Basada en hechos reales. A finales del siglo XIX, Ignacio de la Torre se casa con la hija del presidente de México, Porfirio Díaz. Ignacio lleva una doble vida: es miembro de una sociedad clandestina mientras asciende en el tradicional mundo de la política. El delicado balance se sostiene hasta que conoce a Evaristo, el miembro 42 de la sociedad. Los secretos salen a la luz y todo culmina en una escandalosa redada policial en una de sus fiestas: el baile de los 41.

El Baile de los 41 de David Pablos desde su primer plano secuencia nos introduce en un ambiente de elegancia, gracias a la fotografía de Carolina Costa y el diseño de producción de Daniela Schneider, que hace el contraste entre la pequeñez de sus personajes y la inmensidad de sus escenarios, dejándonos claro la rectitud con la que se manejaba la política mexicana. 

Aunque el aspecto visual es impresionante y se roba la atención, los mejores momentos de la película vienen de parte de sus actores, principalmente de Alfonso Herrera y Emiliano Zurita, quienes manejan su romance con sutileza en lugar de gestos más directos, sin embargo quién resalta es Mabel Cadena, al tener que interpretar al personaje más complicado, una actriz que poco a poco va revelando su talento y que seguro seguiremos viendo más de ella en los próximos años.

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A pesar de ser una película excepcional en muchos aspectos, se queda un tanto corta en otros, en específico la narrativa ya que desde el inicio se plantean muchos obstáculos para Ignacio, como su matrimonio, su relación con Díaz, sus planes para ser gobernador, el tener hijos, entre otros, sin embargo nunca se ahonda en estas complicaciones y no le estorban lo suficiente al personaje para que el espectador sienta el riesgo o el peligro de lo que pasaría si su verdadera orientación fuera descubierta. Los eventos ocurren sin mayor problema, no existe la suficiente presión en el personaje ni en el espectador para que le importen las consecuencias. 

Tomando en cuenta que la historia del baile de los 41 está infestada de rumores y de hechos inexactos, se pudieron haber tomado libertades creativas, incluso más de las que ya se tomaron, con tal de crear una narrativa más concreta. 

Ante todo, El Baile de los 41 triunfa en cuanto a su propósito, que no es hablar de un hecho histórico de la forma más verídica o apegada a la realidad posible, si no de hablar de la represión de la sexualidad, de la identidad, de todo lo que es diferente, pero en específico, como la estructura patriarcal mexicana del Porfiriato afectaba a estos grupos, además de mostrarnos lo mucho que se ha avanzado en el tema de la igualdad, pero también lo mucho que hace falta. Que tan exitosa sea su representación de los homosexuales es algo que yo no puedo asegurar al no ser parte de este grupo, lo que si puedo asegurar es que El Baile de los 41 a pesar de sus caídas, es una película excepcional para nuestro país.

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Dirección: David Pablos

Guión: Monika Revilla

Elenco: Alfonso Herrera, Mabel Cadena, Emiliano Zurita y Francisco Becerril

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