Una adaptación sin alma.

Cuando un clásico literario se adapta al cine, siempre existe la preocupación entre los fans de si esta será fiel al material original, sin haber leído la novela de Daphne du Maurier, me atrevo a decir que esta adaptación para Netflix dirigida por Ben Wheatley debe ser muy fiel y ese es su mayor problema. Wheatley parece estar más preocupado por contarnos la misma historia, palabra por palabra tal y como es, sin giros, sin cambios radicales, sin una nueva estructura, nada, es una narrativa tradicional y solemne que al final, nos deja con una película sin alma, que solo existe por que sí.

Visualmente es bella, los vestuarios, los escenarios, el diseño de producción en general es impecable, en este aspecto no hay queja alguna. En cuanto a las actuaciones, todos los actores hacen lo que pueden con lo que tienen, Lily James es magnífica haga lo que haga, Armie Hammer como siempre, contenido, pero eso le basta, Kristin Scott Thomas se mantiene al borde de ser una caricatura y sale casi ilesa.

Sin embargo nada de esto puede salvar a esta adaptación de ser un producto sin vida, del que no brilla ni el romance, ni el misterio. No queda claro cuales eran las intenciones de Wheatley ya que no se compromete impregnar la película con un tono o jugar con varios. Con tal de mantener la estructura intacta, sacrifica el ambiente gótico por un ambiente que no puede ser nombrado pues ni siquiera existe.

Quizá para algunos resulte disfrutable al no esperar nada de ella, pero la realidad es que es una película anticuada que no hace ni el más mínimo intento de adaptarse a nuestra época.

Disponible en Netflix.

rebecca

Deja un comentario