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Amado por muchos, odiado por otros, y criticado por cientos, el cine slasher ha existido desde hace algunos años atrás, y este es reconocido por famosos personajes del cine como Jason Voorhees de la franquicia Friday the 13th, Michael Myers de Halloween, o el icónico Freddy Krueger de A Nightmare on Elm Street.

Esta última fue dirigida por uno de los más grandes referentes del cine de horror, Wesley Earl Craven, o mejor conocido como Wes Craven, director oriundo de Cleveland, Ohio, quien siempre fue reconocido por ser uno de los nombres más sobresalientes para el mundo del horror, y sobre todo del subgénero slasher.

El año es 1996, y el cine slasher se encuentra en uno de sus «no tan buenos» momentos, secuelas, y secuelas de las cintas previamente referencias han inundado los cines, y la chispa que las hizo brillar en sus tiempos, parece haber quedado atrás, limitándose a utilizar ejecuciones repetitivas que ya no sorprendían a muchas personas.

Pero, en ese mes de diciembre de 1996, Wes Craven, quien para muchos fue considerado como una de las grandes mentes del cine de horror, demostró el porqué de su título, al presentar una idea que, a pesar de sonar aparentemente simple en papel, en ejecución terminó por ser algo brillante, y totalmente refrescante para un subgénero que realmente lo necesitaba en ese momento.

Así fue como llegó Scream, cinta que seguía la historia de una chica llamada Sidney Prescott, hija de Maureen Prescott, una mujer que fue asesinada tiempo atrás, antes de los eventos de la película. Tiempo después de este suceso, otra chica llamada Casey Becker, – interpretada por Drew Barrymore, en una escena que se convirtió en un clásico -, es asesinada tras una brutal y muy burlona llamada telefónica, en la que el agresor, armado con su amplio conocimiento por el cine de horror, decide torturar mentalmente a la víctima antes de llevarla a su trágico desenlace.

Este evento, de alguna manera se termina por enlazar con la historia de Sidney, y así es como ella, y su grupo de amigos, Tatum, Billy, Stu, y Randy, además del detective Dewey, y la afamada periodista, Gale Weathers, tendrán que averiguar, quién es la persona que está detrás de esta infame ola de crímenes que están sucediendo en el pequeño poblado de Woodsboro.

¿Qué fue lo que hizo a Scream sobresalir de otras películas del género? La precaución, y una muy astuta lectura de la habitación. Para aquel entonces, dentro del subgénero, era común ver una serie de situaciones que se repetían una, y otra, y otra vez, lo cual generaba en la audiencia constantes dudas acerca de la inteligencia de los personajes que eran acechados constantemente por los asesinos. En Scream, nos encontramos con personajes que son muy conscientes de su existencia dentro de una cinta de horror, poseen un basto bagaje acerca del funcionamiento de estas situaciones, han visto cientos de películas y eso les ha permitido crear una serie de reglas que les da a entender cómo es que pueden sobrevivir al antagonista que los está persiguiendo.

En ese momento, esto fue algo disruptivo, Scream iba en contra de lo que el cine slasher había impuesto con anterioridad, buscaba romper con lo establecido, y eso terminó por convertirla en una película inteligente, y todo gracias a una serie de meta referencias, que se demuestran en cada momento que la historia se va construyendo. La narrativa posee un estilo que le permite burlarse con elegancia del género, y lejos de buscar ridiculizarlo, le da homenaje, y cada pieza de información, proporcionada por alguna otra película del género, es colocada de una forma sutil, haciendo que cada mención existente, lejos de sentirse forzada, o que haga ver a la película como un excesivo esfuerzo por parecer astuta, se sienta parte esencial del guion, son toques extras, pero que le dan un valor y una personalidad distintiva a la película.

Como ya se mencionó, el género slasher se caracterizó por contar con rostros que con el paso del tiempo se volvieron figuras notables del cine en general, y con Scream esta no fue una excepción. Ghostface es la identidad clave de la franquicia, un asesino que se oculta detrás de una mascara inspirada por la pintura «El Grito» de Edvard Munch, cuyos trazos representan la desesperación de los humanos. Ghostface es un personaje que al igual que nuestros héroes, cuenta con un conocimiento del cine de terror, creando así un desafiante juego del gato y el ratón, en el que contamos con personajes astutos que están unos detrás de otros, buscando salir victoriosos del duelo.

Sin embargo, lo que vuelve aterrador a Ghostface son diferentes factores. Para los personajes de nuestra historia, es la desconfianza que esta entidad genera, pues la persona detrás de la mascara es alguien cercano a ellos, alguien que los vigila paso a paso y conoce su modus operandi, está cerca a todo momento, acechando, esperando el momento ideal para atacarlos, torturarlos, hacerlos sentir vulnerables para convertirlos en sus presas. Esto lleva a crear una atmosfera de tensión, que prevalece en cada momento, y mientras los personajes van cayendo poco a poco, la incertidumbre crece. Un sentimiento que se asemeja a clásicos como Diez Negritos de Agatha Christie, convirtiendo a Scream en una cinta perteneciente al whodunnit.

Pero, para el espectador, todas estas sensaciones no son ajenas, pues en la construcción del villano, no hay elementos sobrenaturales, no es una encarnación de la maldad como Michael Myers, no posee una fuerza sobre humana como Jason, ni tampoco cuenta con habilidades fuera de lo normal como Freddy. Ghostface es una persona común y corriente, que está armada con su inteligencia, puede tener momentos de torpeza, pero eso lo vuelve humano, y eso lo convierte en una figura realmente escalofriante.

Disrupción fue una palabra que ya se utilizó en esta reseña, y que constantemente ha acompañado a Scream desde sus inicios. Para muchas cintas de horror, era extraño contar con un reparto conformado por nombres reconocidos, generalmente estaban atadas a bajos costos de producción, y esto llevaba a contar con grupos conformados por actores no tan reconocidos, dando apertura a que muchas notables estrellas se formaran; sin embargo, cuando el cast fue anunciado, este resaltó por contar con nombres como Drew Barrymore, David Arquette, Courtney Cox, Matthew Lillard, Rose McGowan, Skeet Ulrich, Jamie Kennedy, y una aún tanto novata Neve Campbell, quien había ganado algo de notoriedad por películas como The Craft o la serie Party of Five, esta última atrajo la atención de Wes Craven, quien consideró que Campbell era perfecta para interpretar a nuestra heroína, al entregar a un personaje que está en un punto de su vida en donde ha tenido que madurar, pero a pesar de ello, aún cuenta con un grado de inocencia, volviendo así a Sidney una figura empática, cuyas pequeñas victorias sobre el siniestro Ghostface, terminan por convertirse en victorias para el espectador.

Con este reparto, muchos esperaban que Drew Barrymore fuera la gran titular de la historia; no obstante, para muchos espectadores ocurrió algo totalmente inesperado cuando su personaje, Casey, terminó por convertirse en una de las primeras víctimas del desquiciado Ghostface, en una escena que no sólo terminó por volverse en una tradición para la franquicia, sino que también entregó una de las secuencias más memorables en la historia del cine, y todo a partir de una aterradora llamada, en la que la inocente pregunta «what’s your favorite scary movie?», termina en una nota brutal, la cual cierra con un desgarrador grito, y todo esto, da un poderoso inicio a la historia.

Y adicional a grandes actuaciones, un guion bien estructurado, y una dirección sobresaliente, también se le mezclaron un uso de efectos prácticos, que representaron y transmitieron a la perfección la crueldad de los actos de Ghostface, y una banda sonora compuesta por un novicio Marco Beltrami, el cual, con Scream, comenzaría su camino como uno de los compositores más destacados dentro del género del horror, gracias a una serie de notas y melodías que se presentan como aliadas en los ataques de Ghostface, y mientras que éste da caza a sus presas, la música va atrapando a los espectadores, llevándolos a la desesperación que acompaña cada momento de la cinta.

Scream se convirtió en un clásico instantáneo, y ganó la rápida aceptación de la crítica especializada, y de los fans, quienes recibieron con brazos abiertos la arriesgada, pero muy valiente, y sobre todo astuta propuesta que Wes Craven les presentó, en ella encontraron una película que lejos de sumarse a la pila de cintas que salían, buscaba criticar y hacer un homenaje, pero sobre todo un comentario, en el que se demostró que el cine slasher, lejos de morir, aún podía ofrecer frescura, y una excelente manera de hacerlo, fue tomando todos aquellos clichés, para jugar con ellos, y estructurarlos inteligentemente.

Dónde ver Scream (1996):

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