lasustancia_reseña

Reseña | La Sustancia

Derribar estándares de belleza y la percepción de la mujer a partir de estos ha sido una de las prioridades del movimiento feminista en toda su historia, sin embargo por más avances que se logran, los ataques persisten y las mujeres no logran escapar de todo del juicio de la sociedad por su aspecto y condiciones. El enojo que esto causa se ve reflejado en el arte y el cine, siendo La Sustancia, la segunda película de Coralie Fargeat, el ejemplar más reciente. Esta película que fue la ganadora a Mejor Guión en la pasada edición del Festival de Cannes llega a cines este fin de semana para dejarnos asqueados con los horrores de la violencia contra la mujer, real y ficticia.

Elisabeth Sparkle en su juventud fue una de las estrellas de cine más grandes del mundo. Ahora a sus 50 años su carrera se ha reducido a conducir un segmento de aerobics para televisión, sin embargo por su edad es despedida y la televisora busca a una conductora más joven y bella. Elisabeth queda desamparada, pero una esperanza aparece cuando se le ofrece usar La Sustancia, un tratamiento que creará una mejor versión de ella, más joven y bella. Con esta nueva yo llamada Sue, Elisabeth recupera su trabajo y comienza a escalar de nuevo en la industria. El problema es que cada siete días debe cambiar a su verdadero yo, pero mientras más se siente cómoda en la piel de Sue, menos quiere volver a su cuerpo real. Elisabeth tendrá que decidir entre detener el tratamiento o usar el cuerpo de Sue, incluso si el suyo sufre las peores consecuencias.

Los temas que Fargeat trata en La Sustancia no tienen nada de novedoso, no son ideas o lecciones que no se hayan discutido una y otra vez, sin embargo esa es justamente la razón por la que la película es como es. Desde un inicio Fargeat nos deja muy claro que la sutileza no le preocupa ni un poco, cualquier idea que tiene la pone en pantalla de la forma más directa posible, el público ya sabe de lo que se está hablando, entonces ¿Cuál es la necesidad de seguir hablando de esto en el cine? La frustración de Fargeat es notable, esta es una guerra que no parece tener fin, por eso el punto de La Sustancia no está en sus mensajes, sino en observar las consecuencias físicas y mentales de vivir en una sociedad que solo te valúa por tu físico. 

Mucho se ha hablado del body horror en La Sustancia y aquí no podemos agregar nada más que es cierto, esta es una de las películas más asquerosas de los últimos años. El trabajo en efectos prácticos y maquillaje es perfecto y funciona en cámara porque Fargeat sabe que cosas hacen que la gente se retuerza en su asiento, desde inyecciones, cortes, pus y sangre, mucha, mucha sangre. La Sustancia va en escala, si llegas a la mitad y crees que ya no verás nada más desagradable, te equivocas, pues Fargeat tiene listo otro acto de violencia mucho más explícito y así hasta llegar a un tercer acto que hará que hasta los más fuertes en la audiencia volteen la mirada. Sí, el body horror es genial, pero hablar de este simplemente por su valor de shock o su valor estético no tiene sentido alguno si no se toman en cuenta las razones por las que Fargeat hace que estas imágenes sean tan efectivas. La directora nos presenta a Elisabeth Sparkle de una forma intima, la seguimos de cerca mientras atraviesa por este punto de su vida en el que lo ha perdido casi todo, sin embargo por más cerca que estemos, Fargeat sigue marcando un línea entre Elisabeth y la audiencia que es la misma pantalla. Una decisión natural, pues así estamos acostumbrados a observar la vida de las celebridades, a través de pantallas, una mirada voyerista que se separa su realidad de la nuestra ¿O no? Ya llegaremos a eso.

Debajo de los colores y la plasticidad de los escenarios e incluso por debajo de sus influencias en Stanley Kubrick, David Cronenberg y otros cineastas, Fargeat está contando un relato gótico que comparte grandes similitudes con clásicos como El Retrato de Dorian Gray y Dr. Jekyll y Mr. Hyde e incluso más antiguos como la leyenda de Fausto. Elisabeth en un personaje muy similar a los protagonistas de las obras mencionadas, ella hace un trato que le da lo que más desea, toma una pócima que se lo concede, la mejor versión de si misma nace y toma control de su vida sin pensar demasiado en las consecuencias. Elisabeth se fragmenta en dos partes y por lo tanto la manera en que observa la vida y como la observamos depende de que perspectiva estamos siguiendo, cuando seguimos a Elisabeth todo es grotesco, todo es agresivo, en especial ante la presencia de hombres que son el origen de sus peores inseguridades. Luego cambiamos a Sue y la vida se vuelve colorida, dulce y los hombres se rinden ante ella, la adulan y le sirven sin condiciones. Mientras más extremas se vuelven las acciones de cada parte de Elisabeth, el resentimiento de la otra también crece y se lastiman deliberadamente.

Sin embargo esta lucha no tiene dos bandos, no existen porque no existen dos mujeres, solo una y dos cuerpos; esta lucha es de una sola persona lidiando contra la propia percepción de si misma. Elisabeth es víctima de los estándares de belleza de la industria y aún así haría lo que sea para seguir perteneciendo a ella, Elisabeth desprecia los hombres que la han menospreciado y a la vez busca su aprobación. ¿Por qué? Tal vez porque es nuestra naturaleza que la aprobación, sea por la razón que sea, se siente bien. Si bien la perspectiva de Elisabeth tiene los momentos más desagradables en cuanto al body horror, es la perspectiva de Sue en la que Fargeat encuentra un terror más realista, ya que la forma en que retrata a este personaje, la estética que la rodea, es cercana a la de comerciales eróticos y en sus momentos más explícitos hasta pornografía. La idea es clara, Sue es un producto que se vende muy bien, es apetecible a la mirada masculina que crea este tipo de imágenes a las que estamos acostumbrados o conocemos, pero que pocas veces nos preguntamos que hay detrás, o lo sabemos, pero no nos preocupa mucho porque la frontera de la pantalla nos impide ver la humanidad en las imágenes de cuerpos de mujeres desnudos.

Detrás de esa barrera nos sentimos seguros, sin embargo mientras avanza la película y casi sin que nos demos cuenta, Fargeat transforma esa barrera en un espejo, de repente las experiencias de Elisabeth pierden sentido de individualidad, dejan de ser estrictamente en el contexto de la industria del entretenimiento, se vuelven puramente humanas. Todos hemos experimentado aunque sea una de las emociones por las que atraviesa la protagonista. La cineasta nos confronta con la dualidad de nuestras vidas en la que públicamente somos consumidores de los medios y en privado sufrimos los efectos de los estándares que propagan, sin embargo por más que los critiquemos y estemos conscientes del daño que nos causan y a los demás, seguimos consumiendo lo que nos ofrecen. Fargeat nos somete hasta que seamos capaces de admitir el complicado sentimiento de ser tanto víctimas como cómplices, un sentimiento que obviamente resonará más entre las mujeres en la audiencia. Debajo de este sistema que prioriza el placer del hombre no existen las víctimas perfectas, Fargeat no tiene interés en ellas, su visión se centra en demostrar lo poderosa que es la manipulación del patriarcado que ha normalizado tantas conductas irracionales y que ha llegado al punto en que no parece tener escapatoria. Ese es el terror real de esta película.

La Sustancia no es el tipo de película que viene a ofrecer soluciones, sino para que sacar la frustración, dolor y enojo que se acumula en el interior de las mujeres y otras personas. Seguramente lo fue para la directora así como para Demi Moore, pues los paralelos entre su personaje y ella son numerosos, la actriz se deja ver en su forma más vulnerable y explaya sus emociones sin temor. Algo similar sucede con Margaret Qualley, quien irradia la frescura de un talento en crecimiento, con su seguridad se apodera de nuestra atención en cada segundo que está presente. La Sustancia puede que guste o no, habrá quien la aguante y habrá quien no, pero lo que es un hecho es que a nadie dejará indiferente pues a cualquier persona la hará reaccionar visceralmente. Para ser una película que funciona como una fantasía, La Sustancia resulta ser tan poderosa porque es un golpe de realidad. Una de las mejores películas del año y de la que seguro  estaremos hablando durante muchos más. 

Título original: The Substance
Dirección y guión: Coralie Fargeat
Elenco: Demi Moore, Margaret Qualley y Dennis Quaid

 

Interacción

Deja un comentario

💬 Habla con Geeky-1

🔰 Geeky-1 (Beta)

Powered by Gemini AI
¡Hola! Soy Geeky-1 🍿 ¿Qué te recomiendo hoy? ¿Pelis, series, canciones, videojuegos? ¿En qué plataforma está lo que buscas?

Descubre más desde CineMedios

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo