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Reseña | El Testamento de Ann Lee

Después de El Brutalista, Mona Fastvold y Brady Corbert se vuelven a reunir en El Testamento de Ann Lee, con Corbert como productor y co-escritor, con Fastvold bajo la dirección. Esta película se adentra en la vida de la Madre Ann Lee, quien en el siglo XVIII fue la líder de la Sociedad Unida de Creyentes en la Segunda Aparición de Cristo, mejor conocidos como Shakers. Llega a cines de México este fin de semana.

¿De qué se trata El Testamento de Ann Lee?

Un día después de su trabajo, Ann Lee, su hermano William y su sobrina Nancy, asisten a una reunión de una secta expulsada de los cuáqueros que predicaban que la Segunda Venida de Jesús sería a través de una mujer. Ann y su familia quedan fascinados instantáneamente por los movimientos que los participantes realizan para rezar y expiar sus pecados y deciden unirse a su religión. Con el tiempo, los Lee pasan de ser fervientes seguidores a ser líderes de esta comunidad. Entre sus miembros, Ann conoce a su esposo Abraham, con quien intenta tener hijos en cuatro ocasiones, resultando en la muerte prematura de los bebés. Después de ser aprisionada por un par de semanas, negándose a ingerir alimento, Ann tiene una visión en la que descubre que la única forma de que alcanzar la plenitud espiritual es a través del total celibato. Es así que Ann se convierte en Madre Ann, líder y mesías de los Shakers y tiene como misión expandir su mensaje y atraer más seguidores a su fe, sin embargo ella y sus compañeros se enfrentarán a un gran y violento rechazo ¿Qué tan lejos tendrá que ir Ann Lee para transmitir su fe?

Fe con convicción

Puede que Mona Fastvold y Brady Corbert no crean en la ideología y fe que Ann Lee predica, que religión practican o no es de poca relevancia, lo importante es que en su representación de la Madre Ann nunca se pone en duda su fe, sus creencias, su ideología y su convicción en que está haciendo lo correcto para lograr sus objetivos. Ni siquiera cuando se toman con un poco de humor los pasajes más convenientes o inusuales de la historia de esta mujer y sus seguidores no hay ninguna intención de revelar una verdad escondida o de destapar un fraude, pues todo lo que vemos a través de la perspectiva de Ann y los personajes que la rodean es totalmente real.

Que es verdad y que es mentira de esta historia no es lo que interesa explorar a Fastvold y Corbert, ni el funcionamiento de los primeros cultos como los que hoy conocemos, sino indagar en la mente y corazón de una mujer que lo daría todo por su causa; o tal vez no exactamente todo y que quizá esa sea la causa de su ruina. La dirección de Fastvold es de suma sensibilidad, de nuevo, poco le importa proyectar sus propias creencias en su obra, pero lo que si podemos notar es lo mucho que la cineasta concede gran empatía a la protagonista y busca que nosotros también alcancemos esa conexión con ella, si no es por sus palabras, al menos por como las dice. Fastvold nos muestra la vida de Ann para que veamos las razones detrás de todas sus decisiones, el por qué cree en lo que cree, no hay juicio ni busca justificarla de ninguna manera, solo que la audiencia pueda ver que la pureza religiosa de Ann tiene una raíz complicadamente humana.

Una vez que Fastvold nos ha adentrado a la vida de su protagonista nos lanza de golpe junto a ella a una nueva forma de experimentar la vida y de expresar emociones, la película se convierte en algo más que un drama biográfico y pasa a convertirse en una épica musical. Para conectar con Dios, los Shakers realizan una serie de movimientos que parecen venir de un impulso en su interior, en sus inicios donde la película se desarrolla, la música y las coreografías no era parte de esta práctica, Fastvold decide representarlas así para mostrarnos esta visión idealizada que viene desde la mente de Ann y que se contagia a quienes la rodean. La música de Daniel Blumberg y las coreografías de Celia Rowlson-Hall no buscan tener armonías perfectas ni pasos bien delineados, sino capturar la crudeza y espontaneidad del éxtasis religioso que esta comunidad experimenta, y a la vez manteniendo una estética impecable.

¿Amenaza del exterior o interior?

Sin embargo ese éxtasis tiene fecha de caducidad, pues apenas tanto Ann como nosotros empezamos a experimentarlo, fuerzas exteriores se oponen a que su poder se expanda y lo hacen con intimidaciones llegando hasta la violencia física. El rechazo que sufre Ann y su comunidad no solo es religioso, pues además de predicar una fe diferente, los Shakers también vivían en condiciones equitativas, de género, de clase y de raza, una estructura que para el siglo XVIII era particularmente progresista. Fastvold no nos quiere convencer de que Ann Lee y los Shakers estarían de acuerdo con conceptos modernos de igualdad, pero si nos deja ver un poco de admiración en como Ann defiende estos ideales ante gobiernos conservadores.

La vida pacífica de los Shakers se ve amenazada por la violencia del exterior, los ideales conservadores limitan el alcance de llevar un estilo de vida menos conflictivo a otras personas. Sin embargo esos limites que vienen desde prejuicios puritanos no solo aparecen en el exterior, sino que vienen también desde el interior, lo que Fastvold nos muestra de Ann Lee es que su visión de la familia y traumas sobre la sexualidad han formado en ella conceptos que no se atreve a romper. ¿Podrían los Shakers haberse expandido naturalmente si no hubieran sido forzados al celibato? ¿Podrían las fuerzas del exterior haber sido menos agresivas?

Al día de hoy solo quedan tres miembros de los Shakers, uno de ellos se unió después del estreno de esta cinta. ¿Podrían haber sido muchos más de haberse reproducido naturalmente? Fastvold no tiene respuestas al respecto, pero si nos dice que esa convicción que Ann Lee usaba para convencer a sus seguidores también se convirtió en un obstáculo, la inmovilidad de sus valores evitaron que su movimiento, valga la redundancia, se moviera. La tragedia de los Shakers es que ya sea por las reglas del mundo o por sus propias reglas, su secta estaba destinada a perecer, tarde o temprano.

Amanda Seyfried entrega la mejor actuación de su carrera al interpretar a Ann Lee como una mujer que mantenía sus pies pegados al suelo y a la vez conectada a lo divino. Sus movimientos y su canto son imperfectos y no por falta de habilidad, sino porque Seyfried expresa lo que su cuerpo le indica en el momento, canta y baila con el alma. Conforme avanza la cinta, vemos como Seyfried trata de mantener una cara de seguridad y confianza, pero en sus ojos nos deja ver que Ann Lee se desmorona por dentro mientras a más violencia se enfrenta.

Conclusión

El Testamento de Ann Lee es una película poco convencional, no es exactamente un musical, es una épica histórica, una biografía semi-ficticia, tiene rasgos de fantasía, en pocas palabras es una cinta que como todo lo que es diferente e inusual, seguramente causará división de opiniones. Sin embargo los que se dejen llevar por el poder de su música, sus movimientos y sean capaces de conectar con la imagen de esta mujer que daba su vida por lo que creía, entonces se encontrarán con una experiencia especial.

Título original: The Testament of Ann Lee

Dirección: Mona Fastvold

Guión: Mona Fastvold y Brady Corbert

Elenco: Amanda Seyfried, Lewis Pullman, Thomasin McKenzie, Christopher Abbott, Viola Prettejohn, David Cale, Stacy Martin, Scott Handy y Tim Blake Nelson

 

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