‘La Invitación’, las conversaciones que nadie quiere tener
Olivia Wilde está de regreso con esta comedia sobre las relaciones modernas.
Reseña | ‘La Invitación’
Hace ya cuatro años que Olivia Wilde presentó su segunda película, No te Preocupes, Cariño, que más allá de su mediana calidad, estuvo envuelta en una serie de polémicas que giraban alrededor del comportamiento de Wilde en el set. La veracidad de las acusaciones en contra de la cineasta eran de dudosa procedencia, pero eso no evitó que su reputación se viera afectada, así que incluso cuando la película fue un éxito comercial, había muchos que dudaban si Wilde volvería a tener la oportunidad de trabajar en la silla de dirección.
Si de verdad había una probabilidad de que no sucediera, nunca lo sabremos, pues aun si le tomó un buen rato hacerlo, Wilde por fin está por estrenar su tercera entrega como directora, La Invitación, que llega a cines este fin de semana.
¿De qué trata La Invitación?
Basada en la película Sentimental de Cesc Gay. Joe y Angela son un matrimonio aparentemente común; él es profesor de música y ella es ama de casa. Cada vez que cruzan palabras, terminan por discutir sobre algún tema por más mezquino que sea, pero un día Angela le pide que pongan su mejor cara, pues invitó a sus nuevos y excéntricos vecinos, Hawk y Piña, a cenar. Desde que la pareja cruza la puerta, la ansiedad de Angela y el enojo de Joe no dejan de causar situaciones incómodas que arruinan el humor de la noche; sin embargo, lo peor, ¿o mejor?, comienza a suceder cuando ambas parejas revelan sus verdaderas intenciones detrás de esta visita.
El humor de lo incómodo.
¿Cuándo es el momento preciso para terminar una relación? ¿Cuánto tardan dos personas en por fin aceptar que su tiempo juntos ha llegado a su fin? O al contrario, ¿qué necesita una pareja para reavivar su relación? ¿Qué necesitan para superar todos sus problemas e iniciar de nuevo? ¿En una sola noche puede pasar algo así? Sea el resultado que sea. Esto es lo que se pregunta Olivia Wilde en La Invitación y para lograrlo se toma las limitaciones de estas preguntas de la forma más literal posible.
La gran mayoría de la trama sucede en una sola locación y, una vez que llegamos a esa locación, el tiempo que transcurre en pantalla es prácticamente el mismo que en la vida real, pues el guión de Rashida Jones y Will McCormack no da lugar a elipsis. Por eso, la película transcurre en tiempo casi real, lo que significa que los personajes de La Invitación tienen poco menos de dos horas para descubrir cómo se verá su futuro. Y también significa que nosotros como audiencia, como testigos e intrusos de esta velada, para bien y para mal, estamos obligados a vivir cada segundo de esta experiencia.
Aunque lo curioso de La Invitación es que la gran mayoría de sus mejores momentos vienen de la mano de los peores ¿en que sentido? cada interacción incómoda que tienen los personajes te llenará de una grave pena ajena, pero no podrás evitar carcajearte al mismo tiempo. El humor que Jones y McCormack manejan en su guión es sencillo e inteligente; sin embargo, es Wilde la que eleva el material al encuadrar estas situaciones de una manera en la que las limitaciones temporales se vuelven también espaciales.
La cámara nos indica dónde ver y estás forzado a ver cómo la peor elección de palabras sale de la boca de un personaje; igualmente, verás cómo el resto reacciona a lo que acaba de escuchar. Esto es importante porque, poco a poco, Wilde va entrenando nuestro ojo; sus imágenes tienen intenciones específicas detrás de ellas; hay una razón por la que la toma que estás viendo es la toma que estás viendo. Así es que Wilde cambia el lugar de la audiencia de testigos voyeristas a cómplices pasivos.
Las intenciones en el cuerpo
El bloqueo es un arte perdido en el cine moderno; pocos son los cineastas que se preocupan tanto por posicionar a sus personajes y marcar sus movimientos de forma que nos comuniquen algo. Afortunadamente, Wilde no es uno de esos, pues en La Invitación cada posición que toman sus personajes, cada movimiento que realizan, en qué parte de la pantalla se encuentran y cómo la cámara los captura son de suma importancia. Lo más interesante de cómo bloquea sus escenas es que el cuerpo de los personajes nos comunica lo que están a punto de hacer mucho antes de que lo expresen verbalmente. Por eso somos cómplices, porque al observar a estos personajes, incluso inconscientemente, ya sabemos qué están pensando y qué van a hacer.
La naturalidad con la que Wilde maneja a sus personajes viene de lo bien construidos que están en el guión de Jones y McCormack. No necesitamos que se nos hable directamente mucho de sus vidas para sentir que los conocemos, porque lo que los guionistas y Wilde hacen es que nunca los expanden más allá de los arquetipos que son. Joe es un hombre atrapado en el pasado, Angela es una mujer que vive en el futuro, mientras que Piña y Hawk son personas relajadas que viven en el momento. Dos fuerzas inestables, que de por sí ya están luchando entre si, se enfrentan a un objeto inamovible. ¿Quién cambiará a quién? Esa es la pregunta que todos se hacen, cuando la que deberían hacerse es: ¿Por qué alguien debería cambiar?
Cuatro actuaciones estelares
Las cuatro actuaciones que lideran este proyecto son sus pilares, los cuatro actores dan de los mejores trabajos en sus carreras. El primer caso de esto es sin duda Seth Rogen, quien sin necesariamente salirse de su rango que ya conocemos, aun así nos da su interpretación más vulnerable, profunda y sentimental de su carrera. Su mayor logro es hacernos ver el dolor y el arrepentimiento en Joe sin poder expresarlo, además de cómo esconde su creciente enojo conforme avanza la trama.
Edward Norton y Penélope Cruz transpiran tranquilidad, sensualidad y sabiduría, sus personajes son de personalidades ligeras, pero no por eso superficiales, y lo mismo se puede decir de sus actuaciones; puede que parezca que es trabajo fácil, sin embargo, requiere a actores experimentados y muy abiertos para reflejar esa ligereza a la audiencia.
Pero quien se lleva las palmas aquí es Olivia Wilde, que, muy lejos de ser una cuestión de vanidad como muchos actores/directores, ella protagoniza su propia película porque es la elección perfecta para la personaje. Wilde es extremadamente expresiva, poco le importa cómo luce frente a la cámara, pero nunca exagera ni un poco, siempre se mantiene en una raya en la que nos recuerda que esta es una mujer al borde de una crisis y en cualquier momento puede estallar.
Wilde nos hace sentir empatía por Angela, a veces hace que nos ríamos de ella, a veces puede que nos desespere, pero al final no dejamos de verla como una persona quebrada que se merece algo mejor. ¿Qué tan personal es este proyecto para Wilde considerando que es el primero después de su propia separación? Aquí no estamos para especular nada, sin embargo es notable que tanto como actriz y como directora, tenía mucho que expresar.
Conclusión
La Invitación es la película más graciosa que se ha visto en años, no hay nada mejor que verla junto a una sala llena que no puede parar de reír, pero también es una de las películas que mejor captura el punto en el que muchas parejas se encuentran en la actualidad: Atascadas, decaídas, como si ya no se conocieran y ni tuvieran ganas de. ¿Puede una película despertar a alguien de ese limbo? ¿Es una situación sin arreglo? ¿O es posible reavivar la llama? Wilde no nos ofrece ninguna respuesta certera, eso quedará por verse en el hogar de cada quien.
Título original: The Invite
Dirección: Olivia Wilde
Guión: Rashida Jones y Will McCormack
Elenco: Seth Rogen, Olivia Wilde, Penélope Cruz y Edward Norton
Cinéfilo, crítico, swiftie y procrastinador profesional.




