‘Valor Sentimental’ es un honesto retrato sobre las relaciones humanas
Joachim Trier nos entrega otra historia sofisticada y sobre todo maravillosa, que conectará con los espectadores en mil formas.
En 2021, Joachim Trier conquistó a las audiencias con The Worst Person in the World, acompañado por Eskil Vogt en el guion y la actriz Renate Reinsve, consiguiendo muchos reconocimientos, incluyendo una nominación al Oscar a Mejor Guion Original.
Ahora están de regreso con Sentimental Value, un drama familiar bellamente dibujado, sutil, pero lleno de profundidad en cada uno de sus diálogos, convirtiéndola en una de las mejores películas del 2025.
Esta historia, cuyo éxito comienza desde su estreno en el pasado Festival de Cine de Cannes, sigue la relación entre Gustav Borg (Stellan Skarsgård), un exitoso director de cine, y sus hijas, Nora y Agnes (Renate Reinsve e Inga Ibsdotter Lilleaas), quienes, a través de la muerte de su madre, se ven en una situación un tanto tensa.

Tras una bella secuencia inicial, en donde el espectador puede remitirse al paso de su historia y la de sus antepasados, conocemos a Nora, una actriz de cine y televisión, quien se encuentra luchando con el pánico escénico en la noche de estreno de una de sus obras. La actuación de Reinsve es feroz y logra transmitirlo a la perfección en Nora, quien, detrás de una breve mirada, nos dice mucho acerca de su personaje, mientras oculta algo que iremos descubriendo a lo largo de la película.
Agnes, por su parte, aunque dedicó un tiempo de su infancia a la actuación, dejó el negocio y decidió comenzar una familia y centrar su vida laboral en algo más, consiguiendo estabilidad en su vida.
Y con el regreso de Gustav a sus vidas, con la propuesta de hacer una película más personal, es que todo el drama de Sentimental Value comienza a desenvolverse. Con una casa de por medio, que, lejos de jugar como solo un escenario más, se desenvuelve como un personaje que también tiene importancia en esta historia y nos permite conocer y descubrir poco a poco qué es lo que se esconde en el pasado de esta familia.

La actuación de Skarsgård es excepcional, presentando a un personaje egocéntrico, sin filtros, inestable, cuyas palabras no llegan a medir la repercusión que puede tener en los demás, especialmente en Nora, quien es más drástica respecto a la presencia de su padre y la ausencia del mismo durante años.
Se contrapone con una Lilleaas, quien, aunque intenta fungir como moderadora y hacer que la convivencia entre todos logre funcionar, su silencio, sus miradas y gestos dicen que hay un gran dolor ocultándose dentro del personaje.
Sentimental Value nos habla acerca de la reconexión con los lazos importantes en nuestras vidas, luego de que estos se hayan visto rotos por algún suceso grande ocurrido en el pasado, y cómo todas las emociones acumuladas pueden llevar y construir la forma en la que funcionamos ante el día a día.

La presencia de la película de Gustav es una forma en la que, como cualquier director que utiliza el arte como terapia, nos muestra cómo el arte es inherente a nuestra naturaleza humana, y en ocasiones, más allá de querer explorar un relato ajeno, puede llevarnos a contar nuestras propias historias.
Pero, al intentar luchar con esa perspectiva, es que Gustav se encuentra con Rachel Kemp (Elle Fanning), una famosa actriz americana, quien, al aceptar participar en la película de Gustav, va comprendiendo poco a poco más su persona, mientras que invita a Gustav de forma indirecta a analizar sus acciones y relaciones con las personas que están presentes en su vida.
Como se mencionó líneas arriba, la casa también juega un papel importante, y es que no es solo un escenario, es un personaje que ha visto las diferentes desgracias y sucesos que esta familia ha tenido que vivir a lo largo de sus años. Piensa en tu departamento, en tu calle, en tu hogar, la construcción y evolución que este espacio ha tenido a lo largo de los años y los relatos de los que ha sido testigo.

Aunque lo dicho en esta reseña podría hacer parecer que Sentimental Value es un relato doloroso y oscuro, lo cierto es que la dirección y guion de Trier encuentran la sutileza suficiente para dictar los tonos correctos de esta película, llevando la historia entre diferentes matices que te hacen recordar lo doloroso, pero también lo bello de la convivencia con aquellas personas cercanas a tu vida.
Destacando una escena en donde una conversación acerca de pequeñas acciones te hace recordar que hay una belleza detrás de las cosas más ordinarias y de las historias que vives con aquellos que te rodean, sobre todo en los momentos sombríos o en aquellos que forjaron parte de tu persona.
No es que Sentimental Value sea una película sombría o cursi, sino que sabe caminar entre la línea correcta para no caer en alguno de esos dos puntos. Después de todo, como las personas, hay una compleja escala de grises que nos caracteriza. Es, en ocasiones, melancólica, pero no melodramática ni trágica. Trier no nos manipula para conseguir dramatismo. Hay un verdadero arte en la forma en que cuenta las historias.

Hay tanta profundidad en las tomas y planos de la película, así como en sus actuaciones; cada uno de ellos sabe dotar a su personaje de tanta profundidad, además de lo establecido por el guion. No solo se trata de las palabras y los diálogos entre ellos, sino también de lo poco o mucho que se dice con un simple gesto.
Esto se representa muy bien con la relación entre Nora y Gustav, quienes parecen diferentes, pero en el fondo son muy similares, y en medio del conflicto, lo que parecería ser un deseo de escape, se contrapone con un anhelo de expresar el amor que hay el uno por el otro, sin saber cómo decirlo.

Trier encuentra en su dirección la manera más sensata de explorarlo, sin intervenir demasiado, y al igual que la vida misma, sin hacer parecer a los patrones emocionales como algo fácil o sencillo de resolver, manteniendo al espectador con los pies en la tierra mientras son testigos de lo que Sentimental Value busca expresar.
El resultado es una de las películas más honestas e íntegras de lo que va de la década. Es compleja y, sobre todo, es humana. Al final, Joachim Trier nos entrega otra historia sofisticada y sobre todo maravillosa, que conectará con los espectadores en mil formas.

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