FICUNAM 15 | ‘Un Techo sin Cielo’, el arte que nos mueve
Ganadora al Puma de Plata a Mejor Película en la sección Ahora México.
Todos en algún punto nos hemos sentido paralizados, incapaces de hacer lo que sea y aún así sentir un terrible cansancio o lo contrario, mantenernos despiertos sin descanso. ¿A qué se debe? A veces es muy fácil señalar la raíz del problema, pero hay veces en las que resulta casi imposible encontrarla y caemos en un espiral de desesperación. ¿Qué se puede hacer al respecto? Esa búsqueda es el punto de partida de Un Techo sin Cielo, la nueva película de Diego Hernández que fue la ganadora del Puma de Plata en la sección Ahora México del FICUNAM 15.
Después de abrir una caja de zapatos, Diego comienza a sentir un severo cansancio que le impide realizar actividades cotidianas y lo deja en cama. Al mismo tiempo, su amiga Liz padece de un insomnio misterioso mientras desarrolla una puesta en escena.
A lo largo de su corta filmografía, Hernández ha ido construyendo un estilo propio en el que desdibuja la línea entre ficción y documental con tramas meta-ficcionales, sin embargo ni aún con eso sus entregas anteriores se sienten tan íntimas y personales como Un Techo sin Cielo. Hernández además de dirigir, producir, escribir, fotografiar y editar esta cinta, también la protagoniza y ya desde ahí nos está diciendo que lo que estamos por ver en la película tiene que ver con su vida personal ¿Qué tanto es real y que tanto es invento? Es irrelevante, lo que verdaderamente importa es que Hernández se sitúa en una posición vulnerable frente a la cámara y la audiencia.
Hernández nos presenta una serie de viñetas en las que él, Diego como personaje, prueba diferentes métodos para luchar contra su inagotable cansancio principalmente recomendados por su madre, algunos como ir al doctor o con un coach de vida son completamente inútiles y ponen a Diego en situaciones incómodas y muy graciosas, mientras que otros como una lectura de tarot lo confunden, pero lo acercan un poco más a lo que está buscando. Por otro lado tenemos la serie de viñetas en las que su amiga Liz se dedica a preparar su producción teatral aprovechando su falta de necesidad de descansar, aunque realmente está trabajando sin saber exactamente cual es su objetivo. Los caminos de Diego y Liz van por separado, incluso cuando están en el mismo lugar difícilmente se cruzan porque uno siempre está dormido y la otra despierta, sin saber que las respuestas a sus problemas podrían estar en el otro.
Hernández tiene en sus manos una película que entre sus momentos de quietud es bastante divertida, pero lo gracioso es fácilmente percibido, lo que cuesta ver más es como el director va despertando emociones más profundas y más complicadas de definir. Al avanzar la cinta se siente una creciente tristeza o nostalgia que es causada por algo sin resolver, algo que podría o no tener algo que ver con la pérdida de su padre, sin embargo ni Diego como personaje y hasta como cineasta parecen estar del todo seguros. Un Techo sin Cielo se vuelve una película verdaderamente especial cuando llega a sus últimos minutos, pues Hernández hace un giro peculiar en el que las capas de meta-ficción convergen en un punto de vista singular y colectivo, o sea que lo que estamos viendo es desde el punto de vista de Diego como personaje, pero también como director y a la vez ese punto de vista se vuelve el de cada persona que conforma la audiencia.
En estos últimos minutos se dice todo puramente con imágenes ¿Y qué se dice? Como la cámara sustituye a nuestros ojos, lo que vemos en pantalla queda totalmente a nuestra interpretación y la mejor decisión que toma Hernández es terminar la película sin mostrarnos dentro de la ficción lo que ha sucedido con él como personaje ¿Por qué? Quizá porque tiene la esperanza de que así como él al hacer esta película ha encontrado la manera de lidiar con sentimientos atascados por la pérdida de su padre hace años, la audiencia también descubrirá que hay algo, puede ser igual una pérdida o algún otro pesar, que les está impidiendo moverse de manera literal y figurativa. Mientras que muchos cineastas han hablado del poder del cine y el arte en general para sanar heridas, Hernández es de los pocos en no explorarlo de una manera que solo se enfoca en el artista, sino que entiende que entre artista y audiencia hay una relación en la que compartir tu obra puede ser un acto de solidaridad.
Un Techo sin Cielo es una película sumamente personal y a la vez abarca emociones tan amplias que no habrá quien no se vea reflejado en su historia. Una historia que se desarrolla principalmente en lo mundano y terrenal, pero que su efecto es trascendental. Hernández se solidifica como una de las voces más interesantes y únicas de la industria del cine actual y lo mejor es que si bien esta es su mejor película, bien podría ser apenas el comienzo de una gran carrera.
Dirección y guión: Diego Hernández
Elenco: Diego Hernández, Lizbeth Félix y Graciela Rodríguez
Cinéfilo, crítico, swiftie y procrastinador profesional.


