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I

El pronóstico del clima decía soleado y con pocas nubes, entonces, me gusta­ría conocer la razón por la cual cae un diluvio desde hace más de media hora. Este clima horrible solo dificulta mi avance y favorece mucho al hijo de puta que estoy persiguiendo. Debí posponer la cacería para otra ocasión, pero no, ¡definitivamente no! Yo nunca postergo nada, ni siquiera las visitas al dentis­ta, por eso mi hermana dice soy como un militar: todo al pie de letra, todo en el justo momento. A veces me exaspero a mí mismo.

Oigo una respiración tan ansiosa como la mía, no suena muy lejos y seguramente proviene de mi presa. Iré despacio, no quiero que me descubra y eche a correr otra vez. Ahí está, agazapado contra un barril y unas cajas de madera a menos de diez metros. Hay tantos buenos escondites en el muelle, el tipo eligió muy bien hacia donde escapar.

Mi idea era retenerlo en su oficina con la finalidad de terminar el trabajo, incluso interrumpimos el sistema de seguridad con un programa, lo filtramos por medio de un inocente correo. Secretarias, siempre son de gran ayuda. Por desgracia él fue más rápido, bajó por la escalera de emergencia en un santiamén y salió como una bala hacia la calle. Fue una carrera de quince minutos que yo no pude ni siquiera empatar, el arsenal sobre mí me vuelve más pesado y por lo tanto más lento, además tengo un pequeño problema técnico. La máscara, con la que cubro la mitad de mi rostro, tiene cinco filtros de aire y no parecen ventilar bien a la hora de correr. Se pone peor cuando ese algo me calienta la sangre y eso ya está sucediendo.

Mi presa sacó su celular, sin duda llamará a emergencias y se esconderá aún mejor mientras ellos llegan; no le daré esa ventaja. ¡Qué carajo, no podré divertirme con él! Tendré un solo tiro disponible y no más. ¡Vamos chico, puedes hacerlo! Apoyo el rifle de largo alcance sobre mi hombro y fijo la mira en su despeinada cabezota. Es una pena que termine así, el tipo es bien parecido y con esa fortuna, podría vivir unas cinco vidas sin carecer de nada. Si lo conociera mejor, me haría pasar por su heredero.

La otra noche, mientras lo espiaba en preparación de la cacería, lo vi con una bonita rubia de enormes pechos. Se veían muy acaramelados, aunque también existe la posibilidad de que haya pagado por su compañía, mas si ella resultara ser su esposa, estoy por convertirla en una viuda extraadinerada; me lo debería de agradecer. Espera, algo cambió… ¿está mirándome?… no, no, no puede ser… ¡sí lo hace!

¡Maldición, escapo otra vez! Con el arma todavía en la mano, me desprendo de la cornisa. Es un error, un pésimo error de novato que yo no debería cometer. Si me encuentro con un policía, me irá muy mal. Y ya me quedé sin aliento, de todos modos continuaré, no importa si ambos pulmones se me revientan, ¡lo atraparé!

Me detengo un momento en medio de una calle bordeada de bonitas casas; el infeliz llegó a los suburbios. Corre como el diablo, ¿qué comerá en el desayuno? Debería preguntarle. Me arde la garganta, el aire no fluye hacia mi pecho, será mejor calmarme. Una sombra se arrastra por la izquierda a pocos metros de mí, si me quedo inmóvil, pensará que no lo he visto y me dejará saber a dónde va.

Camina lento en dirección al patio frontal de una casa con fachada rosa pastel,¡qué mal gusto tienen algunas personas! No soportaría vivir con ese color tostando mis retinas cada día. La parte buena es que gracias a su resalte natural, no olvidaré su ubicación, ahora solo debo fingir que iré en otra dirección y quizás se anime a salir. Desgraciado, al menos debería ponerse en un punto en el cual pueda dispararle a su redonda cabeza. Me ocultaré detrás de ese roble, está muy cerca de su escondite. ¡Rayos! Casi no puedo ver nada, la lluvia levantó una estorbosa neblina. Le pediré a la jefa que me asigne casos fuera de los suburbios y los muelles, el terreno es demasiado fastidioso, otro puede lidiar con esto.

Sí… me sigue desde el Edificio TES de la calle Amber…

Está al teléfono, ¿dónde estás, pequeño idiota? No puedo verte… Si escudriño achicando los ojos quizás lo pueda ubicar. Ah, tiene la neblina y el pésimo alumbrado público de su lado, ¡no lo puedo encontrar y ya estoy desesperado!

¡No, ya le dije que no lo sé! El infeliz va encapuchado, no pude verle la cara…

Elevó mucho la voz, no tardarán en asomarse los curiosos. Maldita sea, no puedo trabajar así.

Una luz se enciende, lo sabía, ya viene el buen samaritano a ofrecerle una mano al hombre en apuros, sin saber lo mucho que dificulta la labor del pobre asesino a sueldo. ¿Acaso ya no hay moral en este mundo? Momento, sí la hay. En la cocina de la espantosa casita rosa, apareció una chica muy guapa. Puso la tetera al fuego; primor, no tienes ni idea de lo oportuna que eres, gracias a ti, ya puedo ver a Archer sobre tu techo.

Me dispongo a apuntar mi arma cuando se abre la puerta detrás de mí. Sucede tan rápido, apenas tengo tiempo de tirarme al suelo y rogar por mi alma. A juzgar por los sonidos a mi alrededor, puedo asegurar que quién haya salido no me vio. Con un poco de suerte, entrará rápido y dejará de entorpecer mi trabajo, ¡por favor que así sea!

¡Harold! ¡No olvides meter al gato! —chilla una voz desde el interior de la casa.

¡De acuerdo, cariño!

Levanto la cara, ya puedo ver al corpulento hombrecito que viene hacia mí. Se detiene en el centro del patio y se balancea igual a una campana. Observa atento la pantalla de su celular y por eso no ha notado que estoy tumbado como una lagartija sobre la banqueta, ¡qué fastidio! Los pesados pies de Harold se mueven en redondo, canturrea algo que suena a «shituuu, bishiituuu, shituuu». ¿En verdad los gatos responden a eso? Ojalá encuentre pronto a su mascota y se largue de una buena vez, ¡el tiempo apremia!

¡Ah, aquí estás Popstar! —exclama el gordito, instintivamente contengo la respiración—. Vamos adentro.

El gato naranja maúlla, Harold tararea y hace el camino de regreso a un paso muy lento. ¡Por favor, métete a tu casa ya!

Por fin, el glorioso sonido de la puerta al cerrarse. Me incorporo sobre los codos con lentitud y mucho, mucho cuidado. Espero que Archer no se haya movido del techo… ¡Sí, sigue ahí! Se ve más desalineado que al inicio de la persecución, me da igual mientras se quede recargado contra la chimenea. No correré más riesgos, me olvidaré del ataque a distancia y lo atacaré de frente.

Usando las sombras como escudo, avanzo hacia el patio de la casa rosa. A diferencia de mi presa, yo entró como si fuera el dueño, sin miedo a ser visto porque no hay nadie en la parte frontal; la chica sigue en la cocina al costado contrario de donde camino. Dejo el arma sobre los botes de basura, esto no tardará y vendré por ella apenas termine.

Doy un salto, me afianzo a la canaleta y me impulso con las piernas a fin de alcanzar el tejado, justo detrás de la chimenea. Mi víctima se dio el lujo de encender un cigarro, me parece bien, todos merecemos un último deseo. Echo una mirada a la parte trasera del patio, hay una pequeño invernadero. Vaya, los dueños son hogareñas, no conozco a muchas personas así.

Llevo la mano a la navaja sobre mi muslo y la deslizo con suavidad fuera de su funda; estoy listo. Un cortecito en la yugular y el asunto se termina. Lamento el sucio problema que le dejaré a esta familia. Si utilizan mucho cloro, podrán retirar la sangre de su techo en poco tiempo, lo digo por experiencia. Oh, oh, hay un sonido agudo flotando en el aire, es la policía. Aún están lejos, me daré prisa. Carajo, esta no es mi noche.

Mi presa pierde el cigarro de su boca cuando lo sujeto por el brazo. Con toda mi fuerza, doy la estocada en dirección a su cuello, en el último segundo, el tipo tan flexible como una lombriz se tuerce sobre su espalda y evita el golpe a la vez que se libera de mi agarre. ¡Maldición! Creí que al verse libre correría despavorido por todo el techo, mas en lugar de eso, salta impactándome con una potente patada. Retroceder le hizo pensar que tenía la ventaja, por eso no cesa de lanzar ganchos torpes. Necesito recuperar terreno. De un salto me pongo a su alcance y su mano golpea mi muñeca tan fuerte, que suelto la na­vaja; esto se está poniendo muy feo. Cambio de plan: romperé su cuello.

El sonido de las sirenas se hace más fuerte, por mucho, estarán a dos calles de distancia. Es ahora o nunca. Me impulso con las piernas y logro caer sobre sus hombros aferrando su cuello, será un movimiento definitivo. Archer me repele con una fuerte patada. Muay Thai, el hombre practica Muay Thai desde los siete años, ¿por qué se me olvidó algo tan importante?

Mi trayectoria hacia el suelo es limpia, no hay objetos a los cuales asirme y la policía llegará pronto; se terminó. Perdí por primera vez. La rabia en mi pecho amortigua el dolor de la caída sobre los cristales del invernadero, que terminan hechos polvo al igual que yo. También me quedé sin aire, toso y jadeo buscando recuperarme; solo consigo ahogarme más…duele…

¿Estás bien?

¿Quién me llama? No puede ser Archer, su voz es más rasposa. Es una chica, su cara me habla de auténtica preocupación, ¿por qué? Acaricia mi mejilla con sus delicados dedos, ¡diablos, es hermosa!Los ojos se me cierran. Me hundo en un negro absoluto en cuyo interior no alcanzo más que a escuchar el chirriar de las patrullas al frente de la casa. Estoy acabado.

Interacción

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