«El Orfanato: La Posesión» es una experiencia frustante
«El Orfanato: La Posesión» desperdicia su potencial y termina como una película genérica.
El cine de horror y terror se ha prestado para desarrollar sus historias en una infinidad de espacios que, en su desarrollo, se vuelven personajes de las mismas. Casas, oficinas, cabañas, castillos, islas, en fin, la lista es inmensa.
Pero, cuando se trata de internados, tenemos joyas como Hasta el Viento tiene Miedo de Carlos Enrique Taboada o El Orfanato de Juan Antonio Bayona como dos de las mejores exponentes del uso de ese espacio para crear tramas que, con el paso del tiempo, se han convertido en clásicos.
Hago énfasis en estos sitios en específico, ya que es aquí donde se desarrolla la trama del segundo largometraje del director Guillermo Barreira Pérez, el cual es El Orfanato: La Posesión o como su título original señala: Tu Sangre.

La película sigue la historia de Sofía (Sara Jiménez), una chica cuya madre desapareció en un internado en el que trabajaba. Un día, a través de un tablero de ouija, la madre de Sofía la orilla a acudir a este internado para buscarla, dando comienzo a una serie de misterios.
Los elementos parecen ser interesantes: una madre desaparecida, un internado, un misterio por resolver y personajes que (en teoría) ocultan algo, pero por desgracia, todos los componentes que se incluyen en esta película están pobremente ejecutados.
Desde sus inicios, la película demuestra una serie de inconsistencias que arrastra a lo largo de sus 81 minutos de duración: una edición mocha que da saltos abruptos entre sí y que distan de tener una coherencia narrativa, además de un guion repleto de huecos argumentales.

Conocemos a Elena (Magdalena Brotto), la directora del instituto, quien se presenta como una figura atemorizante; en primera instancia, podrías pensar que es un buen preámbulo para introducir al espectador en un aura de misterio y suspenso.
Tras ello hay un corte, donde el filme de Barreira comienza a antojarse confuso y conveniente. Conocemos a Sofía y a su tía Claudia (Elena Gonzalez Valina), una psicóloga que también es ex médium, y esto sirve como una antesala para llevar a Sofía a su aparente propósito en esta historia.
Por desgracia, muchos de los problemas que se mencionan líneas arriba empiezan a manifestarse: una edición descuidada que, en lugar de aportar a la construcción de escenas angustiantes, vuelve a la escena incompleta, con un ritmo torpe y lejos de lograr que la intención del guion se lleve con éxito a la pantalla grande, deja al espectador con una sensación de ver el inicio de algo genérico.

El verdadero problema (no para Sofía, sino para ti, amigo cinéfilo) arranca cuando Sofía llega al internado. Averigua algunas cuantas cosas de su madre y se hace amiga de un par de chicas: Lorena (Ángela Arellano) y Mara (Lara Boedo), cuya impresión de ella va cambiando de una forma un tanto extraña, dependiendo de lo que la edición decida que es más conveniente para el desarrollo de la cinta y hacerte creer que Sofía no está en un sitio seguro. No, si me lo preguntan, no tiene sentido alguno y sus interacciones son extrañas. En una primera escena se muestran resilientes a ella; en la siguiente la aceptan; en una nueva escena la rechazan, y en la siguiente parece que no hay problema alguno.
Y en un internado repleto de alumnas (aunque solo vemos a tres/cuatro la mayor parte del tiempo), también hay encargadas; una es la ya mencionada Elena, quien desde su primer encuentro con Sofía le demuestra que no es una persona muy estable y, a ti como espectador, te demuestra que el guion de Barreira no se preocupa por mostrar personajes con matices y simplemente te quiere demostrar que Elena es mala, mala, mala. Y con ella está Rosario (Oti Manzano), una profesora que está reemplazando a la mamá de Sofía.
En su estancia en este aterrador (y acartonado) lugar, Sofía comienza a tener una serie de alucinaciones, escuchar voces, alterando a sus amigas, además de ser testigos de escenas en las que Elena está actuando como loca solo para recordarte que ella es la villana de esta historia.

Si llegaste a este punto, entenderás que El Orfanato: La Posesión es un desastre sin pies ni cabeza. El misterio, aunque interesante en papel, está pobremente ejecutado en la pantalla. El problema es que la cinta pretende ser y hacer muchas cosas, pero en la marcha termina confundiendo al espectador y lo envuelve en un muy atolondrado drama que en cada momento se vuelve más y más monótono y genérico.
No hay stakes, nada se va resolviendo, solo te presenta una serie de diálogos y situaciones que incluso se sienten inconexas, inconclusas y que te puede llegar a hacer sentir frustrado y aburrido en incontables momentos. Y si a eso sumamos lo pobres que están construidas sus escenas con un manejo de cámaras muy desafortunado, además del ya mencionado mal trabajo de edición y una iluminación que falla en jugar con sus espacios para volver el escenario algo intrigante, la experiencia es un letargo.
El guion, como ya mencioné, también es otro gran defecto y es que en su desarrollo también deja al espectador con muchas interrogantes que, lejos de cuajar con la lógica de la película, son aspectos que se sienten puestos u omitidos a favor de que la trama avance. No hay coherencia ni una construcción narrativa ni visual lo suficientemente sólida.
En conclusión, El Orfanato: La Posesión es una película que desperdicia todo su potencial para entregar una película genérica que no ofrece nada más que un simple momento de frustración y aburrimiento.

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