‘Nosferatu’: Robert Eggers revitaliza un clásico
Robert Eggers reinventa Nosferatu con su sello personal.
Reseña | Nosferatu
Cada vez que se anuncia el remake de algún clásico todos nos preguntamos ¿Por qué? ¿Para qué? ¿Quién lo pidió? Preguntas que no faltaron cuando se anunció que Robert Eggers, cineasta conocido por La Bruja, El Faro y El Hombre del Norte, dirigiría un remake de Nosferatu de F.W Murnau ¿Por qué un director que se ha distinguido y se ha vuelto tan influyente por su original estilo decidiría rehacer una película tan conocida? No hay que caer en juicios prematuros, porque incluso si no es una historia propia, Eggers tiene mucho que decir con Nosferatu.
Thomas Hutter acaba de casarse con su pareja Ellen, para poder proveerla de una nueva vida, Thomas consigue un empleo en la compañía inmobiliaria de Herr Knock. Como su primer tarea, Thomas deberá viajar a Transilvania para terminar la compra de una propiedad en Wisborg por parte del misterioso Conde Orlok. Las advertencias de Ellen no impiden que Thomas realice el viaje, sin saber que su ausencia dejará a Ellen vulnerable para atender el llamado del vampiro Nosferatu.
Por la superficie este remake de Nosferatu es prácticamente igual que la película original, a lo mucho se le suman elementos de Drácula de Bram Stoker que Murnau había dejado fuera de su adaptación, sin embargo en cuanto a la estructura de la historia Eggers no tiene intención de hacernos creer que lo que estamos viendo es radicalmente nuevo; no se desvía demasiado de la historia del vampiro más famoso de la historia. Cada versión de Drácula y Nosferatu (hay que recordar que este no es el primer remake del clásico, Werner Herzog realizó uno en los 70’s) tiene algún rasgo que las distingue y lo que Eggers hace para encontrar ese rasgo es que en cada punto de la trama trazada por Stoker y Marnau se pregunta ¿Qué más podría haber detrás de esto? ¿Qué llevó a los personajes a tomar esta decisión?
Así el cineasta re-contextualiza la historia para encontrar más matices en ella y en esos matices se encuentran sus propias preocupaciones, sus propias ideas y por lo tanto es capaz se añadir su propia personalidad y estilo. Nosferatu de Murnau era un sencillo relato sobre la lucha del bien contra el mal, cada extremo simbolizado por sus personajes, cosa que no funciona para el estilo de Eggers donde los personajes no suelen ser virtuosos ni nobles y viven atormentados y/o tentados por fuerzas sobrenaturales. Entonces sí, esta es la misma historia que ya conocemos, pero lo que Eggers quiere decirnos con ella es más complicado.
Eggers también retoma un poco del floklore original de los vampiros, cuando su descripción era mucho más sórdida, símbolos de violencia y depravación; figuras malignas que acechaban a los inocentes y puros para consumir la sangre de sus cuerpos. Una idea aterradora para muchos, sin embargo para dspuede algo tan violento ser tan sensual a la vez? Y cuando una persona ha sido víctima de tal acto ¿Cómo puede separar el dolor del placer? Para poder explorar esta dualidad Eggers recurre a centrar su versión de Nosferatu en el personaje de Ellen, quién es la principal víctima del vampiro.
Mientras que en la mayoría de otras adaptaciones de Drácula, Mina Harker (o Frau Hutter en caso de Nosferatu) ha sido plasmada como una damisela en apuros, ella es una representación de todo lo bueno, de nuevo, eso no funciona para Eggers. En su versión, Ellen sí es una víctima de Nosferatu, pero no es una víctima pura que nunca ha hecho mal en su vida, en cambio Ellen es una mujer que ha vivido incomprendida y en soledad, por lo que ha tomado decisiones desesperadas que la descalificarían de ser perfecta. Poco a poco vamos conociendo a Ellen y nos damos cuenta de la razón por la que el Conde Orlok ha puesto su mira en ella; no es por sus virtudes sino por lo fácil que puede ser corrompida.
Eggers busca ponernos en la mente de Ellen y como está lidiando con sus sentimientos acerca de el Conde Orlok, que podamos entender su conflicto interno, pues quiere alejarse de él y a la vez caer rendida a sus pies. A la audiencia le queda claro que esta relación es peligrosa, para ella y todos a su alrededor, sin embargo dentro de ese peligro hay un toque de pasión que incluso nosotros al otro lado de la pantalla podemos captar y nos entra la pregunta ¿Puede el placer obtenido ignorar el dolor que le seguirá? Este conflicto de emociones puede observarse en todo aspecto de la película, en el diseño de producción, los escenarios y vestuario que con fino detalle se acercan lo más posible a la Alemania de esa época. La obsesión de Eggers de mantenerse fiel a la época, junto a su habilidad de crear imágenes cautivadoras (apoyándose en la fotografía de Jarin Blashcke) nos da una experiencia estética placentera y sin embargo estos elementos también están siendo usados para crear una atmósfera tétrica, imágenes que nos perturban.
Lo sublime de las imágenes hace que nuestra mente intente elegir una reacción sobre otra ¿Miedo o admiración? La incapacidad de separarles es lo que causa que se impregnan en nuestra mente. Aunque para el final puede que tengamos una mejor idea de como sobrellevar estas emociones contradictorias, incluso si trae a flote más preguntas de lo que sentimos. Los relatos más impactantes son aquellos cuyos mensajes son atemporales y no dependen de un espacio específico; Eggers ha encontrado como transformar Nosferatu, sin perder su esencia, para que sea una historia sobre y superar relaciones abusivas y la importancia de escuchar a las víctimas. Un tema que fue, es y probablemente será de gran relevancia en nuestro futuro mientras no se tome a las mujeres y sus experiencias en serio.
En un año donde el género de terror nos dio nuevas actuaciones icónicas por sus protagonistas, Lily-Rose Depp destaca por lo salvaje que se siente su interpretación. Depp se expresa como si siguiera sus impulsos más primitivos y a la vez podemos ver que teme a ser algo más que el resto, algo divino. Depp carga con el dolor, la angustia y la pasión de la cinta, sin embargo no está sola en la tarea, junto a ella se encuentra el irreconocible Bill Skarsgård como el Conde Orlok. Incluso debajo de kilos de prostéticos y casi siempre aparecer en siluetas o penumbras, Skarsgård logra emanar una aura dominante, aterradora y para quien tenga el gusto, seductora. No se puede decir mucho de su trabajo porque buena parte de su impacto es el verlo en acción sin saber mucho por adelantado. A ellos los acompañan Nicholas Hoult, Aaron Taylor-Johnson y Emma Corrin haciendo de sus mejores trabajos y naturalmente, Willem Dafoe robándose la atención.
Podríamos decir que Nosferatu es de las mejores obras de Robert Eggers, pero en una filmografía tan corta y excelsa suena hasta redudante, es obvio que es una gran película. También es un gran ejemplo de que los remakes sí pueden ser buenos, pues permiten a artistas crear algo nuevo a partir de expandir, reflexionar, incluso corregir, trabajos del pasado. Y mejor aún, convertirlo en algo personal, Nosferatu podrá ser la milésima adaptación de una misma historia, pero en su alma es puramente una película de Eggers, con la que nos deja claro que en el terror simplemente no hay nadie tan comprometido como él.
Dirección y guión: Robert Eggers
Elenco: Lily-Rose Depp, Nicholas Hoult, Bill Skarsgård, Aaron Taylor-Johnson, Emma Corrin, Ralph Ineson, Simon McBurney y Willem Dafoe.
Cinéfilo, crítico, swiftie y procrastinador profesional.




