De amor, juventud y otras pasiones, reseña de “Aristóteles y Dante Descubren los Secretos del Universo”

De amor, juventud y otras pasiones, reseña de “Aristóteles y Dante Descubren los Secretos del Universo”

Si hay algo en lo que todos podemos estar de acuerdo es que, simplemente, la vida no es sencilla. Y lo es aún menos cuando haces esa transición de la niñez a la juventud y experimentas un montón de cambios físicoemocionales que te dejan aturdid@ y revuelt@.

Si a eso le sumamos los estigmas sociales de la época que nos tocó vivir, así como las preocupaciones personales atraídas por nuestros estilos de vida, no debería ser sorprendente para nadie que exista un término para encasillar tal etapa del crecimiento, que en México y en otros países de Latinoamérica conocemos como “la edad de la punzada”.

Puedes reírte si quieres al leer la frase. Yo lo hice en su momento, y creo que a muchos así nos sucedió. Porque claro, suena bastante ridículo para cualquiera. Pero creo que justamente ése es su punto: trabajar bajo la ironía de lo irritante y complicado que puede ser algo tan natural e inevitable como el desarrollo humano.

Esto es lo que explora Benjamín Alire Sáenz entre las páginas de esta novela, dándole voz a un joven de 15 años, Aristóteles “Ari” Mendoza, quien además de estar aprendiendo a lidiar con sus cambios en su camino hacia la adultez, también trata de comprender al mundo que lo rodea desde la visión de un descendiente de una familia mexicana en una época en la que la libertad de expresión (los años 80) aún mantenía, hasta cierto punto, tabúes entre la sociedad.

Ari está harto de su propia existencia y no sabe realmente por qué, ya que su vida no es realmente mala: tiene una madre con quien se entiende mejor que con otra persona en el mundo; un padre que lo ama, aunque no sabe cómo demostrarlo; y un par de hermanas mayores que, aunque lo sacan de quicio muchas veces, siempre le han brindado apoyo y uno que otro consejo

Pero, desafortunadamente, casi no tiene amigos, y sus consecutivos cambios de humor le han complicado abrir su corazón a otras personas. ¿Qué le está pasando? Es lo que personaje y lector constantemente nos preguntamos al comienzo del texto, mientras nos acompañamos juntos en las rutinas de su día a día durante sus vacaciones de verano

Hasta cierta jornada en la piscina pública. Hasta la llegada de él. Dante Quintana. El joven delgaducho que, tras su propuesta de enseñarle a nadar, cambió la vida de Ari para siempre, y lo ayudó, con su forma de ver la existencia, a enfrentarse a aquellas cosas en su interior que le estaban causando ese enorme malestar con su propio ser y sus seres queridos.

El libro no intenta dar una lección de ningún tipo. No realmente. Sólo busca que uno disfrute de la bonita historia entre dos amigos que se desenvuelven en pensares y sentires diferentes y la manera en la que logran converger gracias a un amor tan puro y profundo como solo nos lo puede dar la juventud.

Pero, al relatar estos encuentros, es inevitable que uno entre en un punto de reflexión y retroceso con las memorias propias para darle sentido no sólo a pasajes de la novela sino, también, a aquellos episodios de nuestro ayer que tuvieron una vibra similar. Porque todos fuimos, somos o seremos adolescentes.

Todos hemos amado a alguien alguna vez sin saber cómo debíamos sentirnos al respecto. Y muchos hemos guardado sentimientos negativos derivados de momentos traumáticos que, hasta que no los sacamos a la luz, no permitimos que nos devuelvan la paz.

Ari no es un personaje torturado. Simplemente es un joven que intenta darle sentido a lo que siente, lo que experimenta, lo que desea y a las decisiones ajenas que han lastimado su presente, haciéndose preguntas como: ¿alguna vez lograremos superar mi padre y yo esa barrera que nos separa, derivada de sus días en el ejército? ¿Por qué no podemos hablar de Bernardo, ese hermano mío al que tratamos como si estuviera muerto cuando, en realidad, está retenido tras las rejas? ¿Y qué es lo que pasa entre Dante y yo? ¿Somos realmente amigos? ¿Conocidos atados a la circunstancia? ¿O… algo más?

Tantas preguntas que generan muchas más incógnitas, que aturden y desesperan al protagonista mientras lidia con momentos complicados que mantienen al lector a la expectativa, deleitándose, a su vez, con una prosa sencilla e inteligente, y descripciones que permiten disfrutar de la época en la que ocurre la trama.

Y su final se siente como el cumplimiento de una bella promesa. Como algo que todos sabíamos que ocurriría pero que, de igual forma, se mira demasiado bien que hubiese llegado. Como un premio para todos los involucrados.

Y abre la puerta a pensar que, posiblemente, todos ya logramos descubrir los secretos del universo, y los llevamos con nosotros todos los días a dondequiera que vamos, dejándolos fluir cada vez que el corazón toma el control de nuestros sueños, nuestras decisiones y, por supuesto, nuestras acciones.

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