‘Tótem’, enfrentando lo inevitable en familia
Lila Avilés cimienta su intimo estilo con su segunda película.
Sol, una niña de siete años, pasa el día en casa de su abuelo ayudando a sus tías con los preparativos de una fiesta sorpresa para su padre. Mientras el día avanza, los lazos que mantienen unida a la familia serán puestos a prueba.
Han pasado cuatro años desde que la cineasta Lila Avilés conmocionó a la industria mexicana con su debut La Camarista, una película con un estilo intimo que desafiaba ciertas convenciones conocidas del cine nacional, ahora esta innovadora cineasta está de regreso con su segunda película, Tótem, que llega a cines de todo el país este fin de semana y con la que Avilés cimienta lo que podría ser su estilo por el resto de su carrera.
Desde la primera secuencia de Tótem, Avilés inadvertidamente nos deja conocer de forma muy clara de que nos va a hablar con Tótem, Sol y su mamá se encuentran en camino a prepararse para una fiesta, entre risas y juegos, Sol pide como deseo el evitar algo que está fuera de su control, del control de su madre y hasta se puede decir que del control de la vida misma. La niña no obtiene respuesta más que el silencio incómodo de su madre, incapaz o sin conocimiento de como manejar la situación o mejor dicho, de como enfrentarse a ella sin ser honesta, con Sol y consigo misma. Esta evasión de la realidad viene de la buena intención de evitarle a una niña tener que lidiar con conceptos que sobrepasan sus capacidades intelectuales y/o emocionales. ¿Es eso verdad? ¿Las infancias no pueden comprender la inevitabilidad de la muerte? Esa pregunta es con la que Avilés confronta a la audiencia adulta en Tótem.
Avilés nos presenta a las tías de Sol, que más tarde se convierten en los personajes centrales, llevando a cabo sus actividades cotidianas y preparándose para la fiesta del papá de Sol, no hay nada especial o peculiar acerca de lo que están haciendo, pero conforme va avanzando la cinta es evidente que el esfuerzo que ponen tanto para prepararse individualmente como para preparar el evento, viene de un deseo de que sea lo más perfecto posible. ¿Por qué tanto esfuerzo? Nadie quiere decirlo, pero es obvio, la misma Avilés rompe la perspectiva de sus personajes para mostrarnos a la pieza central de esta historia, el padre de Sol, y así tanto audiencia como personajes no pueden dejar de pensar en que sin importar lo que se haga, el resultado es igual.
Para la cineasta es necesario que la audiencia sienta lo mismo que sus personajes, y es aquí donde cimienta lo que podría llegar a ser su estilo por el resto de su carrera, por eso sitúa su cámara principalmente en sitios que nos permiten observar de forma intima lo que hacen Sol y su familia, una cercanía que con el formato de imagen casi cuadrado podría ser asfixiante, pero la delicadeza de las imágenes de Avilés y su fotógrafo Diego Tenorio en realidad resultan ser un buen conducto para la empatía y para que las emociones se enfrasquen en la pantalla, creando así esta atmósfera agridulce por la contradicción entre perdida y esperanza.
Lo que Avilés encuentra es que cuando se trata de afrontar a la pérdida de un ser querido, todos queremos hacerlo de la forma más correcta posible ¿Celebrando a la persona? Una fiesta y regalos tienen una intención optimista y a la vez pueden ser señal de derrota, puede ser el inicio de algo mejor o la aceptación de la inminente perdida, y con ello viene otra pregunta ¿Es el deseo del alivio para el ser querido o para uno mismo?. Los sentimientos son mixtos, Avilés nos hace sentir la calidez de la interacción entre Sol y su familia, sin perder de vista la tristeza que las abruma, sentimientos que no solo se dan por las imágenes, sino por quienes las habitan.
El elenco, principalmente conformado por mujeres como Marisol Gasé, Montserrat Magañón, Iazua Larios, Teresita Sánchez, hace un impresionante trabajo en transmitir el conflicto interno de sus personajes, pero es la interpretación de la pequeña protagonista, Naíma Sentíes, la que realmente encapsula el sentimiento que Avilés quiere exponer al público con Tótem. Es en los ojos atentos de Sentíes que podemos ver como la paz va creciendo en el interior de Sol mientras más es consciente de su situación y más la va aceptando. Es en el arco de su personaje donde vemos como empieza el proceso de dejar ir, sin las mismas ataduras, culpas, frustraciones o arrepentimientos que los adultos, sino más que el puro amor.
En Tótem, Lila Avilés encapsula una infinidad de sentimientos personales y universales en un espacio y tiempo contenido, una película tendrá un impacto profundo en la audiencia por la delicadeza de sus imágenes, es la intimidad vuelta una experiencia audiovisual. Es eso lo que define el estilo de esta cineasta y con el que se posiciona como una de las voces más fuertes del cine mexicano actual y a la que habrá que seguir prestando atención para que no deje de conmovernos. Pero por ahora, nos deja reflexionando sobre si podemos aprender de esa sabiduría nata de los niños que les permite lidiar con el duelo de una forma más pura.
Dirección y guion: Lila Avilés
Elenco: Naíma Sentíes, Montserrat Marañón, Marisol Gasé, Saori Gurza, Mateo García, Teresita Sánchez, Iazua Larios y Alberto Amador
Cinéfilo, crítico, swiftie y procrastinador profesional.


