Kevin Smithers: la música que abrió las puertas de «Soy Frankelda»
Theremin, coros y un idioma inventado dieron voz al Topus Terrentus.
Kevin Smithers: la música que abrió las puertas de “Soy Frankelda”
El compositor nos llevó desde las primeras canciones escritas antes de la animación hasta las sesiones orquestales en Budapest, el coro grabado en México y el extraño sonido que marca la entrada al Topus Terrentus.
En una esquina del estudio de Kevin Smithers hay una mandolina. Cerca permanecen una guitarra, un bajo y varios micrófonos preparados para registrar una idea antes de que desaparezca. Su perrita suele dormir por ahí y, según él, también cumple como primera crítica de cada melodía. El espacio no luce como un museo cuidadosamente ordenado. Luce como un lugar donde alguien trabaja. Desde esa habitación doméstica de Los Ángeles comenzó una conversación que terminó atravesando Londres, Valencia, Ciudad de México, Budapest y las puertas del Topus Terrentus.
Una película independiente que comenzó a hacerse escuchar
La conversación empezó por el reconocimiento que actualmente rodea a la música de Soy Frankelda. La partitura aparece en la selección del Public Choice Award 2026 de los World Soundtrack Awards, donde el público puede apoyar el trabajo de Smithers dentro de una lista que reúne producciones y compositores de distintas industrias.
Para Kevin, esa presencia internacional no puede separarse del esfuerzo que permitió terminar la película. Habla del sudor, las lágrimas y las jornadas de Cinema Fantasma con la claridad de alguien que conoce lo complicado que resulta llevar una producción independiente hasta la pantalla. El reconocimiento llega después, casi como comprobante de que aquella terquedad creativa encontró espectadores dispuestos a escucharla.
“Se siente muy bonito ver un proyecto que empezó tan pequeño, creció y ahora recibe atención internacional”.Kevin Smithers · 00:01:05
Las historias aparecieron antes que la profesión
Smithers recuerda una infancia rodeada de música. Escuchaba canciones y construía relatos dentro de su cabeza, aunque todavía no imaginaba una carrera componiendo para cine. Primero llegó la guitarra y la posibilidad de convertirse en músico de sesión. Después descubrió que disfrutaba escribir para otros intérpretes y organizar las piezas que daban sentido a una canción.
El momento de mayor claridad ocurrió al escuchar la música de Elmer Bernstein para To Kill a Mockingbird. La partitura le mostró una forma de reunir sus dos intereses: contar historias y escribir música. Esa revelación, sin embargo, todavía necesitaba años de estudio, mudanzas y trabajos pequeños antes de convertirse en una profesión estable.
Canciones convertidas en historias
La imaginación narrativa apareció mientras escuchaba música en casa y transformaba cada canción en escenas propias.
Formación musical
Durante el último tramo de sus estudios comenzó a orientar su trabajo hacia la composición, los arreglos y la música cinematográfica.
Berklee College of Music
Una beca le permitió estudiar la maestría en música para cine y videojuegos en el campus de Berklee en España.
El oficio dentro del estudio
Una pasantía, maquetas pequeñas, café y muchas horas observando el trabajo cotidiano terminaron enseñándole lo que ningún salón podía reproducir por completo.
“La verdad es que no hay nada tradicional en ninguna carrera artística”.Kevin Smithers · 00:11:39
Kevin no descarta la formación académica. Reconoce todo lo que le aportó, pero también insiste en la distancia que existe entre conocer la teoría y preparar una sesión real. Dentro del estudio aparecen preguntas menos elegantes y mucho más útiles: cómo entregar materiales a un ingeniero, cómo distribuir una sección de cuerdas, qué necesita un orquestador y qué ocurre cuando una decisión escrita en papel llega a manos de músicos vivos.
También observa que el aprendizaje autodidacta tiene hoy herramientas que antes resultaban impensables. Tutoriales, comunidades y acceso directo a profesionales permiten construir una ruta propia. Para él, la formación clásica y el aprendizaje práctico pueden conducir al mismo lugar cuando comparten dos ingredientes difíciles de fingir: pasión y ética de trabajo.
Cinema Fantasma y el diccionario que no aparece en ningún manual
La relación con Cinema Fantasma nació a través de un amigo en común que conocía el trabajo de Kevin. La primera colaboración fue El aprendiz del Fénix. Aquel proyecto permitió que el compositor y los directores empezaran a conocerse antes de entrar al universo de Frankelda.
Smithers describe la relación entre director y compositor como una especie de cortejo. Durante el primer proyecto, ambos lados tantean el terreno. Una palabra como “nostalgia” puede significar cuerdas cálidas para una persona y una armonía incompleta para otra. El compositor escucha, prueba, recibe comentarios y va registrando qué significa cada adjetivo dentro de esa relación particular.
Una indicación emocional, visual o narrativa que todavía no describe una solución musical concreta.
La nota se convierte en decisiones que pueden probarse frente a la escena y ajustarse con el equipo.
“Cuando trabajas con un director por primera vez, casi tienes que empezar a hacer tu pequeño diccionario”.Kevin Smithers · 00:22:27
En proyectos posteriores, ese glosario reduce la fricción. Kevin ya sabe qué entienden Arturo y Roy Ambriz por una textura, una emoción o un grado específico de tensión. La película puede cambiar y el lenguaje musical también, pero la confianza acumulada permite llegar antes a las preguntas importantes.
Antes de que Frankelda se moviera, su universo ya cantaba
En la serie, las canciones originales tuvieron que escribirse antes de la animación. Los personajes necesitaban cantar dentro de escenas que después serían construidas cuadro por cuadro, de modo que la música funcionó como una guía temprana para el ritmo, las interpretaciones y la duración de cada movimiento.
Cuando llegó el momento de desarrollar la partitura instrumental, aquellas canciones ya contenían buena parte del ADN musical del proyecto. Kevin retomó melodías, gestos y relaciones temáticas para llevarlas hacia la orquesta y los coros. La continuidad se escucha incluso cuando los personajes han dejado de cantar: los motivos siguen circulando por el Topus Terrentus y recuerdan de dónde surgió cada emoción.
El theremin
Su timbre marca el umbral entre el mundo cotidiano y el Topus Terrentus. La intención era aprovechar su rareza sin convertirlo en un guiño automático al terror barato.
Un idioma propio
Una lingüista desarrolló el lenguaje interpretado por el coro. Las voces participan en la mitología de la película y parecen comunicarse con sus personajes desde la banda sonora.
Temas heredados
Las canciones compuestas para la serie alimentaron la música instrumental de la película y ayudaron a conservar una identidad reconocible dentro de un relato de mayor escala.
“El sonido del theremin funciona como el umbral entre los dos mundos”.Kevin Smithers · 00:31:27
La elección del theremin resume el criterio que atraviesa la música de Soy Frankelda. Un instrumento asociado durante décadas con platillos voladores y producciones de terror de bajo presupuesto podía caer con facilidad en la parodia. Kevin y los directores buscaron una función específica dentro del relato: anunciar el tránsito hacia un espacio donde las reglas conocidas comienzan a deformarse.
El coro trabaja con una lógica semejante. Sus voces no rellenan la escena con sílabas sin significado ni con ese latín de utilería que tantas películas desempolvan cuando desean sonar antiguas. El idioma fue diseñado para la historia y convierte la masa coral en parte del mundo ficticio.
Budapest puso las cuerdas; México, las voces; Los Ángeles mantuvo unido el proceso
La escala de la música pedía una orquesta y un coro capaces de sostener la dimensión visual de la película. El presupuesto, como suele ocurrir fuera de los cuentos de hadas, seguía existiendo. La producción resolvió esa tensión repartiendo las sesiones entre distintas ciudades y utilizando transmisión de audio para que Kevin pudiera supervisar el trabajo de forma remota.
Ruta de grabación
Sesiones remotas · Supervisión en tiempo realComposición, preparación, comunicación con el equipo y supervisión de las sesiones.
Grabación de las cuerdas con una estructura de costos más viable para la producción.
Registro del coro y de los intérpretes vocales que completaron la identidad sonora.
La tecnología permitió escuchar y dirigir las sesiones a distancia con suficiente calidad para tomar decisiones en tiempo real. La pantalla no sustituyó la sensibilidad de los intérpretes, pero sí evitó que la geografía se convirtiera en una barrera insuperable.
El Cuarteto Somos también muestra cómo una buena mezcla puede ampliar los recursos disponibles. Seis cantantes grabaron varias pasadas; después, las tomas fueron distribuidas y combinadas para construir la impresión de un coro mucho mayor. El resultado conserva respiraciones, pequeñas diferencias y presencia humana, mientras multiplica su escala dentro de la película.
“Con seis cantantes logramos que el coro sonara como si fueran veinticuatro o más”.Kevin Smithers · 00:37:59
La playlist de “Soy Frankelda” también merece su propio espacio
La música de “Soy Frankelda” no solo funciona dentro de la película. También tiene vida propia fuera de la pantalla, algo que siempre se agradece cuando una partitura logra sostener atmósfera, identidad y emoción por cuenta propia.
Escucha la playlist oficial
Spotify · Soy FrankeldaSi quieres entrarle directo al universo sonoro de Frankelda, aquí puedes escuchar la playlist de Spotify integrada dentro del artículo.
Cuando el director pide “más nostalgia”, empieza el verdadero trabajo
Las revisiones ocupan un lugar central dentro del proceso de Smithers. Para él, una nota de dirección suele representar una oportunidad de acercar la música a la película. La partitura no existe para demostrar que el compositor tenía razón en la primera versión; existe para acompañar una escena, un personaje y una intención compartida.
El problema aparece cuando la retroalimentación se expresa mediante conceptos abstractos. “Más suspenso”, “menos brillante”, “más pequeño” o “más opaco” describen sensaciones, pero todavía requieren una traducción. El compositor debe averiguar si el cambio vive en el registro, el tempo, la armonía, la densidad de la orquestación o la manera en que el sonido ocupa el espacio.
“Estamos haciendo cine. Nadie conoce mejor su película que los directores”.Kevin Smithers · 00:42:32
Kevin recuerda una colaboración en la que asociaba el suspenso con sonidos graves. El director, en cambio, reaccionó mejor cuando los violines subieron de registro y acumularon tensión en la zona aguda. Para la siguiente película, esa diferencia ya formaba parte del diccionario compartido.
La anécdota desmonta una lectura demasiado sencilla de la emoción musical. Un tono mayor no contiene toda la felicidad y uno menor no carga por sí mismo con toda la tristeza. La vida ocurre entre matices; la música también. La nostalgia puede escribirse de decenas de maneras y cada una cambia según el personaje, la escena y la memoria de quien escucha.
La inspiración abre una puerta; el oficio obliga a cruzarla
El proceso creativo también contiene jornadas en las que ninguna melodía parece suficiente. Kevin habla del síndrome del impostor, de la presión de los plazos y de esa pregunta inevitable que llega después de comprometerse con un proyecto: “¿Por qué prometí que podía hacer esto?”.
La respuesta rara vez aparece como una revelación perfecta. Hay que sentarse, escribir y probar. A veces una nota pequeña conduce hacia una idea más amplia; otras veces termina descartada después de varias horas. La disciplina evita que la espera por la inspiración se convierta en una excusa con buena prensa.
“Tienes que sentarte a escribir música aunque no haya inspiración. Ahí es donde entra el oficio”.Kevin Smithers · 00:51:16
Después llegan la orquestación, la preparación de partes y el momento en que los músicos reciben la partitura. Escuchar a una orquesta interpretar por primera vez algo que antes existía únicamente dentro de una computadora sigue siendo, para Kevin, una de las mayores recompensas del trabajo.
Las librerías digitales actuales pueden producir resultados convincentes y resolver etapas completas de una producción. Aun así, Smithers percibe una diferencia cuando las frases pasan por intérpretes reales: variaciones mínimas en el ataque, respiraciones, intención y una energía colectiva que ningún archivo ejecuta exactamente de la misma manera.
“Ese veinte por ciento extra de emoción que brindan una orquesta y personas tocando en vivo realmente vale la pena”.Kevin Smithers · 00:52:18
Un largometraje animado, música propia y nuevas bandas sonoras
El cierre de la conversación permitió mirar hacia los proyectos que siguen. Kevin trabaja en un largometraje animado, prepara para finales de año su primer disco de música ajena al cine y planea publicar la banda sonora de Women Wearing Shoulder Pads, producción de Adult Swim.
También permanece pendiente la distribución internacional del soundtrack de Soy Frankelda. La música ya encontró un recorrido dentro de la película; el siguiente paso consiste en permitir que pueda escucharse fuera de ella, sin que Frankelda, Herneval o una puerta interdimensional tengan que aparecer en pantalla para convocarla.
Nuevo largometraje
Un proyecto todavía en desarrollo que mantiene a Smithers dentro de la narrativa animada.
Primer disco propio
Música creada fuera de las necesidades de una película y prevista para finales de año.
Women Wearing Shoulder Pads
La banda sonora de la serie de Adult Swim también forma parte de sus próximos lanzamientos.
La música de Soy Frankelda compite por el voto del público
La votación permanecerá abierta hasta el 15 de agosto de 2026. Dentro del formulario busca “Soy Frankelda — Kevin Smithers” y confirma tu selección.
Una melodía puede comenzar como una nota grabada apresuradamente en el teléfono, atravesar un guion, viajar entre tres ciudades y terminar interpretada por músicos que nunca compartieron la misma habitación. En Soy Frankelda, ese recorrido consiguió algo todavía más difícil: darle continuidad sonora a un mundo construido a mano y hacer que sus puertas también pudieran escucharse.
