Un reflejo muy divertido de nuestra realidad.

Tras haber estado catorce años prisionero en en un gulag, el reportero kazajo Borat Sagdiyev, es liberado para cumplir la misión de entregar como regalo a Johnny el Mono al vicepresidente de EU, Michael Pence. Debido a un malentendido, Johnny es enviado junto a Tutar, hija de Borat, quién pudo o no haberse comido al mono. Ahora Borat tendrá que navegar por los Estados Unidos en la era de McDonald Trump, para transformar a Tutar en una dama digna de ser entregada como tributo.

Cuando la primera entrega de Borat fue estrenada en el 2006, nadie se esperaba el impacto que iba a tener en los Estados Unidos, pues la gente que aparecía en la película no dudó en seguirle la corriente al personaje de Sacha Baron Cohen y expresar su anti-semitismo, racismo y otros comportamientos deplorables frente a la cámara. Este impacto se debía a que esta forma de pensar se mantenía en las sombras, así que mejor momento para que Borat regresara a EU que este, cuando el mismo presidente predica racismo y xenofobia públicamente.

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La fórmula es técnicamente la misma, Cohen se disfraza de Borat o de Borat disfrazado de otros personajes y mantiene conversaciones con gente que claramente no se da cuenta que está siendo engañada. Pero en esta entrega, Cohen se enfoca en temas diferentes, principalmente la misoginia, todos los hombres con los que Borat y Tutar interactúan, no se conmocionan cuando estos les hacen conocer sus intenciones de transformar a esta adolescente en un objeto de deseo para hombres mayores, aunque se dicen cosas mucho peores de las que estos hombres se vuelven hasta partícipes, mencionarlas le quitaría el impacto, pues lo mejor es ver las expresiones sin miedo de estas personas a la hora de hacernos saber sus pensamientos, no tienen escrúpulos y así han sido exhibidos al mundo.

Con esta secuela de Borat, queda más que claro que Sacha Baron Cohen es un genio, que no hay nada que no haría por su trabajo y por transmitir sus mensajes, arriesgaría hasta la vida, lo cual hizo para esta película. Entre sus bromas más peligrosas, se encuentra haber interrumpido un discurso de Michael Pence, disfrazado de McDonald Trump, engaño hasta al servicio secreto para infiltrarse en este evento. No queda mucho que decir de lo que sucedió con Rudy Giuliani, esta escena ya se ha hecho viral y con mucha razón.

Otro momento en el que estuvo en peligro fue el pasado junio, cuando subió al escenario de una convención de derecha a cantar una canción con una letra sumamente racista, pero que los asistentes con alegría cantaron junto a él, lamentablemente gran parte de esta broma quedó fuera de la película, incluyendo la reacción violenta de otros asistentes cuando escucharon lo que decía la canción, aquí dejo un video donde pueden ver lo que sucedió, no spoilea de ninguna manera la cinta:

Más allá de haber tenido que usar chalecos anti balas, la otra manera en la que Cohen se puso en peligro fue que grabó gran parte de la película durante la pandemia, su personaje, siendo gravemente ignorante, nunca usó protección contra el coronavirus, incluso entró en aislamiento durante varios días con dos desconocidos que reflejan a la perfección la parte más ignorante de la población americana, la que prefiere creer en teorías conspirativas antes de un científico. es inevitable llegarse a preguntar si estas personas nunca sintieron que había algo extraño sucediendo con Borat, aquí lo más impresionante es que Sacha no rompió personaje durante todo ese tiempo.

Entre broma y broma la verdad se asoma, cuando te pones a pensar de lo que te estás riendo, es ahí donde entra el miedo, pues aunque la película suceda en otro país, sigue siendo una realidad muy cercana, si es un vistazo a la cultura estadounidense, pero seamos honestos, esta nos tiene tan invadidos que muchas de las personas que vemos junto a Borat, no son muy diferentes a personas con las que convivimos en nuestro día a día.

Como ya dije, la genialidad de Sacha Baron Cohen está visible en toda la película, sin embargo quién se roba una muy buena parte de la película es la actriz Maria Bakalova, quién interpreta a Turat, pues Cohen siempre había hecho este trabajo solitariamente, en esta ocasión tuvo una compañera, que tenía que estar a la altura del reto, de poderle seguir el paso, en lo escrito, en la improvisación, en convencer a la gente de que son personas reales, Bakalova es más que magnífica, ella también vivió como su personaje, tanto que hasta se infiltró en la prensa de la Casa Blanca (otra cosa que lamentablemente no está en el corte final). Simplemente una de las mejores actuaciones que se haya visto este año.

Lo que si separa radicalmente a esta segunda entrega de la primera es que entre tanto lío y comedia, hay un viaje emocional, en el que Borat, un misógino de nacimiento, se va acercando a su hija, empieza a quererla. Para lograr esto, se utilizan los clichés más cursis y absurdos del cine americano, es una burla a esta forma tan básica de hacer cine, irónicamente es tan efectivo que de verdad se siente el afecto entre estos dos personajes, quizá porque son interpretados por brillantes actores.

Trasgresora, ofensiva, muy, pero muy graciosa, Borat Subsequent Moviefilm: Delivery of Prodigious Bribe to American Regime for Make Benefit Once Glorious Nation of Kazakhstan quizá no nos diga nada que no sepamos, pero si nos hace reflexionar acerca de lo que sabemos, no solo de la cultura estadounidense, sino de la nuestra, la mexicana, como dije, es imposible no verla reflejada también.

Disponible en Amazon Prime Video.

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Dirección: Jason Woliner
Guión: Sacha Baron Cohen, Anthony Hines, Dan Swimer, Peter Baynham, Erica Rivinoja, Dan Mazer, Jena Friedman, Lee Kern
Elenco: Sacha Baron Cohen, Maria Makalova y Dani Popescu.

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