15 de septiembre de 2026
Cine · México · ciudad

“Los olvidados”: la Ciudad de México que el discurso oficial prefería no mirar

Luis Buñuel filmó en 1950 una capital en modernización sin esconder la pobreza infantil, la violencia cotidiana ni los espacios que quedaban fuera de la postal del progreso.

15 SEPLuis BuñuelGabriel Figueroa
Crédito: Filmoteca UNAM · Fuente
Fotograma de Los olvidados incluido en la ficha de UNESCO Memory of the World
Crédito: Televisa S. de R.L. de C.V. / UNESCO · Memory of the World · Fuente

La Ciudad de México de Los olvidados está creciendo, pero el progreso casi nunca llega hasta los personajes que seguimos. Hay terrenos baldíos, edificios incompletos, calles de tierra, mercados y viviendas donde la modernización aparece como algo cercano y, a la vez, fuera de alcance. Luis Buñuel coloca ahí a niños y adolescentes que no funcionan como símbolos inocentes: mienten, desean, roban, se cuidan y se lastiman dentro de un entorno que ofrece muy poco margen.

Ese retrato resultó incómodo en 1950 porque chocaba con una imagen pública de México asociada con desarrollo urbano y orgullo nacional. La película no inventaba una ciudad miserable para provocar; observaba contradicciones que convivían con el crecimiento de la capital. Su fuerza permanece justamente ahí: en negarse a convertir la pobreza en fondo pintoresco o a sus personajes en una lección moral sencilla.

01 · Otra modernidad

La ciudad puede crecer sin que todos sus habitantes avancen con ella

El México de mediados del siglo XX vivía urbanización, industrialización y expansión demográfica. Nuevas avenidas, obras y edificios alimentaban una narrativa de modernidad. Buñuel dirige la cámara hacia zonas donde ese proceso produce bordes: espacios todavía sin consolidar y familias que participan de la ciudad sin recibir de manera equitativa sus beneficios.

La elección espacial importa. Los personajes no aparecen aislados en un pueblo remoto; viven dentro de la capital. La proximidad física con el desarrollo hace más visible la distancia social. Una estructura de concreto o un transporte moderno puede estar a pocos minutos y, sin embargo, pertenecer a otra experiencia urbana.

El progreso también tiene fuera de campoMostrar una ciudad moderna implica decidir qué calles entran al encuadre. Buñuel desplaza la cámara hacia quienes podían quedar fuera de la versión celebratoria de la capital.
02 · Niñez sin pedestal

Los personajes jóvenes tienen agencia, contradicciones y consecuencias

Pedro, Jaibo y los demás niños no están escritos para producir compasión automática. Buñuel evita la figura cómoda del menor pobre pero moralmente impecable. Sus decisiones pueden ser crueles, impulsivas o afectuosas. Esa complejidad incomodó porque impide resolver el problema diciendo que la bondad individual bastaría para escapar del entorno.

La violencia circula entre generaciones. Adultos ausentes, explotación, abandono y falta de oportunidades forman parte del contexto, pero la película tampoco convierte a cada conducta en ecuación sociológica. Las personas siguen tomando decisiones dentro de límites estrechos. Esa mezcla de estructura y responsabilidad hace que los conflictos se sientan humanos en lugar de programáticos.

Fotograma de Los olvidados conservado en el archivo del Festival de Cannes
Crédito: Festival de Cannes / Collection Christophe L · Fuente
03 · Figueroa y Buñuel

Una fotografía elegante puede mirar espacios ásperos sin embellecerlos por completo

Gabriel Figueroa fotografió la película y su presencia resulta fascinante porque solemos asociarlo con paisajes monumentales y composiciones emblemáticas de la Época de Oro. Aquí la luz y el blanco y negro trabajan con muros, polvo, interiores estrechos y terrenos fragmentados. La imagen sigue siendo cuidadosamente compuesta, pero la materia que organiza es otra.

Buñuel incluso introduce momentos surrealistas, como el célebre sueño de Pedro, sin romper el mundo social construido alrededor. La fantasía aparece como extensión de miedo, culpa y deseo. Esa convivencia recuerda que el realismo de una película no depende de renunciar a lo imaginario; depende de que aquello que imaginamos revele algo del personaje.

04 · Investigación

Buñuel recorrió zonas populares antes de construir su ficción

La película no surgió únicamente de una idea abstracta sobre la pobreza. El director investigó ambientes y casos, recorrió barrios y trabajó con noticias y observaciones para construir situaciones. Esa base documental convive con una puesta en escena muy controlada. El resultado no pretende ser un reportaje, pero sí mantener contacto con condiciones reconocibles de la ciudad.

La estrategia es importante porque evita que el entorno parezca un decorado genérico de “miseria”. Oficios, comida, espacios de trabajo y relaciones familiares tienen detalles concretos. La ciudad gana espesor precisamente porque la película observa rutinas además de acontecimientos dramáticos.

Material de archivo sobre Los olvidados del Centro de Documentación de Filmoteca UNAM
Crédito: Filmoteca UNAM · Acervo gráfico del Centro de Documentación · Fuente
05 · La recepción

El rechazo inicial revela qué imágenes de México podían resultar incómodas

Los olvidados tuvo una recepción mexicana complicada en su estreno antes de ser reevaluada con fuerza después de su reconocimiento internacional, incluido el premio a la dirección para Buñuel en Cannes. La reacción muestra que una película también discute con el momento político y cultural en que aparece.

Décadas después, la obra fue reconocida por su valor patrimonial y preservada como pieza central de la cinematografía mexicana. Esa trayectoria cambia la pregunta. Aquello que alguna vez se consideró una imagen ofensiva del país hoy forma parte del archivo con el que entendemos su historia cultural.

06 · Lectura final

La ciudad de Buñuel sigue inquietando porque sus contradicciones nunca fueron únicamente de 1950

Los olvidados mira una capital que quiere narrarse como moderna y encuentra personas viviendo en los bordes de esa promesa. La película no niega el progreso; muestra que puede distribuirse de manera desigual. Esa precisión la salva de convertirse en una cápsula histórica cerrada.

Hoy podemos reconocer calles, políticas y condiciones diferentes, pero la pregunta permanece incómodamente vigente: ¿quién queda fuera cuando una ciudad presume que avanza? Buñuel respondió con una cámara puesta sobre niños que el discurso optimista podía preferir no mirar. El título terminó siendo una acusación menos hacia sus personajes que hacia la facilidad con la que una sociedad aprende a apartar la vista.

Sobre el autor

Interacción

Deja un comentario

Descubre más desde CineMedios

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo