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Tras el reciente éxito de Obsession, poco a poco los ojos se han puesto sobre las películas dirigidas por creadores de contenido y uno de los casos más sonados y que han sido causa de altas expectativas es Backrooms, película dirigida por Kane Parsons, quien hace cuatro años inquietó al mundo con la creación de este misterioso mundo.

Crear una película a través de este concepto puede parecer un desafío, ya que el trasfondo narrativo podría quitarle fuerza al misticismo que este creepypasta presenta, pero la pregunta que hoy nos abre esta opinión es ¿Kane Parsons logró llevar su producto del internet al cine con éxito? ¿O se quedó en el intento?

Backrooms sigue a Clark (Chiwetel Ejiofor), un hombre cuya vida es un desastre. Su matrimonio se ha terminado, está a cargo de una tienda de muebles en problemas financieros y está sumido en el alcohol. Para ayudarse, Clark asiste con Mary (Renate Reinsve), su terapeuta.

Todo comienza a volverse más inquietante cuando descubre en su tienda una pared, la cual lo lleva a una serie de habitaciones interminables, con un diseño peculiar. Clark se siente atraído por la arquitectura de estos espacios, pero mientras más avanza, él y Mary se verán arrastrados a una pesadilla.

Uno de los mayores aciertos de Backrooms cae en su diseño de producción, retomando lo que Parsons logró construir con Blender y Adobe After Effects es llevado a la pantalla grande para crear una atmósfera inquietante y minimalista, todo gracias al trabajo de Danny Lee Vermette. Hay una fascinación inmensa detrás de este mundo, mientras que los espectadores son invitados a recorrer estos sitios junto a Ejiofor y Reinsve, verlos colarse por puertas pequeñas, espacios profundos y realidades alternativas es inquietante.

Estos escenarios no son sólo atractivos visualmente porque sí, sino que tienen un peso a nivel narrativo, jugando con aspectos sociológicos, que apelan al horror que Parsons propone dentro de esta historia. Hay una inspiración en espacios que recuerdan una supuesta era dorada de abundancia para la clase media y que se presentan como ruinas de una antigua sociedad.

Parte de los puntos fuertes de Backrooms ocurren gracias al guion de Will Soodik, quien se adentra a jugar entre la línea psicológica de Clark y la construcción de estos cuartos, mostrándolos como creaciones anónimas de un paisaje mental. Sin embargo, no todo es perfecto, ya que llega a caer en momentos donde el misterio, más allá de adentrar al espectador, lo aleja con interrogantes que parecen no tener respuesta alguna.

Para los seguidores de Parsons, podrán encontrar disfrute descubriendo la complejidad que la cinta trae a la mesa, intentando averiguar qué es lo que ocurre en este sitio. Sin embargo, para los demás, el tercer acto es en donde Backrooms puede ser motivo de controversia y confusión, ya que ese hipnotismo inicial, termina por convertirse en ambigüedad, las pistas están presentes, para quienes estén familiarizados puede resultar algo evidente y hasta estimular, pero para quien sea ajeno a este mundo podría resultar incluso absurdo.

Backrooms trae grandes ideas a la mesa, el talento de Kane Parsons es innegable, y aunque cuenta con muchos grandes aciertos en su ejecución, y parte de su funcionalidad también es gracias a que Reinsve y Ejiofor logran cumplir con el reto que esta cinta impone, la realidad es que la película se queda en un punto medio. Una vez que intentas buscar respuestas y explicaciones porque el misterio parece que lo exige, te encuentras con una pared o un camino sin salida, casi sin contexto alguno.

 

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