lenta a través de un pasillo, nos cuenta quien es y la situación complicada en la que se encuentra y como piensa salir de ella, sin embargo lo dice como una mera ilusión, como si no lo creyera posible. La voz que nos habla es Vicky y la mujer que vemos en pantalla es ella misma en el 2001, diez años antes del punto en el que nos está contando la historia. Con el cambio de siglo, Hou Hsiao-hsien hace otro retrato de la sociedad taiwanesa en este periodo de la historia, sin embargo más allá de centrarse en el contexto social y político, nos muestra el aire de esperanza que se respiraba al inicio del siglo y a la vez la incredulidad de que mejores tiempos se avecinaban.
La historia al tratarse de una serie de memorias se cuenta de forma desordenada, a veces con saltos de tiempo casi imperceptibles que dificultan encontrar una conexión clara entre cada viñeta, por lo que es fácil perderse tratando de encontrarle un sentido lógico a lo que sucede en pantalla. Sin embargo las imágenes que Hou nos muestra se transmiten con el caos de las emociones y estas emociones están en conflicto por lo que se sentía en el presente y lo que se siente al recordarlas. Hou mira con compasión a su protagonista, no pone ningún juicio sobre ella y las decisiones que toma, misma compasión que Vicky demuestra al narrar su propia historia en el futuro, solamente observa a Vicky de cerca para que podamos empatizar con ella aún si no podemos comprender del todo su actuar. Esto se logra también gracias a la interpretación de Shu Qi, en la primera de varias colaboraciones con Hou, pues nos cautiva con su mirada que refleja una profunda tristeza y un anhelo por algo mejor que su cuerpo no corresponde.
Millenium Mambo termina por ser una representación de un síntoma de la tristeza humana que muchas veces pasa desapercibido, la pérdida de la capacidad de imaginar un futuro mejor que nuestro doloroso presente. Y si bien el cineasta nos hace caer en esa misma tristeza que su protagonista, hacia el final nos regala un poco de esperanza al recordarnos que lo que estamos viendo son memorias, por lo tanto ese futuro inimaginable sí existe, no importa lo complicado que sea llegar a este. La vuelta del milenio trae a un Hou con mesurada esperanza.
Café Lumiére (2005)
La influencia de Yasujiro Ozu siempre estuvo presente en el cine de Hou Hsiao-hsien, sin embargo para esta cinta decidió llevarla a otro nivel trabajando con la productora Shochiku en Japón que comisionó el proyecto por los cien años desde su nacimiento. Hou sigue algunos de los temas comunes de Ozu como la familia y se mantiene cerca de su estética y lo hace para marcar un contraste de lo que era la sociedad a mediados del siglo pasado como la retrató Ozu y como es a inicios de este siglo en el que queda en manos de Hou imaginar como la habría captado con sus imágenes. Siguiendo a una protagonista que parece más preocupada por encontrar un café que por su embarazo, Hou se entromete en los lugares más recónditos de Tokyo, absorbiendo lo detallado de su aspecto y lo estruendoso de sus sonidos, los cuales no tienen un efecto abrumante en las personas que la habitan y por lo tanto la audiencia aprende a vivir entre el ruido. Aunque carece de un rumbo detallado, poco a poco podemos ver como Café Lumiére va retratando a una generación de jóvenes que no tienen las mismas prioridades ni buscan mantener los mismos valores de generaciones pasadas, la cual se encuentra petrificada al ver como la modernidad avanza. Sin embargo Hou también observa que en esa asimilación de la modernidad y urbanidad se puede perder de vista el buscar conexiones más profundas que podrían ayudar a afrontar el futuro; en la inmensidad de la ciudad las coincidencias son tan improbables que quizá lo mejor sería verlas como señales. La última toma de la cinta lo dice todo, dos trenes que en un cruce pasan uno sobre el otro, ¿Cuántas veces pasa eso? Tal vez así está programado o tal vez una vez cada cierta cantidad de tiempo, pero eso no importa, lo que importa es presenciarlo y admirarlo.
Tres Tiempos (2005)
Para finalizar tenemos esta película en la que Hou Hsiao-hsien nos cuenta tres historias situadas en tres épocas diferentes y con personajes que son interpretados por los mismos actores, Shu Qi y Chang Chen, cada una con una temática y perspectiva del amor diferente. La primera historia centrada en el puro amor nos muestra la ternura y dedicación de las relaciones cuando estas apenas están comenzando, es un inicio que nos podría dar a entender que Hou seguirá por esta línea esperanzadora que ha estado manejando en sus nuevas entregas, sin embargo con el paso de las siguientes historias se va denotando un profundo pesimismo. La segunda historia que retrata el dolor de una cortesana que no puede conseguir su libertad termina por hablarnos del futuro complicado que depara a Taiwan cuando deje de ser una colonia japonesa, la tercera historia que habla de juventud refleja el temor a perder el rumbo desde tan pronto en la vida. Cada historia va incrementando la sensación de que algo va a salir peor de lo que se espera y al finalizar la película incluso queda duda de si lo que se vio en la primera historia no es más que un pura ilusión, la que se vivía después de estar tanto tiempo en conflictos, quizá se acercaba la calma, quizá no. En Tres Tiempos Hou no quiere se fatalista, tal vez se podría categorizar como realista, solo que es fácil vivir engañado bajo ilusiones de lo que podría ser y lo terrible que es la decepción cuando no lo es.
El cine de Hou Hsiao-hsien son reflexiones de la tragedia que es la existencia humana y esta es que no importa cuanto queramos ignorarlo, en la vida y el tiempo solo hay una dirección, hacia adelante. Es un perpetuo movimiento que no espera a nadie, no se detiene por nadie, no hace excepciones; tampoco distingue entre clases ni naciones, todas tienen su tiempo contado. Por eso no importa si tratas de quedarte estático, su flujo seguirá y te llevará a dónde sea que debas estar, pero la decisión es tuya, muévete o sé movido. Hou lo transmite en sus imágenes, en su estilo, en sus ideas, siempre en constante movimiento y en estos tiempos de inmediatez y rapidez, no hay mejor cineasta que se pueda revisar para sentir aunque sea por un par de horas que el tiempo es más lento de lo usual.
Cinéfilo, crítico, swiftie y procrastinador profesional.






