‘Babygirl: Deseo Prohibido’, el peligro de reprimir el placer
Una película que explora las consecuencias de reprimir lo que nos causa placer.
Reseña | Babygirl
Por más que pasan los años el sexo no deja de ser un tema taboo, hasta se considera imprudente siquiera la mención de la palabra, ya ni se diga entonces sobre hablar de fetiches y otras prácticas sexuales que se salen de la norma. El cine popular ha sido impactado por esta vuelta al conservadurismo en las generaciones más jóvenes y cada año las películas reducen más y más su contenido sexual, al punto en que cualquier imagen mínimamente gráfica es causa de polémica en redes sociales. Muchos cineastas, en especial mujeres, se han resistido a este cambio y planean cambiar la corriente de nuevo, una de ellas es Halina Reijn con su nueva película Babygirl: Deseo Prohibido que explora las consecuencias de contener nuestras fantasías más oscuras.
Romy es la CEO de una exitosa compañía que se encuentra en un punto de transición por lo que en ese momento se encuentra mucho más ocupada y presionada de lo normal. A sus preocupaciones se suma la llegada de nuevos becarios a la empresa, entre quienes se encuentra Samuel, un hombre joven encantador que rápidamente capta la atención de Romy por su actitud sin vergüenza. Con Samuel, Romy por fin encuentra una persona con la que puede cumplir sus fantasías más escondidas, lo que la lleva a sostener una aventura con él que podría poner en riesgo todo por lo que ha trabajado, su familia y su trabajo.
Desde el minuto uno, Babygirl está repleta de escenas de contenido sexual explícito que van subiendo de gravedad (por así decirlo), la reacción de la audiencia dependerá del tipo de persona que se cada uno. Para algunos los actos cometidos entre los personajes interpretados por Nicole Kidman y Harris Dickinson serán tan depravados que la película raya en la pornografía. Para otros le falta mucho para ser realmente atrevida o provocadora, que en realidad es bastante suave a comparación de todo lo que puedes encontrar en internet. O tal vez lo que se muestra en pantalla despierte un gusto que estaba escondido en tu interior ¿Quién sabe?
Halina Reijn muestra estas escenas de sexo, porque son eso, sexo, una parte cualquiera de la vida humana general. La intención real se encuentra justo en la reacción de la audiencia, cada quien pone un juicio sobre el acto basado en lo que sabe, en lo que no sabe, en lo que cree que son los valores que valen la pena defender. ¿Cómo te sientes sobre las relaciones entre mujeres mayores y hombres jóvenes? ¿Las relaciones entre jefes y empleados? ¿Las dinámicas de sumisión? La película confronta la audiencia con estas ideas ¿Con qué fin?
Más que un thriller erótico, Babygirl es un estudio de personaje de una mujer que siempre ha estado en control de todos los aspectos, excepto uno, que la hace sentir una vergüenza inmesurable y por eso solo puede practicar en secreto. Reijn nos lleva a observar como esta mujer se hunde en ansiedad por mantener este secreto lejos de la gente que más quiere y sus compañeros de trabajo, independientemente de lo que sintamos acerca de lo que hace. Reijn espera que la audiencia sienta empatía por esta personaje, ver que lo que le está pasando le causa gran dolor y que los actos sexuales que realiza son un gran alivio, tal vez nosotros también lleguemos a sentirlo. Aquí la actuación de Kidman se vuelve de suma importancia, en cada expresión de incomodidad y cada respiro cortado podemos ver el interior de esta mujer que a cada segundo debe tomar decisiones entre lo que debe hacer y lo que quiere hacer, y el gran esfuerzo que pone en fingir que todo está bien.
Ante todo es de admirar que una actriz de este calibre y en especial a su edad se atreva a hacer un papel que requiera mostrar su físico de una forma tan abierta e intima, cosa que comparte con Demi Moore en La Sustancia. El conflicto interno de el personaje de Kidman no sería comprensible si no fuera por la presencia de Dickinson, quien aparece para apoderarse de la pantalla con su sencilla sensualidad y personalidad dominante nos captiva. Cada vez que Kidman y Dickinson comparten pantalla hay una gran cantidad de emociones que se derrochan de manera apasionada.
Lo que busca Reijn es que el público empiece a darse cuenta que más allá de lo deplorable ( o no, está abierto a debate) de las acciones de Romy, podamos ver que ninguna de ellas tendría que haber sucedido si desde el inicio hubiera podido practicar sus fantasías si culpa, vergüenza y auto-desprecio. Para Reijn lo recriminable no son las relaciones con desbalance de poder, o la infidelidad, o los fetiches de sumisión, para ella lo recriminable es que la gente tenga que vivir con miedo de explorar su sexualidad por lo que pueda pensar las personas a su alrededor e incluso lejanas. ¿Cómo podría llegar la gente a pensar de la misma manera? La esperanza es que al final la audiencia comprenda la libertad de esta personaje como algo positivo y ahí empezar su propio camino a la liberación.
Babygirl es una película transgresora, provocativa, pero no por las razones que podrían parecer obvias, eso la hace una propuesta mucho más radical que resalta entre otras películas que han intentado traer el thriller erótico de regreso y fallan por apegarse a las reglas del pasado. En su corta filmografía, Halina Reijn apunta hacia la reinvención de narrativas conocidas y con Babygirl se posiciona entre las cineastas emergentes a las que más hay que prestar atención.
Titulo original: Babygirl
Dirección y guión: Halina Reijn
Elenco: Nicole Kidman, Harris Dickinson, Sophie Wilde, Esther McGregor, Vaughan Reilly y Antonio Banderas
Cinéfilo, crítico, swiftie y procrastinador profesional.


