Punto de Fuga
Ganadora del Puma de Plata a Mejor Dirección.
Desde el exilio, la directora Bani Koshnoudi retoma material propio, de archivo y tomado clandestinamente desde el 2009 para contar la historia de su familia a partir de cuando la prima de su madre fue arrestada por el régimen de Irán en 1988 y nunca fue vista otra vez.
La directora empieza mostrándonos imágenes mundanas de su vida, de sus familiares y las calles de Irán, mientras que nos cuentan pasajes de violencia, pérdida y represión, pero no es algo que podamos ver, la audiencia se ve forzada a imaginarlo. La directora nos pone en los pies del pueblo iraní que conoce la violencia que les rodea, sin embargo no tiene permitido hablar de ella.
Esta supuesta calma que Koshnoudi maneja en esta primera parte de su documental es un gran contraste contra la segunda parte en la que la violencia deja de ser implícita y se vuelve explícita. Entre videos de protestas y ataques de las autoridades, la directora vuelve a ponernos en los pies de los iranís, en particular las mujeres, que valientemente ponen sus vidas en riesgo para protestar contra la dictadura. Koshnoudi no nos muestra violencia por puro shock, sino para levantar nuestra indignación, crear empatía y si bien no podemos hacer mucho por el pueblo Iraní, al menos reflexionar de lo que podemos hacer por el propio.
Les Habitants
La directora Maureen Fazendeiro sigue la historia de una una familia de refugiados romanís asentados a las afueras de los suburbios de Périgny, Francia. Los habitantes de esta localidad están preocupados por la presencia de esta comunidad migrante y solo unas cuantas personas se dedican a ayudarles a sobrevivir.
Sin embargo Fazendeiro no sigue a los sujetos de este documental de forma tradicional, más bien lo que viven estas personas Fazendeiro lo narra a partir de cartas y mensajes de texto de su madre y sus amigas donde le actualizan la situación de este grupo de refugiados que se enfrentaban al hambre, el frío y la inminencia de ser desplazados.
Nada de eso se ve en pantalla, en lugar de eso Fazendeiro nos muestra imágenes de Périgny, la tranquilidad cotidiana con la que viven sus habitantes, ajenos y hasta voluntariamente ignorantes de lo que sucede a tan solo unos cuantos pasos de sus hogares. Fazendeiro logra algo similar a lo que Jonathan Glazer hizo en Zona de Interés, sin embargo su obra se dirige más hacia hacer sentir a la audiencia la impotencia de darse cuenta que la solidaridad de unos pocos no es suficiente para ayudar a los más necesitados.
Fuego del Viento
Es el día de cosecha en un viñedo, los trabajadores pasan todo el día recogiendo uvas. Llega el final de su jornada y se preparan para descansar, pero una chica se corta por accidente la mano y su sangre atrae la atención de un toro que anda suelto. Ahora todos los trabajadores tendrán que subir a los árboles para escapar de la furia de la bestia. Cuando llega la noche, se dan cuenta de que nadie vendrá a ayudarlos.
El primer largometraje de Marta Mateus comienza con la apariencia de un documental tradicional, planos estáticos que retratan la rutina de los trabajadores de un viñedo en Lisboa. Una vez que se dispara lo que se podría llamar su trama, Mateus mantiene una estética quieta, sin embargo los planos son más complicados, la luz del sol brilla de forma anti natural, así los personajes y la audiencia hemos pasado de habitar un espacio terrenal a uno que está suspendido en el tiempo.
Atrapados en los árboles, estas personas que son una comunidad real en Lisboa reflexionan y cuentan historias reales acerca de la explotación que sufren, lo que parece abrir una especie de portal que desdobla el tiempo y este bosque se habita por personas del pasado y del presente que nos muestran las dinámicas coloniales que ese paso del tiempo no se ha deshecho de ellas. Fuego del viento se convierte en una reflexión de cómo para saber contra que estás luchando en el presente, necesitas no solo reconocer el pasado, sino hasta verlo.





