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3 de febrero de 2023

La cineasta mexicana Natalia Beristáin regresa con su tercer largometraje, después de trabajar algunos años en televisión, ahora incursionando en lo que podríamos denominar como cine de denuncia social. “Ruido” sigue a Julia (Julieta Egurrola), una madre que lleva meses buscando a su hija Gertrudis, quien fue desaparecida estando en un viaje con amigos. Después de la falta de respuestas por parte de las autoridades, será apoyada por la periodista Abril Escobedo (Teresa Ruiz) para localizar a su hija.

Es así como Julia emprende una odisea que cruzará por varias situaciones y panoramas relacionados con los problemas de violencia e inseguridad en el país, ya sea a través de la insuficiencia de las autoridades, las desapariciones forzadas, las madres rastreadoras, incluso encontrando una manifestación de mujeres. Todos estos escenarios resultan familiares para el cine mexicano y latinoamericano, mencionando algunos títulos donde los hemos visto: las travesías dolorosas y desesperanzadoras de madres en Sin Señas Particulares (2020), La Civil (2021), y Las tres muertes de Marisela Escobedo (2020); los problemas de desapariciones forzadas que relatan documentales como La Libertad del Diablo (2017) y El Guardián de la Memoria (2019); la agrupación de madres buscando los restos de sus hijas en Te nombre en el silencio (2022); y la representación de las marchas y protestas de mujeres en Que Sea Ley (2019) y Si pudiera desear algo (2021). Posiblemente el lector podrá enumerar aún más ejemplos, sin embargo, el listado anterior sirve meramente para señalar el antecedente que existe de estos temas en el cine, que retratan la conflictiva realidad nacional, siendo películas que incluso llegan a coincidir unas con otras por su cercanía de tiempo, lugar, y contexto.

Es aquí cuando Ruido se siente como una propuesta reiterativa, no por poner el dedo una vez más en el renglón, si no por hacerlo de una manera que se siente un tanto desafortunada. Empezando por un guion inconexo y profundamente melodramático. En teoría la búsqueda de Julia por su hija pretende tener cierto grado de realidad y rigor, pero la transición entre escenarios y situaciones carece de verosimilitud. Más que sentirse como un hallazgo en el camino de la protagonista, tiene un grado de arbitrariedad cómo se van presentando las situaciones, evidenciando la mano de los escritores de la ruta que querían recorrer. Eso vuelve al argumento muy directo y con poca sutileza, es visible a dónde nos quieren llevar y la emoción que quieren sacar del espectador.

Claro que se trata con temas de peso y que deben ser confrontados con empatía por la audiencia, sin embargo, estos mismos temas son tocados con poco ingenio y ya sabiéndose “relevantes”, el argumento no busca una exploración dramática interesante, sino una mera exposición de sus temas. Y aquí entra la parte más bien melodramática. El guion trata sin matices a su protagonista, es muy marcado los puntos donde ella debe de mostrarse indignada, desesperada, o melancólica, básicamente esa es toda su gama. Aquí el subtexto es inexistente, Julia deja en claro en la mayoría de las escenas su sentir, ya sea hablando información, teniendo arranques emocionales, y reaccionando a situaciones graves. El personaje es trabajado de una manera tan superficial que impide a la actriz, Julieta Egurrola, darle complejidad o matices a su personaje. El melodrama por excelencia es un género para dar pie a la emoción exacerbada de un personaje, y yo pongo en duda si este recurso era el mejor para confrontar la oscuridad de los temas.

¿El espectador queda conmovido o impactado por lo que se muestra? Sí, pero no por el trabajo del guion, sino por la naturaleza misma de los acontecimientos. El espectador sentirá pena por la desaparición de la hija de Julia, se aterrorizará por algo que le ocurre a la protagonista y a la periodista Abril en un camión que abordan, y ciertamente la secuencia final, que es una marcha de mujeres, es abrumadora. Pero nuevamente aquí el mérito es la exploración de situaciones que son sórdidas por sí mismas, no el ingenio del argumento ni su desarrollo.

Esto me lleva a hablar de la última secuencia de la película. Sin entrar en mayor detalle para no estropear la trama para quien aún no la vea. Pero claramente este es el momento al que quería llegar la cineasta, a la manifestación, es la que le da el título a la película. Y hablando de sus virtudes es una secuencia con escala, envolvente, y de emoción contagiosa por decirlo de alguna manera. Sin embargo, llegamos a ella de manera fortuita, dígase que Julia está allí por “coincidencia”, y es esa misma coincidencia la que hace sentir arbitrario todo lo que ocurre después, incluyendo la imagen final de la película que debería dejarnos desasosegados. Esto no es sorpresa, siendo que el resto de la historia tampoco fue tratado con rigor.

Natalia Beristáin había tenido una carrera interesantísima con dramas personales como No quiero dormir sola (2012) y Los adioses (2018), que recrea pasajes de la vida de Rosario Castellanos y la que tal vez es su mejor película, que se caracterizaban por su sensibilidad al ámbito femenino y por un lenguaje virtuosamente poético. Lamentablemente yo no veo en Ruido ninguna de esas dos características. La exploración del mundo interno del personaje es reemplazada por una historia obvia y directa que no da pie a las ambigüedades, Julia es meramente una víctima de sus circunstancias. Y el lenguaje poético está, pero agregado de una manera improvisada que no va de acuerdo a la puesta en escena que se maneja en la mayoría de la película. Aquí los recursos cinematográficos se ven relegados a escenas de gente hablando, a veces para dar mayor dinamismo a la escena se agrega uno que otro movimiento de cámara, o el recurso menos afortunado, planos detalle desenfocados. En las escenas que se quiere mostrar una desesperación interna del personaje, hay insertos de Julia gritando en el desierto, o se hace un acercamiento a su oreja, por ejemplo. Similar a todo el guion, este recurso se siente desfasado y facilón.

Personalmente el nuevo trabajo de Beristáin me resulta poco inspirado y urgentemente relevante. Recomiendo mucho más los filmes arriba enumerados para hablar de la situación problemática del país. Espero de todo corazón, que el siguiente filme de la cineasta se sienta con mayor autenticidad, como se sintieron sus primeros dos trabajos.

Dirección: Natalia Beristáin

Guion: Natalia Beristáin, Diego Enrique Osorno, Alo Valenzuela

Actúan: Julieta Egurrola, Teresa Ruiz, Erick Israel Consuelo, Arturo Beristáin, Mariana Giménez, Adrian Vazquez

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