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Reseña | El Sonido al Caer

¿Por qué pasamos tanto tiempo pensando en la muerte? Si estando en vida tenemos todo a la mano ¿Qué pasa que nos hace pensar tanto en cómo sería desvanecerse?  ¿De dónde viene esta fascinación o preocupación? Encontrar la respuesta a estas preguntas podría requerir perder la vida mientras aún se vive. ¿Y qué si la respuesta solo se pudiera encontrar con el paso del tiempo o hasta después de la vida? Desde esa idea parte la historia multi-generacional que Mischa Schilinski cuenta en su segunda película El Sonido al Caer, ganadora del Premio del Jurado en el pasado Festival de Cannes y que ahora se presenta en la 78 Muestra Internacional de Cine de la Cineteca Nacional de México. 

¿De qué trata El Sonido al Caer?

A lo largo de un siglo, cuatro generaciones de mujeres conviven en la misma granja en Altmark. Cerca de la Primera Guerra Mundial, una niña llamada Alma observa a su familia mientras sufren numerosas pérdidas y a su hermano mayor que es impedido de ir a luchar por un ‘accidente laboral’.  En la siguiente guerra, Erika fantasea sobre como sería vivir sin una pierna igual que su tío Fritz y lidia con una aparente atracción hacia él. Angelika, una adolescente en la Alemania del Este en los 80’s, se enfrenta a las miradas de los hombres que la rodean, incluso de su familia. A inicios de este siglo, en el río cerca de su nuevo hogar, Rainer conoce a una niña que ha perdido a su madre y se pregunta como sería vivir en su lugar. 

Las experiencias que trascienden el tiempo

Schilinski comienza su película mostrándonos de forma quieta la cotidianeidad de las diferentes mujeres que protagonizan su historia, intercala entre línea de tiempos sin previo aviso, dejando a la audiencia con la labor de encontrar en que época se desarrollan. Así se va desenvolviendo frente a nuestros ojos esta historia de mujeres que varias comparten una conexión sanguínea, otras simplemente han vivido en la misma casa en diferentes momentos de la historia, sin embargo mientras más avanza la trama descubrimos que entre ellas hay vivencias que si bien no son exactamente iguales, las dejan con sensaciones que las otras, años más tarde o después, también experimentan. Estas vivencias van desde lo común de la infancia, el juego, la exploración del entorno, la curiosidad; comportamientos que más tarde se convierten en deseo, en la exploración del cuerpo, en sentir la percepción de otros. La directora nos muestra como la experiencia de crecer es extremadamente similar para estas niñas y mujeres y a la vez cada caso es particular, en esos paralelos hay algo que es natural y al mismo tiempo es prueba de una conexión que va más allá de lo terrenal.

La historia contada por fantasmas

Schilinski nos muestra eventos mundanos, pero la forma en la que lo hace poco a poco comienza a despegarse más y más de la realidad, su cámara en momentos es quieta, observa como si fuera un personaje más dentro de la escena y en ocasiones lo es, en otras es la mirada de algo o alguien que no está ahí de forma física. Las voces que de vez en cuando hablan a la audiencia parecen ser las dueñas de esos ojos que observan las escenas, voces de personas que ya no están, como si sus almas regresaran para contarnos de los hechos que vemos o que no vemos en pantalla. Es así que El Sonido al Caer se convierte en una especie de historia de fantasmas, en la que estos espíritus conjuran los recuerdos de estas mujeres, no solo de las protagonistas sino de todas las que les rodean, y navegan entre ellos sin un orden en particular. La cámara hace la transición de una época a otra, como si algo se estuviera moviendo a través del tiempo y se lleva a la audiencia de la mano en este viaje sin un rumbo, siendo de nuevo nuestra labor darle sentido a las imágenes que se nos presentan.  Al escarbar en estos recuerdos no encontramos con que más allá de las conexiones físicas y espaciales, lo que realmente une a estas mujeres es el dolor, la vergüenza, la culpa y demás sentimientos indescriptibles que vienen con la experiencia de vivir y aún más con ser una mujer de cualquier edad en cualquier punto de la historia.

La mirada de la muerte

Alma, Erika, Angelika y Rainer descubren a su propia manera y con sus propias experiencias lo que significa ser una mujer en una sociedad que les trata como objetos, tratando de fingir que el lado positivo de la existencia, la felicidad, el amor, es suficiente para soportar la desdicha que viene con no tener el control de sus vidas. La única alternativa parece ser la muerte y por eso la miran con mórbida curiosidad, o en sueños, en fantasías, sin embargo hay momentos en los que algunas de estas mujeres miran a la cámara ¿A quién miran? ¿A la audiencia? ¿A otro personaje? ¿O es esa otra forma de ver a la muerte? Y esta, a través de las imágenes que estamos observando en la pantalla, les ha devuelto la mirada. Una vez hecha esa conexión ¿Cómo resistir su tentación? Es entonces esa mirada con la que Schilinski dirige su cinta, la mirada de la muerte que lo envuelve todo, está en todas partes, siempre distante y a la vez a un paso de alcance. Es una mirada tan desoladora como es liberadora. 

Conclusión

El trabajo de Schilinski en El Sonido al Caer es reminiscente del de Andréi Tarkovski, en su forma tan espiritual de moverse entre las imágenes, sin embargo emana una voz propia por la sensibilidad con la cuenta el dolor ajeno y que a su vez retrata en ello algo personal. Esta es una obra trascendental que es más fácil describir como un sueño ameno que hacemos todo lo posible porque no se convierta en una pesadilla, un torrente de recuerdos que pasan frente a nuestros ojos con el objetivo de desenmascarar las emociones más dolorosos que tratamos de esconder y que como fantasmas buscan perseguirnos o tal vez enviarnos un mensaje. Descifrarlo es más difícil que sentirlo.

El Sonido al Caer aún se presenta en la Cineteca Nacional de México y próximamente en otras sedes de la 78 Muestra Internacional de Cine como la Cineteca Nacional de las Artes y Chapultepec, CCU y el Cinematógrafo del Chopo. Consulta la cartelera en el sitio oficial de la Cineteca.

Título original: In die Sonne schauen
Dirección: Mischa Schilinski
Guión: Mischa Schilinski y Louise Peter
Elenco: Hannah Heckt, Lena Urzendowsky, Lea Drinda, Florian Geißelmann, Laeni Geiseler, Susanne Wuest, Luise Heyer, Greta Krämer, Claudia Geisler-Bading, Zoë Baier, Luzia Oppermann, Ninel Geiger, Konstantin Lindhorst, Gode Benedix, Filip Schnack y Martin Rother

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