Hace 25 años, Baz Luhrmann deslumbró al mundo y cambió el cine musical para siempre con ‘Moulin Rouge’, donde Ewan McGregor y Nicole Kidman interpretan a una de las parejas más conmovedoras de la pantalla grande.
Reseña | ‘Moulin Rouge’
Desde su juventud, el director Baz Luhrmann había sido encantado por los musicales, sin embargo, en ese momento eran considerados una broma, por lo que se decidió a reivindicarlos en el cine, creando la ‘Trilogía del Telón Rojo’, tres películas en las que plasmó los elementos más llamativos y magnéticos de los musicales y potenciándolos a través de la cámara. Esta trilogía dio inicio en 1992 con ‘Ven a bailar conmigo’ (‘Strictly Ballroom’), adaptación de una obra de teatro que el joven Luhrmann montó en Sidney a mitad de los ochenta y que encantó en las pantallas; a este debut le siguió ‘Romeo + Juliet’, adaptación moderna del clásico de Shakespeare que expone la vida marginal de Verona con Leonardo DiCaprio y Claire Danes como protagonistas y rodando en locaciones de México como el Castillo de Chapultepec.
Para la tercer película de esta encrucijada por resignificar los musicales, Luhrmann pensó en la historia de un grupo de artistas vanguardistas que se encuentran con Andy Warhol en la legendaria discoteca neoyorquina Studio 54, sin embargo, luego de visitar la India, quedar fascinado por el cine de Bollywood y conversar con el guionista Craig Pearce, con quien había escrito las dos películas anteriores, ambos coincidieron en que si los protagonistas eran jóvenes vanguardistas, estarían en la ciudad y momento más vanguardista de la historia: París en la Belle Epoque. Así, Warhol fue reemplazado por Toulouse Lautrec y Studio 54 fue reemplazado por el cabaret Moulin Rouge, el cual terminarían por titular este nuevo proyecto.
Investigando sobre la época, ambos se dieron cuenta de que la liberación social y artística vivida en aquella época era muy similar a la que se respiraba en el cada vez más próximo fin de siglo, por lo que decidieron darle a la historia un aire más cercano a través de la música, usando canciones modernas de gran popularidad como Nature Boy de David Bowie, Your Song de Elton John, Because we Can de Fatboy Slim, The Show must go On de Queen, una reinterpretación de Children of the Revolution en voz de Bono y hasta una colección de canciones de amor que incluye All you need is Love de The Beatles, Pride de U2 y Silly Love Songs de Wings.
Con la historia definida y las canciones seleccionadas, Luhrmann arrancó el proceso de casting en Australia, recibiendo a una gran cantidad de jóvenes, entre ellos a Heath Ledger, a quien, a pesar de haber demostrado un gran talento, tuvo que descartar por su edad. El guion que él y Pearce habían escrito estaba protagonizada por un joven escritor enamoradizo de origen inglés y una artista de cabaret que sueña con ser una actriz de teatro, roles que terminó por encontrar en Ewan McGregor, quien había sido considerado para interpretar a Mercucio en ‘Romeo + Juliet’ antes de que el personaje fuera un hombre trans afroamericano y sorprendió con su potencia vocal; y Nicole Kidman, quien deslumbró a Luhrmann con su actuación en la obra de Broadway ‘The Blue Moon’ y desde el comienzo se mostró entusiasmada por el proyecto.
Con el elenco completo, Luhrmann se reunió con el coreógrafo John O’Connell, quien había coreografiado las dos películas anteriores, para conversar sobre los bailes en la película, los cuales quería que fueran tan estrambóticos como acordes a la época, para lo cual O’Connell revisó la extensa biblioteca de películas de 20th Century Fox, al final concibiendo una colección de más de diez estilos de baile en los que el elenco se tuvo que entrenar durante más de un mes al interior de la mansión House of Iona, experiencia que algunos miembros compararon con volver a la escuela de actuación, pues compartían a la hora del almuerzo, veían los ensayos de sus compañeros y, ya iniciado el rodaje, en más de una ocasión se toparon con McGregor caracterizado como Obi Wan Kenobi para ‘Star Wars: El ataque de los Clones’.
«La historia de una época, la historia de un lugar, una historia sobre la gente, pero sobre todas las cosas, la historia de un amor. Un amor que vivirá por siempre.»
En 1899, Christian (Ewan McGregor) llega a París con ambiciones y sueños de ser un gran dramaturgo, pronto conociendo a un grupo de bohemios que lo llevan al Moulin Rouge, el cabaret más famoso de la ciudad, para hablar con Harold Zidler (Jim Broadbent), el dueño del lugar y obtener financiamiento para un espectáculo. Por su parte, Satine (Nicole Kidman), la estrella del cabaret, es encomendada a enamorar al Duque de Monroth (Richard Roxburgh) para que decida donar una generosa cantidad de dinero al cabaret, que está al borde de la bancarrota, sin embargo, Satine cree que Christian es el Duque y se enamora de él. Así, tanto el dueño del cabaret como los bohemios, construyen una farsa para evitar que el Duque se vaya: La propuesta de Zidler es un espectáculo montado por los bohemios, escrito por Christian y protagonizado por Satine. El Duque cree la mentira, pero ¿hasta cuándo?
En esencia, y como lo dice su frase final, ‘Moulin Rouge’ es una historia de amor, una conmovedora, encantadora y magnética historia de amor que, aun cuando se puede sentir predecible, se endulza con un potente espíritu de melodrama que se potencia con la parte más aplaudida y reconocida de la película (que incluso le valió los Premios Oscar a Mejor Diseño de Producción y Mejor Diseño de Vestuario), la construcción de un París bohemio, operoso, kitch, colorido y grandilocuente que se siente fantasioso y real al mismo tiempo en una combinación sin precedentes de histrionismo, musicalidad y cinematografía que la ha vuelto una de las películas más icónicas, no solo del género, sino de la historia.
Por supuesto que el gran encanto de la cinta reside en su escenografía, sacada directamente de los grandes musicales de Broadway, pero ‘Moulin Rouge’ se vuelve innovadora al ir un paso más allá que el lenguaje cinematográfico, pues explora el lenguaje musical. Una de las razones más citadas para menospreciar el cine musical es que las canciones son interrupciones de la trama, pero aquí son reflejo y complemento de la misma: Your Song es el poema con el que Christian enamora a Satine, Children of the Revolution es la música de una de las fiestas bohemias, Like a Virgin son las indicaciones que Zidler le da a Satine para enamorar al Duque y El tango de Roxanne es una anécdota que hace espejo con los eventos en la película.
‘Moulin Rouge’ es moderna y clásica por igual. Desde la introducción del cabaret del título y hasta su último numero musical se percibe una monumentalidad digna de las más grandes producciones y, al mismo tiempo, se siente cercana, personal y humana. A más de veinte años de su estreno, se ha vuelto una de esas películas que se deben ver al menos una vez en la vida.
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