FICUNAM 14: ‘Leila y los Lobos’ y ‘Trilogía de Beirut’, la mujer en la revolución
Dos cineastas desafían los límites de su contexto para retratar la lucha de sus pueblos.
El genocidio en Palestina es un suceso que debería captar más la atención del mundo entero y si bien en redes sociales se ha hecho un gran trabajo en distribuir información, también se debería usar las artes para esta labor y la de protesta. Por eso es aplaudible que dentro de la selección oficial del FICUNAM 14 se encuentre la sección Saludaré al Sol una vez Más en la que presentan 3 películas de Heiny Srour y Jocelyne Saab, cineastas libanesas que retrataron la opresión de esta región del medio oriente.
Leila y los Lobos
Basándose en la herencia árabe de tradición oral y patrón de mosaico, «Leila y los lobos» es una exploración de la memoria colectiva de las mujeres árabes y su papel oculto en la historia a lo largo del último medio siglo, tanto en Palestina como en el Líbano.
Dentro de esta sección pudimos ver Leila y los Lobos de Srour, película que nos recuerda que este conflicto no comenzó el 7 de octubre pasado, pero tampoco en 1948 en el Nakba, sino que Palestina y Líbano ha sufrido la opresión de Occidente desde mucho antes. Para hacer una revisión de esta historia, la cineasta a través del personaje Leila, primero va al futuro y se pregunta que será de ella en su vejez, ¿De qué cosas se preocupará? ¿Se convertirá en una de las mujeres mayores que conoce? ¿Sólo se preocupara por lo que su cultura le permite preocuparse, su esposo e hijos?
De los años 80 en Londres, Leila viaja al pasado, a inicios del siglo XX cuando Palestina se encontraba bajo el dominio del Reino Unido y a través de material de archivo y ficcionalizaciones de anécdotas, nos va contando como estos pueblos pasan de opresor a opresor. Pero Leila y los Lobos no es una docu-ficción cuya intención es darnos una lección de historia, o al menos no en un sentido estricto y educativo. A través de la comparación de estos materiales donde vemos la resistencia de los pueblos libanes y palestino, documentales y ficticios, la cineasta se da cuenta de que en los primeros no se encuentran mujeres a la vista y por lo tanto en los segundos deberá revelar el papel que las mujeres tomaron en estos actos de rebeldía. Esto es necesario porque los lobos que persiguen a Leila no son solo aquellos que vienen del extranjero, sino de su propio pueblo.
¿Qué lugar tiene la mujer en la revolución en una cultura que la discrimina por querer pertenecer a esta? ¿Por qué la mujer que quiere dar la vida por su patria es vista como negligente con su pueblo? Leila, y por lo tanto Srour, no puede hacer nada más que visibilizar su participación y como a pesar de las consecuencias, estas mujeres siguieron con su lucha. Lo que sea que depare en el futuro para estas mujeres al menos algo es seguro, que estarán unidas. Una muestra de esto es la propia película, pues en ella no participan muchas actrices profesionales, sino las mismas mujeres que conforman estas comunidades que Srur retrata. Leila y los Lobos es una película que reta toda convención estructural, de narrativa, pero también por el contexto en el que se realizó, una cinta que surge de los escombros de la guerra, de la invasión y la opresión, el testamento de una historia que no pudo ser borrada.
Trilogía de Beirut
Entre 1976 y 1983, Jocelyne Saab filmó la guerra civil del Líbano y la invasión israelí en una trilogía sobre la destrucción de su ciudad, recogiendo testimonios de habitantes que hoy en día siguen resistiendo la ocupación ilegal de su territorio y el embate imperialista.
Aunque esta trilogía se compone de tres documentales cortos y aunque esa no haya sido la intención, ver la Trilogía de Beirut de Jocelyne Saab como una sola cinta resulta ser un ejercicio sumamente interesante. Empezando por Beirut, Nunca Más, Saab nos presenta a su ciudad destruida por la guerra civil y lo hace siguiendo a los niños que de diferentes maneras participan en la lucha, ya sea saqueando por comida o tomando parte del combate armado. Entre estas imágenes de la infancia en Beirut y las imágenes de los lugares que le daban identidad a la ciudad, la cineasta se pregunta que tan diferente será este lugar una vez que sea reconstruido por quienes han crecido en este nuevo contexto. ¿Qué será de Beirut?
En Carta a Beirut, Saab regresa a su ciudad natal después de varios años, a través de entrevistas con amigos, familia y extraños la cineasta representa a un pueblo que trata de seguir adelante en un periodo de paz. Hay quienes creen que la guerra ha quedado atrás, a pesar de que a unos cuantos kilómetros el combate se prepara para reanudarse en cualquier momento, aún así hay optimismo y la gente espera que todas las comunidades que conforman el pueblo de Beirut puedan convivir en paz. Lo peor sucede, Saab nos introduce a Beirut, mi Ciudad mostrándonos su hogar completamente destruido por los voraces bombardeos Israelis, la cineasta utiliza la misma propuesta personal para este documental, sin embargo mientras avanza se va alejando de su propia perspectiva y deja que las imágenes de la ciudad hablen por sí mismas.
Si bien en los primeros dos documentales el lenguaje de Saab era mucho más cercano al de un reportaje televisivo, en este último deja a un lado muchos elementos de este formato tradicional y se permite dejar las imágenes de los estragos de la guerra sin mucho contexto, dejando a la audiencia simplemente sentir y no necesariamente informarse de los hechos. La transición de una cinta a otra nos muestra la creciente decadencia de la situación de esta región y a la vez nos muestra el crecimiento de Saab como cineasta, menos interesada en darnos una visión fidedigna de los hechos y más bien captar las emociones de la gente que la rodea y lo que ella misma siente por lo que ha pasado con Beirut. En especial en este último fragmento, a través de su narración, Saab se escucha derrotada, sin mucha esperanza de lo que depara a Beirut, Líbano y Palestina, y a la vez se mantiene firme por la unión de estos pueblos que se ha creado ante la adversidad.
Ojalá que ese deseo de que este conflicto se terminara pronto hubiera sido verdad, pero a cuarenta años no mucho ha cambiado y hasta se puede decir que ha empeorado. Las imágenes que Saab nos muestra no son muy diferentes a las imágenes que vemos hoy en redes sociales compartidas por estos pueblos que de nuevo se enfrentan al ataque sionista, nada ha cambiado, son las mismas víctimas y los mismos opresores, lo único que ha cambiado es el formato con las que se captan.
Cinéfilo, crítico, swiftie y procrastinador profesional.


