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«Amores Compartidos», caos y diversión no monógama

Covino hace un gran trabajo encontrando el tono adecuado y el ritmo para que todo funcione. 

Si me preguntaran «¿cómo definirías Amores Compartidos?», tomaría algunos minutos para intentar dar una definición exacta, pero tras pensarlo, quizá mi respuesta sería «caos», y antes de ocasionar que el lector evada la película, definiría a esta cinta como caos… de una buena manera.

Y es que la experiencia de Amores Compartidos, o Splitsville, es única, ya que tras entrar a la sala, esperas encontrar una historia de amor… y ciertamente lo es, a su manera. Desde su primera escena en la que seguimos a Carey (Kyle Marvin) y a Ashley (Adria Arjona), sabes que algo diferente está por ocurrir, pues lejos de invadir esos primeros minutos con diálogos melosos, Splitsville te da la bienvenida con una serie de bromas con humor negro, presentándose con una identidad caótica, divertida, pero sensata sobre el tema que busca explorar.

Desde su concepción, Amores Compartidos contiene en su ADN muchos componentes, desde una comedia de amigos, una comedia romántica y una serie de situaciones incómodas pero efectivas, que, más allá de buscar quedarse en un diálogo plano, tienen un trasfondo, acompañado de una serie de encantadoras actuaciones y un comentario respecto al complicado mundo de las relaciones abiertas.

Foto: Kinorium

En Amores Compartidos seguimos a Carey, un hombre que, tras divorciarse de su esposa, Ashley, corre a casa de sus mejores amigos, Paul (Michael Angelo Covino) y Julie (Dakota Johnson), solo para descubrir que la felicidad detrás de esta pareja se encuentra detrás de una relación abierta, la cual se irá desarrollando a lo largo de 105 minutos de duración, en donde los personajes enfrentarán una serie de dilemas, situaciones y cuestionamientos acerca de qué es el amor y si este puede compartirse con alguien más.

El cine, en todas sus formas de retratar y hablar sobre el amor, ha tenido un espacio para hablar acerca de este suceso conocido como relaciones abiertas. Ya sea con Vicky Christina Barcelona, Professor Marston and the Wonder Women u otras cintas, el espacio para explorar este tipo de complejas conexiones, pero la forma en la que Amores Compartidos lo hace es única y refrescante.

Una de las mayores fortalezas de la cinta se encuentra en su guion, escrito por los mismos Covino (quien también dirige) y Marvin, los cuales vuelven a colaborar tras el éxito del 2019, The Climb, y en este proyecto van desarrollando diferentes situaciones por las que los personajes tienen que avanzar a través de una estructura narrativa que invita a la confusión y diversión del espectador, pero mediante diálogos que nos hacen ver cómo es que están aprendiendo a lidiar y adaptarse a esta forma de relacionarse, mientras se cuestionan acerca del amor.

Foto: Kinorium

Acompañando a esa perspicaz escritura, las actuaciones también se encargan de hacer resaltar a cada uno de sus personajes; Adria Arjona, quien nos sorprendió en Hit Man, nos demuestra que tiene un gran talento para la comedia, mientras que ofrece un personaje cálido y alocado, mientras intenta buscar su propia felicidad. La dupla de Marvin y Covino consigue darle fortaleza al protagonismo de la cinta con seres vulnerables y centrados. Pero los aplausos en esta ocasión son para Dakota Johnson, quien, además de contar con el personaje mejor desarrollado de toda la cinta, nos ofrece un personaje sofisticado e inteligente.

Con Amores Compartidos, Covino consigue explorar ideas sobre las relaciones, sin duda. Pero también sobre las personas sencillas, las amistades, la competitividad y cómo los hombres ocultan sus inseguridades, o lo intentan, y en ocasiones interpretan el papel de quien creen que deberían ser.

Si bien no es perfecta, y en ocasiones nos hace sentir un poco confusos sobre el desarrollo de algunos de sus personajes, me atrevería a decir que la película apela muy bien a la confusión que puede resultar involucrarse en una relación de este estilo (sin la necesidad de demeritarlas), pero con la diversión y tesis que pueden desarrollarse al ser partícipe de ellas, y al final Covino hace un gran trabajo encontrando el tono adecuado y el ritmo para que todo funcione.

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