1 de septiembre de 2026
Flor Rudbeckia hirta, conocida como Black-eyed Susan.
NaturalezaPolinizaciónUltravioleta

Las flores tienen patrones ultravioleta que nuestros ojos no pueden ver

Muchas flores contienen señales visuales que quedan fuera de nuestra percepción, pero resultan visibles para abejas y otros polinizadores.

Una flor puede parecer amarilla, blanca o morada a nuestros ojos y, al mismo tiempo, contener contrastes que nosotros no percibimos. Parte de esa información está en el ultravioleta, una región del espectro electromagnético que queda fuera de la visión humana.

Para algunas abejas y otros polinizadores, esas marcas sí forman parte del paisaje. Smithsonian Gardens explica que flores como las Black-Eyed Susans, aparentemente uniformes para nosotros, presentan guías de néctar que ayudan a dirigir al visitante hacia el centro de la flor.

Dos sistemas visuales

La misma flor contiene información distinta según quién la mire

Los humanos vemos una franja limitada del espectro. Las abejas cuentan con receptores sensibles a longitudes de onda que incluyen el ultravioleta, de modo que algunos contrastes invisibles para nosotros forman parte de su percepción normal.

Eso no significa que una fotografía ultravioleta reproduzca exactamente “lo que ve una abeja”. Las imágenes UV son registros técnicos que hacen visible para nosotros una parte del espectro que nuestros ojos no detectan. Sirven, sin embargo, para revelar patrones que de otra manera pasarían inadvertidos.

Comparación de una flor Rudbeckia bajo luz visible y registro ultravioleta.
Comparación entre luz visible y registro UV en Rudbeckia. El contraste alrededor del centro se vuelve mucho más evidente bajo ultravioleta. Crédito: Brandon Antonio Segura Torres y Priscilla Vieto Bonilla / Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0.
Ojo humano

Detecta el color visible de pétalos y centro, pero no registra directamente los contrastes que solo aparecen en ultravioleta.

Polinizador sensible a UV

Puede incorporar esas diferencias de reflectancia como parte de las señales que utiliza al aproximarse y explorar una flor.

Guías de néctar

Una señal que apunta hacia la recompensa

Smithsonian Gardens define las guías de néctar como marcas florales, en ocasiones visibles únicamente bajo luz UV, que ayudan a conducir a los polinizadores hacia el polen. El National Park Service añade que muchas flores organizan sus colores visibles y ultravioletas en patrones que dirigen a los visitantes hacia las zonas donde se encuentran néctar y polen.

La comparación con “luces de pista” que utiliza el NPS resulta útil porque describe la función sin convertir a la flor en una señal de tránsito literal. El polinizador sigue contrastes, formas, olores y otras pistas. El patrón UV es una pieza más dentro de ese conjunto.

Comparación de una flor Mimulus en luz visible y ultravioleta.
Una flor de Mimulus comparada en luz visible y ultravioleta. El registro UV revela diferencias que funcionan como guía hacia el centro. Crédito: Plantsurfer / Wikimedia Commons.
Evolución y eficiencia

La flor también tiene interés en que la visita salga bien

La relación entre planta y polinizador funciona porque ambos obtienen algo. El animal encuentra alimento en forma de néctar o polen, mientras la planta aumenta las posibilidades de que su polen sea transportado a otra flor compatible.

Smithsonian Gardens señala que plantas y polinizadores han evolucionado juntos durante millones de años y que esa relación produjo adaptaciones físicas y de comportamiento en ambos lados. Color, aroma, forma de la flor y guías de néctar forman parte de esa negociación biológica.

Importante: no todas las flores presentan el mismo tipo de patrón UV ni todos los polinizadores perciben el mundo de la misma manera. La idea útil aquí es la diversidad: distintas especies han desarrollado señales distintas para organismos con capacidades sensoriales diferentes.
Rudbeckia fotografiada mediante un filtro de paso de banda ultravioleta.
Registro ultravioleta de Rudbeckia mediante filtro de paso de banda. Crédito: Brandon Antonio Segura Torres y Priscilla Vieto Bonilla / Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0.
Lo que queda fuera de nuestro espectro

Un jardín contiene más señales de las que podemos mirar

Cuando observamos una flor solemos asumir que sus colores están completamente expuestos frente a nosotros. La biología recuerda que nuestra percepción también tiene límites. Otros animales recogen información de longitudes de onda, olores, campos eléctricos o vibraciones que no forman parte de nuestra experiencia cotidiana.

Las marcas ultravioletas de una flor son un buen ejemplo porque están literalmente sobre los pétalos y, aun así, necesitamos una cámara o un filtro adecuado para hacerlas visibles. Para una abeja, en cambio, pueden formar parte de las pistas que convierten una mancha de color en un lugar donde vale la pena aterrizar.

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