Los pulpos tienen tres corazones y sangre azul: así funciona su extraña anatomía
Dos corazones envían sangre hacia las branquias y un tercero la reparte por el cuerpo. El color azul viene de una molécula basada en cobre.
Tres corazones para un cuerpo construido de otra manera
Los pulpos pertenecen a los cefalópodos, un grupo cuya anatomía tomó un camino muy distinto al de los vertebrados. En su sistema circulatorio hay tres corazones que se reparten el trabajo.
Dos son corazones branquiales. Su función es impulsar la sangre pobre en oxígeno hacia las branquias, donde ocurre el intercambio de gases. El tercero es el corazón sistémico, encargado de mover la sangre ya oxigenada hacia el resto del organismo.
Vistos por separado parecen una colección de rarezas. Juntos forman una solución fisiológica coherente para un animal marino activo, flexible y con un sistema corporal que no se parece demasiado al nuestro.
El reparto del trabajo
Por qué la sangre de un pulpo es azul
En nuestra sangre, la hemoglobina utiliza hierro para transportar oxígeno. Los pulpos emplean otra molécula: hemocianina, que contiene cobre.
Cuando la hemocianina se une al oxígeno adquiere una tonalidad azulada. Por eso hablar de “sangre azul” aquí es una descripción literal de su fisiología y no una metáfora.
La comparación ayuda a entender el color, pero no convierte a la hemocianina en una versión extraña de nuestra hemoglobina. Son proteínas respiratorias distintas que resuelven el mismo problema básico: transportar oxígeno.

El manto guarda buena parte de la maquinaria interna
La gran estructura blanda situada detrás de los ojos es el manto. Dentro se encuentran las branquias, el sistema digestivo, órganos reproductivos, el saco de tinta y los corazones.
Esa distribución ayuda a explicar por qué la silueta de un pulpo resulta tan extraña cuando intentamos leerla con referencias humanas. Su cuerpo está organizado alrededor de un manto musculoso y ocho brazos capaces de actuar con una autonomía sensorial considerable.

El cerebro rodea el esófago
El cerebro principal se encuentra detrás de los ojos y forma un anillo alrededor del esófago. Eso significa que el alimento pasa literalmente a través de una abertura en el centro del sistema nervioso central.
Buena parte del procesamiento sensorial también ocurre fuera de esa región. Los brazos contienen redes neuronales muy desarrolladas capaces de coordinar movimientos y responder al entorno mientras el cerebro central mantiene una supervisión general.
Las ventosas funcionan como herramientas sensoriales
Las ventosas no sirven únicamente para adherirse. Su superficie contiene receptores táctiles y químicos que permiten explorar objetos, superficies y posibles alimentos.
Esa combinación de tacto y detección química convierte cada brazo en algo más parecido a una plataforma sensorial distribuida que a una simple extremidad. El pulpo puede investigar el entorno literalmente palpándolo y detectando compuestos al mismo tiempo.
Ahí está quizá la parte más interesante de su anatomía: tres corazones, sangre basada en cobre, un cerebro alrededor del esófago y ocho brazos con una enorme capacidad sensorial no son trucos aislados. Son piezas de un mismo diseño biológico.



