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La Biblioteca Vasconcelos cumple 20 años entre libros, improvisación y una ballena suspendida

Libros, música y comunidad bajo la Mátrix Móvil.

Biblioteca Vasconcelos · 20 años · CDMX

La Biblioteca Vasconcelos cumple 20 años entre libros, improvisación y una ballena suspendida

El aniversario convirtió uno de los espacios culturales más reconocibles de la Ciudad de México en escenario para piano, vibráfono, gongs y percusiones. Pero la historia detrás del concierto explica algo más grande: por qué una biblioteca puede funcionar también como punto de encuentro.

Inaugurada en 2006600 mil librosMátrix Móvil
La Biblioteca Vasconcelos durante “Encuentro a Dúo”. Foto: Cultura / Aurea del Rosario · Secretaría de Cultura.

Una ballena gris parece flotar sobre cientos de personas. Debajo, un piano, un vibráfono, gongs y percusiones comienzan a responderse como si el edificio entero hubiera decidido participar en la conversación.

La escena ocurrió en la Biblioteca Vasconcelos durante “Encuentro a Dúo”, el concierto con el que Héctor Infanzón y Ricardo Gallardo se sumaron a la celebración por los primeros 20 años del recinto. El lugar importaba tanto como los intérpretes: la presentación sucedió justo bajo la Mátrix Móvil, la estructura ósea de una ballena gris intervenida por Gabriel Orozco que desde hace dos décadas funciona casi como brújula visual del edificio.

Y esa combinación resume bastante bien lo que la Vasconcelos ha intentado ser desde 2006. Sí, es una biblioteca. Pero también es jardín, foro, sala de conciertos, espacio para talleres, exposiciones, teatro, cine, conversación y, sobre todo, un sitio donde la gente puede quedarse sin necesidad de justificar demasiado su presencia.

La Secretaría de Cultura organizó la celebración central del aniversario del 25 al 27 de septiembre de 2026. El programa reunió más de 60 actividades y cerca de 70 participantes nacionales entre autores, académicos, promotores culturales y artistas, además de más de 20 editoriales y librerías. El concierto fue uno de los momentos que mejor volvió visible esa idea de biblioteca viva.

Héctor Infanzón y Ricardo Gallardo interpretan Encuentro a Dúo con piano y percusiones bajo la Mátrix Móvil
Héctor Infanzón y Ricardo Gallardo durante “Encuentro a Dúo”. Foto: Cultura / Aurea del Rosario · Secretaría de Cultura.
La música como conversación

Un piano no acompañó a las percusiones: discutió con ellas

“Encuentro a Dúo” se construyó alrededor de una idea muy sencilla de explicar y mucho más difícil de ejecutar: escuchar al otro en tiempo real.

Infanzón trabajó desde el piano. Gallardo respondió con vibráfono, gongs y distintas percusiones. La Secretaría de Cultura describió la colaboración como un intercambio en el que las frases de uno encontraban respuesta en los timbres y ritmos del otro; la improvisación, más que decorar las composiciones, funcionó como el mecanismo que permitía abrir nuevos caminos mientras la pieza avanzaba.

Eso vuelve especialmente interesante que el concierto ocurriera en una biblioteca. En un espacio asociado normalmente con el silencio, la música se convirtió en otra forma de lectura: escuchar una frase, interpretar lo que significa y decidir qué hacer con ella.

Héctor Infanzón llega a ese diálogo desde una trayectoria que cruza jazz y música de concierto. Formado en la Escuela Superior de Música del INBAL, con estudios en la Escuela Nacional de Música y Berklee College of Music, ha desarrollado una carrera donde la formación clásica convive con lenguajes contemporáneos. En 2021 recibió dos nominaciones al Latin Grammy por Tres Historias Concertantes.

Ricardo Gallardo lleva más de cuatro décadas dedicado a la interpretación, composición y promoción de música nueva. Es fundador y director de Tambuco, ensamble de percusiones mexicano con presencia internacional, y su trabajo discográfico acumula cinco nominaciones al Grammy.

Lo que ocurrió bajo la ballena no fue un recital con acompañamiento. Fue una conversación donde cada sonido obligaba al siguiente a tomar una decisión.
Un edificio difícil de confundir

La Vasconcelos también se lee desde su arquitectura

Hay edificios que pueden pasar inadvertidos cuando uno entra. La Biblioteca Vasconcelos no es uno de ellos.

Ubicada junto a la antigua estación de ferrocarriles de Buenavista, fue inaugurada en mayo de 2006. Su arquitectura mezcla acero, concreto, mármol, granito, madera y vidrio dentro de una construcción de más de 44 mil metros cuadrados. Las estanterías abiertas parecen suspendidas alrededor de los corredores y convierten buena parte del interior en una especie de paisaje vertical de libros.

600 millibros forman parte del acervo bibliográfico reportado por la Biblioteca Vasconcelos.
40 mil mde estantería lineal distribuyen la colección general y de consulta.
26 mil m²ocupa el jardín exterior del recinto.
168 especiesarbóreas, arbustivas y herbáceas forman parte de ese espacio verde.

En medio de esa arquitectura aparece la pieza que termina robándose muchas primeras miradas: Mátrix Móvil. Gabriel Orozco intervino una estructura ósea de ballena gris y la convirtió en una obra suspendida que funciona casi como centro gravitacional del edificio. La pieza incluso fue expuesta en el Museum of Modern Art de Nueva York en 2009.

Durante “Encuentro a Dúo”, esa ballena dejó de ser únicamente una escultura observada desde los pasillos y se transformó en parte del encuadre del concierto. Las fotografías del aniversario lo muestran con claridad: músicos y público ocupan el piso mientras el esqueleto aparece suspendido sobre la escena, como si la biblioteca hubiera montado un escenario que llevaba veinte años esperando esa composición.

Público reunido en la Biblioteca Vasconcelos durante el concierto Encuentro a Dúo, bajo la Mátrix Móvil
El público rodeó a los músicos bajo la Mátrix Móvil. Foto: Cultura / Aurea del Rosario · Secretaría de Cultura.
Más que libros

Veinte años intentando que una biblioteca también sea comunidad

La parte más fácil de contar sobre una biblioteca son sus números. Cuántos libros tiene, cuánto mide, cuántas personas caben. La parte más difícil es explicar qué ocurre cuando esos recursos realmente se vuelven cotidianos.

Durante la ceremonia del aniversario, Guillermina Pérez Suárez, directora general de Bibliotecas, puso el énfasis precisamente ahí: en las personas que trabajan en el recinto y en quienes lo visitan para consultar el acervo, pero también para participar en actividades culturales y artísticas. Silvia Alejandre Prado, directora de la Vasconcelos, habló del espacio como un “faro y refugio” y destacó que más de 200 personas participan diariamente en su funcionamiento.

La programación del aniversario llevó esa idea a la práctica. Hubo Fiesta del Libro, editoriales y librerías independientes, actividades para primeras infancias, lecturas dramatizadas con interpretación en Lengua de Señas Mexicana, un mural colectivo, conciertos vocales, mojigangas y una presentación de la Orquesta Escuela Carlos Chávez.

En 2026, además, la Secretaría de Cultura reportó una inversión cercana a 14 millones de pesos para trabajos de rehabilitación y mantenimiento del recinto. El dato ayuda a poner el aniversario en perspectiva: celebrar dos décadas no consiste únicamente en mirar fotografías de inauguración. También implica preguntarse qué necesita un edificio público para seguir funcionando durante las siguientes.

Quizá por eso “Encuentro a Dúo” funciona como una imagen tan efectiva del aniversario. Dos músicos con lenguajes distintos no intentan sonar iguales; se escuchan, se responden y construyen algo en conjunto.

Una biblioteca pública debería poder hacer exactamente eso con la ciudad que la rodea.

La lectura

Una biblioteca que sigue cambiando cuando alguien entra

Veinte años después de su inauguración, la Biblioteca Vasconcelos sigue siendo uno de esos edificios de Ciudad de México que pueden reconocerse con una sola fotografía. Las estanterías suspendidas, los corredores, el jardín y la ballena de Gabriel Orozco construyeron una identidad visual potentísima.

Pero la fotografía del aniversario añade otra cosa.

Debajo de la ballena hay personas sentadas unas frente a otras. En el centro hay músicos. Nadie parece estar mirando un monumento desde lejos: están usando el espacio.

Y quizá ahí está la diferencia entre conservar un edificio y mantenerlo vivo.

Los libros siguen siendo el corazón de la Vasconcelos. Pero alrededor de ellos han aparecido conciertos, talleres, teatro, cine, exposiciones, conversaciones, lectores que llegan solos, familias, estudiantes, visitantes y gente que simplemente necesitaba un lugar donde estar.

Una biblioteca no termina cuando acomoda sus libros. Empieza cuando alguien encuentra una razón para quedarse.

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