Esta secuela elimina varios de los errores cometidos en la primera cinta y eleva su calidad de manera exponencial. El centro de la historia ya no es preparar a los campeones para la batalla, sino los combates del torneo en sí. En la primera entrega, el riesgo de perder el torneo y que la Tierra fuera conquistada nunca se sentía realmente como una amenaza; sin embargo, en esta secuela, desde los primeros minutos, uno se pregunta quién será capaz de derrotar a Shao Kahn y cómo podrá hacerlo.
Kitana, Shao Kahn y Johnny Cage son grandes incorporaciones al roster de personajes, y sus participaciones ayudan a mantener el sólido ritmo que tiene la cinta en general. Sus interacciones y química con el resto de los personajes se sienten orgánicas; no opacan ni le restan jerarquía a quienes ya conocíamos, pero sí logran ocupar con fuerza el vacío que dejan las bajas a lo largo del conflicto.
La película resulta sumamente predecible en lo referente a los giros de trama, las decisiones de los personajes, quiénes morirán durante la historia y la forma en la que se resolverá el conflicto final. Sin embargo, la manera en la que todo esto está contado es tremendamente entretenida. Sí, pierde algo de impacto y fuerza narrativa debido a lo predecible que puede ser, pero la entrega anterior cometió el error de tomarse demasiado en serio y, por ello, muchos la consideraron aburrida y lenta en su ejecución. Esta secuela, en cambio, adopta el carácter cínico, fantasioso y sanguinario de los videojuegos, logrando que esa falta de profundidad pase a segundo plano gracias a chistes colocados en el momento adecuado, mucha sangre y combates espectaculares.
Otro punto a su favor es que no abusa de las referencias. Los fatalities, las frases y movimientos característicos de cada personaje, así como sus poderes y los escenarios de batalla, aparecen en la medida justa y necesaria. El resultado es una película que equilibra de gran forma los deseos de los fanáticos con las necesidades del público general; es decir, ofrece una historia fácil de entender, entretenida y bastante digerible.

Los nuevos personajes
Shao Kahn, Kitana, Jade y Johnny Cage son los nuevos rostros de esta secuela, y cada uno aporta presencia escénica, carisma y dramatismo para dotar a la historia de matices y emotividad, incluso cuando el foco principal sigue siendo la acción.
Quienes más destacan son Adeline Rudolph y Karl Urban como Kitana y Johnny Cage, respectivamente, al convertirse en los grandes protagonistas y héroes de esta entrega, algo que, a mi parecer, la película construye de manera orgánica y lógica. Ambas interpretaciones transmiten con eficacia vulnerabilidad e incertidumbre y, cuando la historia lo exige, también valentía, determinación e intimidación.
La incorporación de Shao Kahn era una decisión lógica, y su aspecto resulta realmente imponente. Su casco, su forma de pelear y su icónico mazo imponen miedo desde el primer momento. Es un villano despiadado, cruel y sediento de poder y sangre; uno de esos antagonistas que el público disfrutará odiar.
El arco de Jade es el más flojo de los nuevos personajes principales. Por momentos se percibe desaprovechada y relegada a un papel secundario; sin embargo, conservar su origen y esencia de los videojuegos ayuda a mantener su jerarquía e importancia dentro del desarrollo de la historia.

Entonces, ¿qué es lo malo?
Sin lugar a dudas, uno de sus mayores problemas es su ritmo: monótono y poco arriesgado. Esta secuela es como un auto de carreras recorriendo una línea recta a 250 km/h; empieza con todo y jamás se da el tiempo de bajar las revoluciones. En todo momento ocurre algo para que el guion introduzca el siguiente combate, lo cual no necesariamente está mal, pero, al menos desde mi perspectiva, no todo el público disfrutará que la cinta se mantenga al máximo de adrenalina de principio a fin. Para muchos, ese exceso de acción constante podría volverla una experiencia pesada.
Otro problema importante es relegar a personajes principales de la entrega pasada a roles prácticamente terciarios, especialmente en el caso de Cole Young y Jax. Ambos tienen mucho menos peso en esta secuela, y sus destinos terminan generando un impacto mínimo tanto en el espectador como en la trama. Esto resulta todavía más evidente si tomamos en cuenta que los guionistas prefirieron redimir a Kano antes que devolverle relevancia narrativa a Jax o a Cole.
Karl Urban (Jhony Cage) de lo más divertido en la película , inútil pero al mismo tiempo necesario, en general buena película, divertida entretenida me tuvo siempre atento